| Atrapados en el mundo |
| Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | X: @perezlopresti |
| Martes, 06 de Septiembre de 2022 00:00 |
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El día primaveral, asomando el fin del invierno es una invitación a caminar, lo que voy a hacer al terminar este texto. De regreso voy a preparar un lomo liso argentino, prietas chilenas y cervezas mexicanas. Será de lo más internacional este domingo. En medio de mis pensamientos y exploraciones gastronómicas trato de darle orden a las ideas. El mundo se antoja particularmente antojadizo, entre guerras por un lado y agitaciones por causas extrañas, como el hecho de que alguien programó mal la hora y en realidad los relojes están marcando sesenta minutos más de lo que deberían. Ojalá todos los problemas fueran así de graves, como el de la hora. Puertos inciertos A la par de tratar de informarme de lo que ocurre en mi entorno, lo vivencial sigue teniendo prioridad. Miramos el mundo a través del ojo personalísimo de cada uno. La realidad es tan caprichosa que se hace imposible tratar de hacer que otros vean lo que percibimos y sobre aquello que tenemos por cierto. Infinidad de amigos me dicen que ya llegaron a Estados Unidos y están trabajando, en un gran esfuerzo por escapar de una realidad social que mientras van pasando los días se hace más difícil de modificar. El tiempo lleva al acostumbramiento y el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier cosa. El lugar donde una vez fui feliz ya es como lo conceptúo en mis recuerdos. Una de las cosas interesantes de la pandemia fue que nos cohesionó como la gran raza humana que somos. Ese estado de perturbación global de más de dos años, con todos los elementos trágicos que conllevó, también fue una especie de raro sosiego civilizatorio. Ya eso se acabó y lo humano con sus aciertos y desventuras reaparece en su máximo esplendor. Consecuencias insólitas Parece irreal sopesar la realidad cuando la vemos en retrospectiva. Lo que grandes masas de personas deciden un día en las urnas electorales puede terminar siendo una catástrofe algunas décadas después. En su momento no somos capaces de darnos cuenta de lo que hacemos porque el ser humano no tiene capacidad de entender la circunstancia en la cual se encuentra inmerso. De las consecuencias que se derivan de la responsabilidad personalísima de elegir no nos podemos salvar, y lo político con sus múltiples representaciones nos va a perseguir hasta el último día de nuestras vidas. El ejercicio de imaginar otros escenarios siempre es contra fáctico. No se puede especular en relación con lo que no fue, cuando lo especulativo es el marco de referencia de lo que es. Especulamos cada vez que pensamos y mucho más cuando expresamos nuestra opinión. Cuando tengo que explicar lo que somos, considero que estamos lejos de lo racional, afines a la repetición sin fundamento, opinadores sin base y argumentativos en el mejor de los términos. Educación gratuita y obligatoria Vengo de una sociedad en donde no solo se garantizó la gratuidad de la educación, sino que incluso se preconizó su obligatoriedad. Eso, planteado en tales términos es supremamente avanzado. Gracias a la extraordinaria renta petrolera, se pudo apostar por una educación gratuita de muy elevada calidad. Ese escenario es difícil que se repita, por lo que soy una consecuencia afortunada de las cosas muy positivas de la venezolanidad. La apuesta educativa, viéndolo en perspectiva, no solo fue la mejor de todas las inversiones del país de donde vengo, sino que esa inversión la aprovechan muchos de los países a donde llegamos. La exponencial migración de venezolanos a todos los confines del mundo no sólo hizo que exportáramos la cultura, sino como cualquier proceso migratorio, las personas de los lugares en donde aterricemos adquirirán maneras y elementos vinculatorios propios de la venezolanidad. La gran capacidad que tuvieron egregios compatriotas de mirar a lo lejos y apostar por el sistema educativo como herramienta de ascenso social, logró sus frutos en su momento, pero de manera activa y con gran esfuerzo se desestructuró hasta en sus cimientos. La gran proeza humana no es conquistar espacios civilizatorios. La gran proeza humana es mantenerlos. |
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