Luz en el túnel
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 30 de Mayo de 2022 00:00

altNo ha habido ni habrá democracia perfecta. Sus valores son aproximaciones, acercamientos a un ideal.

Ya lo decían Platón y Aristóteles desde los tiempos de la antigua Atenas. Más contemporáneamente, ni siquiera en los Estados Unidos de América, desde que en 1787 aprueban su primera  y única constitución, existe una  democracia merecedora de tomarla como excelsa referencia o ejemplo, al menos  para occidente.

Para nosotros, omitiendo  ex profeso el trienio de 1945-1948,  el cual no estuvo exento improvisaciones y errores (algo medianamente aceptado  dada su novedad), la experiencia democrática vivida desde 1959 hasta 1999  ha sido – aun con sus fallas y omisiones – positiva, beneficiosa y con muy considerables logros. Además, el haber inculcado en las grandes mayorías su necesario e irrenunciable ejercicio  y la imposibilidad de  desterrarla de manera definitiva, a pesar de las pretensiones de algunos  oráculos de la “revolución” y de los obtusos  oficiantes del marxismo-fidelismo, han resultado  unos de sus más relevantes triunfos.

Los pueblos se equivocan. De eso no hay duda.  Lo sucedido en las elecciones de 1998  tuvo un lógico desenlace como consecuencia del descrédito a que fue sometido el sistema por unas élites y personalidades que nunca le fueron leales, por el militarismo insepulto y los fracasados radicales de siempre. Los venezolanos, en su mayoría, compraron equivocadamente el discurso del populismo y la demagogia, sus sempiternos enemigos.

Ya se ha dicho que la democracia por su propia naturaleza es un sistema frágil, sujeto a exigente tensión, por lo que debe ser permanentemente observado, cuidado y atendido  para evitar sus desviaciones,  quiebres o rupturas.

Considerando la situación actual, entendemos que hay momentos de desaliento, de tirar la toalla e incluso de ver esta como algo insuperable y absoluto. Nada más errado. Como comúnmente se dice, pocas cosas van sobre rieles en esta vida, y mucho menos cuando se trata de un asunto tan complejo como es el imperioso retorno al régimen de libertades.  

En un reciente estudio realizado para toda Latinoamérica (C.E.I., Chile, 2021) acerca de la opinión que tienen sus habitantes con relación a la democracia, más del 50% opinaron que no les importaba la forma de gobierno con tal les resolviera sus problemas. Entendible, más no justificable. Y es que tenemos que convencernos que la democracia va de la mano con el desarrollo en todos los aspectos. No es concebible aspirar  un progreso económico sin tener  seguridad jurídica y la libertad imprescindible que solo esta procura y permite. Mucho menos el desarrollo social, que solo es posible bajo el auspicio y la implantación de una sólida cultura democrática.

El asunto no es tan sencillo ni simple. El retorno a la democracia requiere de mucho esfuerzo, convencimiento y tesón. Se trata de no desmayar. De dejar a un lado el abatimiento y la rendición. A fin de cuentas, eso es lo que quiere el actual régimen. Entonces, hagámonos un gran favor: Dejemos de mirar  sombras por doquier y alguno que otro espacio oscuro, y veamos con indeclinable esperanza hacia adelante. Sí, allá donde habrá siempre una luz en el túnel. Como lo ha dicho nuestro Laureano Márquez en sus  espectaculares presentaciones, las futuras generaciones podrán ver  sus frutos y   de seguro lo agradecerán.  

NOTA: Al momento de escribir este artículo ignoramos los resultados en Colombia. A todo evento y en el peor de los casos, apostamos a la  realización de  una segunda vuelta.

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|*|: Especial para www. opinionynoticias.com


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