Caminando por mi país
Escrito por Ignacio L. González O.   
Jueves, 04 de Marzo de 2010 07:57

altDe verdad que a veces me resultan increíbles los distintos matices que se observan a diario, en el recorrido que uno hace por las calles del país. Ver en cada rincón de esta patria, que hay venezolanos en estado de necesidad es realmente vergonzoso. ¡Y cómo no tener este sentimiento! cuando uno ve en las principales calles de muchas ciudades compatriotas que bajo un sol inclemente esperan en un semáforo la limosna de muchos otros que desde sus grandes autos extienden su mano para regalarles algunas monedas con las que sólo lograrán engañar al hambre y a la desesperación.

Ver igualmente cómo desde temprana edad nuestros adolescentes se hacen de un arma como si en ella vieran los libros y las lecciones de vida que les permitirán construir un futuro que tristemente no llegará, por cuanto para nadie es un secreto el hecho de que ese destino delincuencial acorta, sin duda alguna, los años de vida.

El camino del vicio y del delito han pasado a ser el destino de muchas otras personas que, cansados de esperar por una oportunidad que nunca les llegó, hoy viven deambulando por nuestras calles con un montón de latas, chatarras y trastes viejos, acompañados de la miseria y del rechazo colectivo que sufren, todo esto sin que alguna institución ni nadie haga algo, por quienes sólo gozan de algún tipo de tranquilidad, bajo la soledad, y la penumbra que les da algún hueco o algún puente en la noche.

La deficiencia de muchos servicios básicos, que son esenciales en el desarrollo de un país, han ido de la mano con el deterioro de los niveles de vida del ciudadano común, que siente hoy cómo sus sueños e ilusiones les han sido robados por una clase política que se ha beneficiado en detrimento de los sectores menos favorecidos de nuestra nación.

La corrupción, la ineficacia gubernamental, la pérdida de los valores ciudadanos, la violencia doméstica, el maltrato infantil, son algunos otros de los innumerables problemas que nos aquejan y que nos hacen ser clasificados en el concierto internacional como “una nación en vías de desarrollo” y que en pleno siglo XXI continua arrastrando los males y vicios de épocas que se creían ya superados.

Por otra parte, observo cómo nuestras ciudades han crecido de una manera vertiginosa en cuanto a sus edificaciones, centros comerciales y algunas cuantas otras estructuras más, pero sólo han pasado a ser “selvas de concreto”, donde el interés superior, el egocentrismo, la vanidad, la codicia, y muchos otros pecados capitales han convertido al hombre de hoy, en un ser vivo despiadado, destructor de su propio entorno y del hábitat que lo rodea.

Todo lo anteriormente escrito no es un simple cuento, o mejor dicho un mal cuento, tampoco es el escenario ficticio de alguna película norteamericana o latinoamericana, es la realidad de nuestra nación, de mi país, de esa nación que forjó su Independencia a costa de la sangre de inocentes y de nuestros patriotas, que dejaron en la tierra que hoy día pisamos su dolor, su esfuerzo y su capacidad de entrega para liberarnos de los imperios extranjeros que nos dominaban para la época de la colonia; sin embargo, como se nos ha olvidado ser dignos herederos de ese pasado glorioso que nos pertenece, hoy continuo caminando por mi país. Hoy deseo ver algún día un paisaje mejor.


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