Del asalto al Congreso, 1848: una representación social perdurable (breve ejercicio histórico)
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 20 de Marzo de 2023 00:00

altEn una exposición virtual de fecha 21/01/23, Tomás Straka llamó la atención sobre la Venezuela comprendida entre 1830 y 1858,

“de lejos” (SIC) más institucional y pacífica que el resto de la América Latina cundida de los más variados conflictos y guerras.  El nuestro era un país de difícil integración geográfica (zonas de paludismo, ríos desbordados, montañas intransitables, etc.), económica (con qué competir, según el modelo agro-exportador), y política (cuál proyecto en el que todos cupieran). Un período histórico que supo de un hecho de extraordinario impacto, como fue el llamado asalto al Congreso, en 1848,  ofrecido como una excepción en un marco de estabilidad institucional y paz de compararlo con la realidad del continente. Y ha perdurado la versión sanguinaria de un parlamento violentado hasta que ya - simple y lisamente - nadie recuerda el hecho, en el presente. Luego de exponer los sucesos, siguiendo un texto de divulgación de  [NAZOA, 2017], haremos algunas consideraciones sobre la versión que perduró en el imaginario popular, empleados medios televisivos y radiales a través de una muy sucinta muestra.  

 

1.- Los hechos

El proceso electoral de 1846 fue demasiado turbulento, instalándose el Congreso de mayoría conservadora, en enero de 1847, que ratifica el triunfo presidencial del general José Tadeo Monagas, quien pudo dominar la insurrección campesina encabezada por Ezequiel Zamora. El nuevo presidente de la República experimentó un viraje respecto a los intereses que le impulsaron, conmutando las penas de muerte recaídas sobre Zamora y Antonio Leocadio Guzmán, entre otras iniciativas que dieron origen a una solicitud de inhabilitación por ante la cámara de Representantes para ser enjuiciado por la Corte Suprema en manos de sus adversarios, esperándose que en enero de 1848 se materializara el reemplazo a favor del general José Antonio Páez.

La bancada goda, como se le conoce, celebra reuniones confidenciales destinadas a planificar la convocatoria y celebración de las sesiones parlamentarias para la destitución de Monagas (impeachment), incluyendo la posibilidad de trasladarlas a Puerto Cabello. No hubo quorum el día 23 de enero de 1848 y, al alcanzarlo, se aprueba el traslado en la cámara baja, debiendo ir al Senado para su tramitación, tardando tanto que se reúnen los representantes en la sede caraqueña del convento de San Francisco, disponiendo de 200 hombres armados a las puertas, por lo que el gobierno ordena la movilización de las milicias a sus alrededores.  Después de protestar el Ejecutivo por el exceso de hombres armados,  se redujo la guardia al anochecer y, al día siguiente, con una multitud de personas a sus puertas, a las dos de la tarde se abre la sesión para escuchar el mensaje anual bajo la responsabilidad del ministro del Interior, Tomás Sanabria, quien finalizó y trató de dirigirse a la cámara alta para repetir el mensaje, pero fue impedido para que rindiera cuenta de otros asuntos, llegando el rumor a la muchedumbre.

Elementos armados partidarios del gobierno, intentaban derribar las puertas y tres milicianos cayeron muertos, por lo que irrumpieron en las instalaciones parlamentarias violentamente, aunque otros autores niegan la especie, anarquizada la situación con un saldo de ocho muertos, cuatro de ellos diputados, añadido Santo Michelena a los pocos días fallecido en la legación británica.  Aumentan el número de muertos y mal heridos, cuando los diputados deciden salir para calmar la situación, profundizándose la reyerta.

Al día siguiente, Monagas intenta pacificar las relaciones con el Congreso, diligenciando una nueva sesión, aunque un conservador se niega con palabras que se hicieron históricas: "Decidle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán (al Congreso), pero que Fermín Toro no se prostituye".  La mayoría accede y se regularizarán las sesiones, cumpliendo el Congreso con su período constitucional. 

 

2.- Lo creído

Solemos recordar los hechos en cuestión, gracias al aula escolar y de secundaria que, por lejana que fuese, nos remite a una acción violenta contra el parlamento con un saldo lamentable de muertos y malheridos en un país no menos violento;  internalizada la versión, parte del conocimiento de sentido común, aunque cada vez más inexacto,  mediado por símbolos determinados de integración social: “… El concepto de RS (representación social) alude tanto a procesos cognitivos como a procesos simbólicos de cómo un sujeto, en interacción con otros sujetos y por la interiorización de producciones socioculturales, conoce la realidad y cómo este conocimiento se convierte en productos que circulan, conoce la realidad y cómo este conocimiento se convierte en productos que circulan y permiten interpretar, pensar la realidad y actuar sobre ella”; además, “por diferentes canales de comunicación se trasmite conocimiento previamente establecido y perteneciente al acervo sociocultural e histórico”, remitiendo a un sistema de valores, normativo e integrador [CASADO G., 2001: 69, 71]. Amén  de representarnos escolarmente el siglo XIX como expresión de todos los desmanes, al llegar la noticia de un atentado contra la institución parlamentaria, únicamente nos circunscribimos a lo acaecido el 24 de enero de1848 (24-E) y a la culpabilidad de José Tadeo Monagas que, por una parte, unos la niegan [NAZOA, 2017], aunque ya hay consenso en relacion a la pérdida de la autonomía parlamentaria por varios años a raíz del 24-E [ARRÁIZ LUCCA, 2007: 47]; y, por otra, olvidamos que hubo acontecimientos semejantes, como en los tiempos de Raimundo Andueza Palacio [OLIVAR, 2016], No obstante, superada la etapa escolar, tendemos socialmente a representarnos tan impactantes eventos mediante los aportes bibliográficos o historiográficos, la prensa convencional o digital, la radio o televisión.

