| Venezuela 2013 |
| Escrito por Freddy Lepage ((ex diputado)) |
| Viernes, 25 de Noviembre de 2011 14:45 |
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P or primera vez en estos largos años de gobierno hay una posibilidad real de derrotar a Chávez, siempre y cuando, claro está, se hagan las cosas bien y, por encima de todo, se mantenga la tan anhelada y cacareada unidad de todos los sectores de oposición. La unidad de propósitos parece garantizada, sin embargo, aún hay que seguir construyendo la que podríamos llamar la unidad de acción, que pasa por definir, en consulta, las estrategias para conducir las primarias y para afrontar con éxito la campaña electoral de 2012.
Para ello, es menester que se cumplan algunos supuestos que lucen determinantes. Primero que nada, aunque parezca una verdad de Perogrullo, hay que darle la preeminencia necesaria a la política, apartar los voluntarismos y las actuaciones viscerales (más no pensadas) de muchas individualidades y grupos opuestos al régimen que suelen embestir los trapos rojos que les pone, intencionalmente, el oficialismo, a los efectos de profundizar la polarización de la sociedad. Dicho sea de paso, ésta ha sido la mejor arma que ha utilizado Chávez para nuclear y vacunar a sus seguidores contra los llamados de la oposición y contra la desesperanza y la decepción.
Cada vez que hay un proceso electoral el teniente coronel radicaliza su discurso y, con frecuencia, se hace la víctima de sus oponentes que no solamente lo querrían eliminar a él, sino también a sus seguidores, incluidos, por supuesto, la cúpula militar, líderes del PSUV y, con mayor razón, entonces, el pueblo chavista, beneficiario, de alguna manera, de las dádivas y beneficios que se derivan del amor, la sensibilidad y generosidad del líder "único" de la revolución bolivariana.
Esa conseja, repetida hasta el cansancio, le ha dado réditos electorales, porque muchos partidarios descontentos vuelven a cerrar filas alrededor del caudillo. Las razones y motivaciones para ello son múltiples, variadas y siempre están sujetas a la conexión sentimental que Chávez maneja a su antojo.
Pero también hay que reconocer que cuando los opositores radicales, justamente por ese fundamentalismo intransigente y ciego muy parecido al de los chavistas, por aquello de que los extremos se tocan, toman las riendas del camino a seguir, los resultados han sido catastróficos, Chávez se ha salido con las suyas, ha sido el gran beneficiario.
Por eso, creo firmemente que debe privar la frialdad a la hora de tomar decisiones políticas, hacer a un lado posturas inmediatistas, emotivas, muchas veces desesperadas, dictadas más por los deseos (comprensibles) de lograr un cambio positivo para el país. De esa cabuya tenemos un rollo marcado de fracasos y frustraciones que a nada conducen, sino a repetir el ciclo de la desesperanza y la desmovilización.
En esta oportunidad, en los sectores contrarios al Gobierno reina un positivo ambiente de optimismo que, como dije al principio de esta columna, se puede convertir en el envión necesario para triunfar en octubre de 2012. Así, pues, no lo echemos a perder. Los extremistas triunfan cuando se tiene la fuerza para mover las piezas; de lo contrario, se convierten en estorbos.
De eso tienen suficiente experiencia muchos de los que gobiernan actualmente que abrazaron la subversión en los años sesenta. Han logrado más por la vía de los votos que por la de las armas que tomaron en ese entonces. Historias hay muchas, desaciertos hay más.
No es la hora de las posiciones extremas, es la hora de la confrontación, la hora de ganar votos... Por primera vez en estos largos años de gobierno hay una posibilidad real de derrotar a Chávez, siempre y cuando, claro está, se hagan las cosas bien
y, por encima de todo, se mantenga la tan anhelada y cacareada unidad de todos los sectores de oposición. La unidad de propósitos parece garantizada, sin embargo, aún hay que seguir construyendo la que podríamos llamar la unidad de acción, que pasa por definir, en consulta, las estrategias para conducir las primarias y para afrontar con éxito la campaña electoral de 2012. Para ello, es menester que se cumplan algunos supuestos que lucen determinantes. Primero que nada, aunque parezca una verdad de Perogrullo, hay que darle la preeminencia necesaria a la política, apartar los voluntarismos y las actuaciones viscerales (más no pensadas) de muchas individualidades y grupos opuestos al régimen que suelen embestir los trapos rojos que les pone, intencionalmente, el oficialismo, a los efectos de profundizar la polarización de la sociedad. Dicho sea de paso, ésta ha sido la mejor arma que ha utilizado Chávez para nuclear y vacunar a sus seguidores contra los llamados de la oposición y contra la desesperanza y la decepción. Cada vez que hay un proceso electoral el teniente coronel radicaliza su discurso y, con frecuencia, se hace la víctima de sus oponentes que no solamente lo querrían eliminar a él, sino también a sus seguidores, incluidos, por supuesto, la cúpula militar, líderes del PSUV y, con mayor razón, entonces, el pueblo chavista, beneficiario, de alguna manera, de las dádivas y beneficios que se derivan del amor, la sensibilidad y generosidad del líder "único" de la revolución bolivariana. Esa conseja, repetida hasta el cansancio, le ha dado réditos electorales, porque muchos partidarios descontentos vuelven a cerrar filas alrededor del caudillo. Las razones y motivaciones para ello son múltiples, variadas y siempre están sujetas a la conexión sentimental que Chávez maneja a su antojo. Pero también hay que reconocer que cuando los opositores radicales, justamente por ese fundamentalismo intransigente y ciego muy parecido al de los chavistas, por aquello de que los extremos se tocan, toman las riendas del camino a seguir, los resultados han sido catastróficos, Chávez se ha salido con las suyas, ha sido el gran beneficiario. Por eso, creo firmemente que debe privar la frialdad a la hora de tomar decisiones políticas, hacer a un lado posturas inmediatistas, emotivas, muchas veces desesperadas, dictadas más por los deseos (comprensibles) de lograr un cambio positivo para el país. De esa cabuya tenemos un rollo marcado de fracasos y frustraciones que a nada conducen, sino a repetir el ciclo de la desesperanza y la desmovilización. En esta oportunidad, en los sectores contrarios al Gobierno reina un positivo ambiente de optimismo que, como dije al principio de esta columna, se puede convertir en el envión necesario para triunfar en octubre de 2012. Así, pues, no lo echemos a perder. Los extremistas triunfan cuando se tiene la fuerza para mover las piezas; de lo contrario, se convierten en estorbos. De eso tienen suficiente experiencia muchos de los que gobiernan actualmente que abrazaron la subversión en los años sesenta. Han logrado más por la vía de los votos que por la de las armas que tomaron en ese entonces. Historias hay muchas, desaciertos hay más. No es la hora de las posiciones extremas, es la hora de la confrontación, la hora de ganar votos... EN/OyN |
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