| Cuando el Estado se convierte en portador de una verdad única, la pluralidad se vuelve sospechosa |
| Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial |
| Viernes, 07 de Noviembre de 2025 00:00 |
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Su obra, a menudo considerada distante de las corrientes dominantes, ha sido objeto de múltiples interpretaciones que oscilan entre la admiración y la incomprensión. Para algunos, Oakeshott es uno de los grandes pensadores de la teoría política de los últimos siglos. Para muchos otros es aún un desconocido, sobre todo en la discusión de la teoría política latinoamericana. Para Michael Oakeshott, la tradición es fundamental y se entiende como un cuerpo vivo y evolutivo de conocimiento práctico que subyace a toda actividad humana significativa, especialmente la política y la moral. Su visión de la tradición se contrapone directamente al racionalismo constructivista, que él criticaba por su intento de imponer planes abstractos o ideologías universales a la sociedad. El rol de la tradición —es muy importante para el autor—, esta se entiende a través de los siguientes puntos clave:
En resumen, la tradición es el sustrato vital y dinámico de la existencia humana social para Oakeshott, indispensable para la moralidad, la política y la comprensión del mundo, y la única fuente de conocimiento práctico viable para guiar la conducta. Mientras que MacIntyre y Taylor ven la tradición como constitutiva de la identidad individual, Oakeshott la entiende como una práctica interpretativa que también es moldeada por el individuo. Esta diferencia revela una valoración más fuerte en la agenda personal en Oakeshott, quien considera que la contingencia histórica permite a los sujetos ejercer su libertad en la interpretación de las tradiciones. Para Oakeshott, la política no debe buscar consensos racionales ni verdades absolutas, sino mantener una conversación abierta y pacífica entre ciudadanos diversos. Esta visión, aunque menos ambiciosa epistemológicamente, es más realista y menos propensa a efectos perversos derivados de la imposición de una verdad política. La frase de Michael Oakeshott, "Las instituciones más importantes de nuestras sociedades son fruto de actos humanos, pero no del designio humano", expresa una idea clave de su pensamiento, y la respuesta a si se inclina hacia la convivencia o la dominación no es directa, pero se puede entender mejor al analizar el concepto de tradición y práctica en Oakeshott. Su perspectiva se inclina más hacia una evolución natural (en el sentido de no planificada) de las prácticas e interacciones sociales, más que hacia la dominación o la voluntad individual consciente. Oakeshott sostiene que:
La idea expresa que nuestras construcciones sociales más duraderas y efectivas son el resultado de un proceso evolutivo y no planificado de prácticas humanas, que permite la convivencia a través del desarrollo de tradiciones y reglas que la gente aprende a seguir de forma habitual, más que por un plan consciente de dominación o por la voluntad racional de un legislador. Michael Oakeshott decía que "El conocimiento práctico no se puede enseñar ni aprender, sino solo transmitir y adquirir", con esto quiso destacar una diferencia fundamental en cómo se transfieren y se aprehenden dos tipos distintos de saberes. Esta afirmación no significa que este tipo de conocimiento sea místico o inalcanzable, sino que su naturaleza es diferente a la del conocimiento "técnico" o formal, que se puede enseñar de manera explícita (como una receta o un manual de instrucciones). He aquí las claves de lo que quiso decir:
Piensen en aprender a montar en bicicleta o en tocar un instrumento musical. Hay conocimiento técnico (la teoría de la música, el manual de la bicicleta), pero el "conocimiento práctico" real de cómo mantener el equilibrio o cómo expresar musicalidad no se puede enseñar con palabras; el estudiante lo tiene que adquirir a través de la práctica y la transmisión del maestro que le muestra cómo hacerlo, pero que no puede explicar cada micro-ajuste muscular. Oakeshott subraya que el conocimiento práctico es una sabiduría encarnada en la experiencia y la tradición, que se asimila de forma orgánica, no se imparte de forma racionalizada. Por ejemplo, si le preguntas a alguien que nunca ha visto el mar "¿Qué sientes cuando te bañas en el mar?", esto ilustra el problema de intentar describir con palabras el conocimiento práctico o la experiencia vivida.
Esa experiencia no se puede "enseñar" a alguien mediante una descripción verbal. Solo se puede "transmitir" si la otra persona se baña en el mar contigo, y solo la podrá "adquirir" cuando lo experimente por sí misma. Oakeshott diría que la vida social, la moralidad y la política funcionan de la misma manera: son experiencias vividas y prácticas que entendemos a través de la inmersión y la tradición compartida, no a través de manuales de instrucciones ideológicos. Así como nadie aprende a nadar leyendo sobre el agua, tampoco se aprende a vivir en sociedad siguiendo un manual político. Oakeshott nos recuerda que la tradición es ese mar en el que todos estamos ya inmersos, aunque algunos intenten rediseñarlo desde la orilla. Política de la Fe vs. Política del Escepticismo El filósofo británico cristaliza dos polos fundamentales del pensamiento político moderno: la política de la fe y la política del escepticismo. La primera, inspirada en Francis Bacon, cree en la capacidad del gobierno para perfeccionar a la humanidad. La segunda, heredera de Hobbes y Maquiavelo, quienes defienden un Estado limitado que garantice el orden y las libertades sin intervenir en la vida interior de los ciudadanos. Oakeshott no toma partido por ninguno de los polos. En cambio, propone una “moderación” o “apropiación” contextual, que evita los extremos ideológicos. Su objetivo no es ofrecer recetas políticas, sino clarificar el lenguaje político contemporáneo, que considera ambiguo y confuso. En este sentido, su obra es más una guía conceptual que una propuesta normativa. Oakeshott rechaza la idea de que el Estado deba ser el agente del bien común. En su visión escéptica, el gobierno no debe involucrarse “con las almas de los hombres”. Esta postura se opone tanto al totalitarismo como al populismo, y defiende una concepción liberal del Estado como garante de libertades, no como promotor de fines colectivos. La Política de la Fe (El Problema Actual) La política de la fe es la que impulsa la expansión del Estado moderno. Se basa en la creencia racionalista de que los seres humanos se pueden diseñar y perfeccionar para la sociedad, a partir de un plan abstracto o una ideología universal (progreso, igualdad, justicia social, etc.). Lo que podemos aprender sobre la situación actual es:
La Política del Escepticismo (La Solución Propuesta por Oakeshott) La política del escepticismo, por el contrario, surge de la conciencia de las limitaciones humanas y de la imposibilidad de alcanzar la perfección terrenal. No busca imponer un gran propósito, sino gestionar los asuntos de una comunidad que ya funciona según sus propias tradiciones y reglas evolucionadas. Lo que podemos aprender como contrapeso a la dominación estatal:
Conclusión para Hoy En las sociedades actuales, el pensamiento de Oakeshott nos advierte que la expansión del Estado hacia esferas privadas es una manifestación de la peligrosa "política de la fe". La lección clave es que debemos adoptar una postura escéptica ante cualquier proyecto político que prometa la utopía o la perfección social, y defender un modelo de gobierno limitado que respete la complejidad de la tradición y la libertad de los individuos para vivir sus propias vidas.
[1] Profesor de la Universidad de los Andes adscrito al Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la ULA Mérida. |
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