| Rómulo Gallegos, entre los archivos de El Tocuyo y la política venezolana |
| Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua |
| Sábado, 29 de Agosto de 2026 00:00 |
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En aquella ciudad de calles polvorientas y casonas silenciosas llegó Rómulo Gallegos, entonces reconocido principalmente como escritor y educador. No venía a buscar votos ni cargos públicos. Venía detrás de historias. Una visita entre archivos Gallegos recorrió Carora, Siquisique, Duaca, Quíbor y El Tocuyo acompañado por Roberto Montesinos y Alcides Lozada. Durante varios días examinó los archivos de la iglesia de La Concepción, en busca de materiales para una edición extraordinaria de su revista Actualidades, dedicada al estado Lara. Aquella visita revela una faceta menos conocida del hombre que años después ocuparía la Presidencia de la República: el escritor que entendía que la memoria de un país también estaba en sus pueblos, en sus documentos y en las voces que sobrevivían al paso del tiempo. Gallegos todavía no había escrito Doña Bárbara, publicada en 1929, la novela que habría de proyectarlo internacionalmente y que convirtió al llano venezolano en escenario de una poderosa confrontación entre civilización, barbarie, naturaleza y voluntad humana. Su prestigio literario terminaría llevándolo a la política: fue designado senador por Apure, pero rechazó el cargo desde el extranjero y comunicó su decisión al general Juan Vicente Gómez. Permanecer en Venezuela para presentar aquella renuncia podía significar, en la Venezuela gomecista, enfrentarse a la prisión y a La Rotunda. El regreso a la política Gallegos volvió al país en 1936, después de la muerte de Gómez. Fue diputado por el Distrito Federal y, en ese mismo año, ministro de Educación durante el gobierno de Eleazar López Contreras. Los avatares políticos lo devolverían al Parlamento. En 1941, junto con otros dirigentes, participó en la fundación de Acción Democrática, organización cuya legalización se produjo en septiembre de ese año. Gallegos asumió su presidencia. En 1944 fue electo concejal por la parroquia Santa Rosalía y posteriormente presidió el Concejo Municipal de Caracas. Su relación con Lara tampoco terminó con aquella primera visita cultural. El «Maestro de la Juventud» En 1943, Barquisimeto fue escenario de la Convención Nacional de la Asociación de la Juventud Venezolana. En el Cine Bolívar, los delegados lo proclamaron «Maestro de la Juventud». Entre quienes participaron estuvieron Miguel Romero, Carlos Figgoni, Manuel Antonio Pérez Díaz, Manuel Felipe López, Ramón Escovar Salom, Dory Parra, Rosita Tedesko y María Luisa Dáger. El discurso inaugural correspondió a un joven Jaime Lusinchi.
En 1945, durante los actos conmemorativos de los 400 años de la fundación de El Tocuyo, Gallegos regresó como jefe de una delegación cultural. Esta vez no era únicamente el escritor que buscaba documentos: era ya una personalidad pública cuya presencia vinculaba cultura y política. El 24 de octubre de 1947, en plena campaña electoral, participó en la inauguración de las primeras viviendas de Barrio Nuevo. Dos meses después, el 27 de diciembre, fue elegido presidente de Venezuela mediante voto directo y secreto. El presidente que volvió Su gobierno duró apenas nueve meses. El golpe militar del 24 de noviembre de 1948 lo sacó del poder y abrió el camino a una nueva etapa dictatorial que se prolongaría durante una década. Después del 23 de enero de 1958, Gallegos volvió a encontrarse con Lara. Fue recibido como huésped de honor para presenciar en el Teatro Juares una representación de Doña Bárbara. A finales de 1964, el gobierno regional quiso honrarlo dando su nombre a una vía urbana. Gallegos asistió a la inauguración, pero se marchó molesto: consideraba que no correspondía sustituir el nombre del maestro Simón Rodríguez y, con ironía, recordó que él todavía estaba vivo. Cuando murió, el 5 de abril de 1969, llevaba sobre sus hombros una trayectoria excepcional: escritor, educador, ministro, diputado, concejal, diplomático y presidente de Venezuela. Pero quizá aquella fotografía tomada en El Tocuyo conserve algo más íntimo. Allí aparece Gallegos entre hombres de la cultura y la vida pública, durante los cuatrocientos años de la ciudad. En 1922 había llegado buscando historias en los archivos. Años después, él mismo se había convertido en uno de esos personajes que los archivos conservan para que otras generaciones vuelvan a buscarlos.
Fuente: Fulgencio Orellana. EL IMPULSO, jueves 4 de enero de 1985 Fotoleyenda:
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