Indudable, la aparición y éxito editorial de “Guzmán: elipse de una ambición de poder”, suscrito por Ramón Díaz Sánchez, en 1949, reforzó la vieja tesis de la responsabilidad de Monagas respecto al  24-E, aunque observemos la perspectiva de Gíl Fortuol que apeló al delito colectivo y a la psicología de las turbas: “Cualquiera sea el criterio con que se juzgue el conflicto de 1848 entre el poder ejecutivo y el legislativo, resulta siempre que en él tomaron raíz ciertos vicios políticos que iban a retardar el progreso nacional. Por largos años, bajo los gobiernos de Monagas, la independencia del parlamento fué (SIC) imposible, las agrupaciones opositoras perdieron toda confianza en las propagandas pacíficas, y ambas cosas determinaron, en parte principal, el sistema de gobierno personalista y el sistema de oposición revolucionaria” [GÍL FORTUOL, 1956: 380]. Empero, hacia 1958, apareció “La historia de una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán?”, de Héctor Mujica, asegurando que “Monagas – en aminoramiento de sus pecados – no es el responsable de los sucesos del 24 de enero”, pues, “toda la culpa de lo acaecido la tienen los políticos conservadores [que] no midieron las consecuencias de su provocación no sólo al Presidente y al Ejecutivo, sino al pueblo, que venía de sufrir la más violenta represión por parte de un Gobierno conservador”, declarada la fecha en 1849, Día de Fiesta Nacional para recordar “la jornada en que el propio pueblo aniquilaba al conservatismo legislador” [MUJICA, 1958: 109,111].

Podrá argüirse que la polémica no trascendió de los círculos intelectuales, aunque hubo atención de la prensa convencional, e, incluso, digital de años relativamente recientes al caso, perturbando la representación social que tenemos del 24-E, permitiéndonos “enfrentar lo desconocido” para integrar “lo novedoso y extraño a lo que es conocido y familiar” [CASADO G., 2001: 95]. Referido por [NAZOA, 2017], la tendencia aparentemente dominante es la de señalar la responsabilidad de Monagas en un asalto sangriento de la corporación legislativa, pero – sobretodo, en los períodos políticamente más críticos de nuestra contemporaneidad – utilizar la fecha para equiparar el lamentable acontecimiento con las agresiones de Rómulo Betancourt al  Congreso [SANOJA HERNÁNDEZ, 2001].

La noción de representación  social, es distinta a la opinión, los estereotipos o las creencias que también logra estructurar  [CASADO G., 2001: 73], y, acaso, por su alcance, más importante que la edición del libro ya citado de Díaz Sánchez, fueron sus charlas televisivas, como la del 24 de enero de 1961, aunque la industria probablemente no era tan poderosa y extendida como lo fue después, reiterando su conocido enfoque [DÍAZ SÁNCHEZ, 1989:  243-252].  En la radio, la versión se mantienen pie [MONASTERIOS, 1999], y, ya en el curso del presente siglo, está complemente olvidado el 24-E, incluyendo a la Asamblea Nacional en la que, en años recientes, a pesar de la violencia ejercida por el régimen, hicimos un esfuerzo infructuoso porque le dedicara una sesión especial al Día del Parlamentario, acordado así en los noventa del veinte por el Congreso, 

 

3.- Conclusiones

Larga e imperturbable fue la representación social de los eventos ocurridos el 24-E, aunque ya ni siquiera los más variados medios de comunicación los aluden, a pesar de los reiterados hechos de violencia que ha sufrido la oposición en la Asamblea Nacional a lo largo del presente siglo. Extremadamente remoto, a lo sumo, es una curiosidad que ha dado paso a otros estigmas.

Posiblemente, el rechazo al parlamento que fuertemente se evidenció en las postrimerías de la centuria anterior y en el curso de la presente, tiene por origen el desprecio anidado en 1848. Queda intacto un prejuicio que, por siempre,  beneficiará al titular del Ejecutivo, algo suficientemente comprobado.


Referencias

ARRÁIZ LUCCA, Rafael (2007) ”Venezuela: 1830 a nuestros días. Breve historia política”. Editorial Alfa. Caracas, 2013.

CASADO G., Elsa (2001) “La teoría de las representaciones sociales”, en: CASADO, Elisa – CALONGE, Sary (2001) “Conocimiento social y sentido común”. Fondo Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación – Universidad Central de Venezuela, Caracas: 57 – 105.

DÍAZ SÁNCHEZ, Ramón (1989) “La historia y sus historias”: Editorial Panapo, Caracas.

GÍL FORTUOL, José (1956) “Obras completas”. Ministerio de Educación. Caracas, volumen IV.

MONASTERIOS, Rubén (1999) “La Constitución sirve para todo”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2013/01/para-quienes-todavia-no-llega-la-noticia.html

MUJICA, Héctor (1958) “La historia en una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán?”. Ediciones de la Biblioteca – Universidad Central de Venezuela, 1982.

NAZOA, Leonardo (2017) “El ´asesinato´ del Congreso e 1848: Un ataque de pánico entre la oligarquía conservadora”, en:  https://lbarragan.blogspot.com/2017/07/precedentes.html

OLIVAR, José Alberto (2016) “Monagas no fue el único”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2016/10/parece-un-lugar-comun.html.  

SANOJA HERNÁNDEZ, Jesús (2001) “Fechas históricas y fechas antihistóricas”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2014/05/breve-rompecabezas.html

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