Civiles
Escrito por Ing. Rafael Diaz Casanova   
Viernes, 07 de Noviembre de 2014 03:28

Apreciados amigos:
Como todos los miércoles, les copio el artículo que termino de redactar, revisar y corregir.
Espero les parezca adecuado para su publicación el próximo viernes a primera hora.
Reciban nuestra expresión de agradecimiento y un gran abrazo,
Rafael
Civiles
Rafael Díaz Casanova
Con el sencillo título que hemos tomado para estas líneas hemos terminado de leer un libro importante. Su autor, nuestro apreciado tocayo Arráiz Lucca, quien ha atraído nuestra atención en innumerables ocasiones. Cada una más fascinante que las precedentes.
Todavía está presente el olor de la tinta en el ejemplar que estamos terminando de leer. Rafael es un académico de la mayor importancia. Lidera un movimiento muy valioso dentro de la docta institución a la que pertenece, acompañado por otras destacadas figuras de la intelectualidad venezolana, que tratan y logran poner en el lenguaje apropiado y en trabajos de aparente poca profundidad, piezas que dan a conocer la historia del país comprensibles para casi todos sus lectores. Todo ello sin menoscabo de la verdad histórica.
En esta ocasión nos presenta biografías breves o más bien, apretadas semblanzas de diecinueve eminentes venezolanos que sembraron sus actividades con base a sus inteligencias, a sus acciones ciudadanas y la labor de sus plumas y sus instrumentos de trabajo para la construcción de Venezuela y con un gran componente, sus mentes.
Creo que el tocayo escogió el orden cronológico para ubicar las biografías de Juan Germán Roscio, José Cortés de Madariaga, Andrés Bello, José María Vargas, Arístides Rojas, Martín Tovar y Tovar, Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul, Ricardo Zuloaga, Rómulo Gallegos, Armando Reverón, Carlos Raúl Villanueva, Mariano Picón Salas, Antonio Arráiz, Raúl Leoni, Arturo Uslar Pietri, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez. Todo un catálogo de actividades y de notabilidades.
Ya, la simple presentación del elenco, nos obliga a estudiar más la civilidad de Venezuela. La lectura del libro nos incorpora una pléyade de inquietudes y la seguridad de que el autor tiene ya en producción otro libro de densidad equivalente.
En nuestro país, por razones absoluta y lamentablemente comprensibles, se ha sobrevalorado las acciones de hombres de guerra y se ha subestimado los aportes y actuaciones de hombres de pluma, de artistas, de profesionales y mientras más lo pensamos, llegamos a la absoluta conclusión de que tenemos talento y acciones de primera categoría en las ciencias y en las artes.
Si se nos obligara a mencionar un hecho estupendo en la lectura de la obra, tenemos que recurrir a las tres biografías finales de los presidentes Betancourt, Caldera y Pérez. Allí encontramos, entre otras cosas, el análisis de eventos que hemos vivido en toda su extensión y el tratamiento que Arráiz les da, no merece otro calificativo distinto al de maravilloso.
Sin duda que el tocayo es un maestro en el arte de la narración amena y condensada de eventos fundamentales de la historia y de quienes la han construido.
Quisiéramos resaltar un hecho relacionado con los hombres que han ocupado la presidencia de la nación. Solo Rómulo Betancourt promovió y sus herederos se ocupan de que funcione una institución donde se pueda estudiar y analizar la obra del presidente. No podemos aceptar que las acciones y la significación de las obras de los presidentes venezolanos se tengan que estudiar y analizar mediante el armado de complejos rompecabezas cuyas piezas se encuentran dispersas. Sea momento propicio para valorar la labor que inició Ramón J. Velázquez desde la Secretaría de la Presidencia de Rómulo Betancourt en el primer quinquenio de los cuarenta años de democracia, cuando, entre otras estupendas acciones, comenzó la clasificación y publicación del Archivo de Miraflores. Labor que imaginamos suspendida.
Ya, en su texto, Rafael nos anuncia su intención de trabajar, obra que estamos seguros tiene adelantada, una biografía formal del Presidente Caldera. La esperamos con avidez.
Venezuela no puede ser la obra de un solo sector de su población, se requiere el concurso de todos los mejores hombre y mujeres que entregan sus vidas y pasiones a la investigación, al desarrollo de las ciencias, de las artes y a la construcción de empresas que les hagan la vida más placentera a todos los venezolanos.
Celebramos esta publicación y hacemos votos porque nuestro amigo continúe su labor, dilatada y productiva, para el goce e ilustración de Venezuela.
Caracas, noviembre 5 de 2014.
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@rafael862

altCon el sencillo título que hemos tomado para estas líneas hemos terminado de leer un libro importante. Su autor, nuestro apreciado tocayo Arráiz Lucca,

quien ha atraído nuestra atención en innumerables ocasiones. Cada una más fascinante que las precedentes.

