| La Victoria |
| Escrito por Francisco Gámez Arcaya |
| Miércoles, 08 de Febrero de 2012 03:25 |
Sábado, 12 de febrero de 1814. Son las cinco de la mañana. Como todos los días, salvo el domingo, mi madre me ha despertado temprano para ir al liceo general
de mi pueblo. El jueves, el General José Félix Ribas llegó con un puñado de soldados y estudiantes de la Universidad de Caracas y del Seminario de Santa Rosa de Lima, para protegernos de la inevitable invasión de José Tomás Boves, Francisco Tomás Morales y sus pandillas de asesinos. En mi casa el ambiente está tenso, y es que las cosas no lucen bien. Ayer, el General Ribas se mostraba preocupado por el escaso número de su ejército y por su inexperiencia. Los refuerzos no han llegado. Antes de salir al liceo, mi madre me pide que pase por la iglesia. Mi mayor sorpresa fue encontrarme ahí con muchos de mis compañeros de clases. El párroco le ha pedido al pueblo rezar con especial fervor por los niños pequeños y las madres que viven aquí, en La Victoria. Eso hacemos. La iglesia servirá de refugio...Son las seis y cuarto de la mañana y muchos seguimos en la iglesia cuando se oyen fuertes golpes en la puerta lateral. El párroco baja del altar con paso acelerado y expresión tensa. Se oyen las voces angustiosas del General Ribas y los ruidos de sus botas se hacen más intensos hasta llegar a nosotros. El General nos informa que el ejército de Boves es seis veces mayor al patriota. Tenemos miedo, sí, pero un miedo que no contradice la valentía, porque es un miedo que no nos paraliza. No estamos acostumbrados al combate, en realidad, no estamos acostumbrados a nada. Tenemos entre quince y veintiún años de edad. Yo tengo dieciséis. De inmediato cambiamos la ropa escolar por uniformes militares usados, desteñidos y manchados de sangre ajena. Salimos a la plaza y nos entregan un fusil y un machete a cada uno... Ya son las siete de la mañana. En la Plaza Mayor estamos todos, mis compañeros de clase, mis amigos de siempre, los seminaristas que llegaron de Caracas y otros jóvenes que no reconozco. El General Ribas nos dice unas palabras que, de sobrevivir, estoy seguro no olvidaré jamás: "Soldados: Lo que tanto hemos deseado va a realizarse hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. En esta jornada que va a ser memorable, no podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!"... Al oír los caballos realistas acercarse, salí al combate en la segunda línea de fuego, detrás de los soldados más experimentados, que eran acaso cuatro años mayores que yo. A mi lado, un seminarista de mi edad besa y guarda un rosario en su bolsillo y empuña un machete oxidado. Estamos en total desventaja y estoy seguro que este sacrificio que hago de mi vida no será recordado por nadie, nadie sabrá nunca mi nombre, pero ayudaré a sellar los destinos de mi naciente país... Son las siete y media de la noche. Las calles de mi pueblo están llenas de sangre. Mi vecino y compañero de pupitre ha muerto, junto con varios de mis amigos de infancia. Muchas madres lloran a sus hijos, la mía llora mientras me abraza. Sin embargo, Boves ha huido, hemos triunfado. Domingo, 12 de febrero de 2012. La historia está por escribirse. Como la batalla de La Victoria, ésta del domingo próximo no será la batalla final, pero para llegar a Carabobo hubo de transitarse muchas Victorias previas. Tal vez un voto luzca insignificante para la magnitud del inmenso reto, pero es la patria la que está en juego. Garanticemos el triunfo con nuestra participación y hagamos honor a la juventud anónima y libertadora de 1814... @GamezArcaya |
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