Todavía está presente el olor de la tinta en el ejemplar que estamos terminando de leer. Rafael es un académico de la mayor importancia. Lidera un movimiento muy valioso dentro de la docta institución a la que pertenece, acompañado por otras destacadas figuras de la intelectualidad venezolana, que tratan y logran poner en el lenguaje apropiado y en trabajos de aparente poca profundidad, piezas que dan a conocer la historia del país comprensibles para casi todos sus lectores. Todo ello sin menoscabo de la verdad histórica.

En esta ocasión nos presenta biografías breves o más bien, apretadas semblanzas de diecinueve eminentes venezolanos que sembraron sus actividades con base a sus inteligencias, a sus acciones ciudadanas y la labor de sus plumas y sus instrumentos de trabajo para la construcción de Venezuela y con un gran componente, sus mentes.

Creo que el tocayo escogió el orden cronológico para ubicar las biografías de Juan Germán Roscio, José Cortés de Madariaga, Andrés Bello, José María Vargas, Arístides Rojas, Martín Tovar y Tovar, Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul, Ricardo Zuloaga, Rómulo Gallegos, Armando Reverón, Carlos Raúl Villanueva, Mariano Picón Salas, Antonio Arráiz, Raúl Leoni, Arturo Uslar Pietri, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez. Todo un catálogo de actividades y de notabilidades.

Ya, la simple presentación del elenco, nos obliga a estudiar más la civilidad de Venezuela. La lectura del libro nos incorpora una pléyade de inquietudes y la seguridad de que el autor tiene ya en producción otro libro de densidad equivalente.

En nuestro país, por razones absoluta y lamentablemente comprensibles, se ha sobrevalorado las acciones de hombres de guerra y se ha subestimado los aportes y actuaciones de hombres de pluma, de artistas, de profesionales y mientras más lo pensamos, llegamos a la absoluta conclusión de que tenemos talento y acciones de primera categoría en las ciencias y en las artes.

Si se nos obligara a mencionar un hecho estupendo en la lectura de la obra, tenemos que recurrir a las tres biografías finales de los presidentes Betancourt, Caldera y Pérez. Allí encontramos, entre otras cosas, el análisis de eventos que hemos vivido en toda su extensión y el tratamiento que Arráiz les da, no merece otro calificativo distinto al de maravilloso.

Sin duda que el tocayo es un maestro en el arte de la narración amena y condensada de eventos fundamentales de la historia y de quienes la han construido.

Quisiéramos resaltar un hecho relacionado con los hombres que han ocupado la presidencia de la nación. Solo Rómulo Betancourt promovió y sus herederos se ocupan de que funcione una institución donde se pueda estudiar y analizar la obra del presidente. No podemos aceptar que las acciones y la significación de las obras de los presidentes venezolanos se tengan que estudiar y analizar mediante el armado de complejos rompecabezas cuyas piezas se encuentran dispersas. Sea momento propicio para valorar la labor que inició Ramón J. Velázquez desde la Secretaría de la Presidencia de Rómulo Betancourt en el primer quinquenio de los cuarenta años de democracia, cuando, entre otras estupendas acciones, comenzó la clasificación y publicación del Archivo de Miraflores. Labor que imaginamos suspendida.

Ya, en su texto, Rafael nos anuncia su intención de trabajar, obra que estamos seguros tiene adelantada, una biografía formal del Presidente Caldera. La esperamos con avidez.

Venezuela no puede ser la obra de un solo sector de su población, se requiere el concurso de todos los mejores hombre y mujeres que entregan sus vidas y pasiones a la investigación, al desarrollo de las ciencias, de las artes y a la construcción de empresas que les hagan la vida más placentera a todos los venezolanos.

Celebramos esta publicación y hacemos votos porque nuestro amigo continúe su labor, dilatada y productiva, para el goce e ilustración de Venezuela.

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@rafael862


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