Mi compañero Lázaro
Escrito por Lorenzo Figallo Calzadilla   
Martes, 11 de Febrero de 2014 01:49

altLázaro es un caminante que lleva sus ancestros en el alma. La vía es su pasión en cualquier momento del día. Integrarse al ambiente de la calle  es su encanto, distracción y encuentro con el mundo. Comer grama, monte o frutas, perseguir el salto de los grillos, hacer volar a las palomas o ladrar a cualquier otro perro es su vida. Todo esto no imaginaba vivirlo cuando propusieron  entregármelo para su crianza.

Desde que llegó me saca a pasear todos los días. En ese aspecto no se permite ni tregua ni descanso.  Es la antítesis del sedentarismo, es dueño de una dinámica instantánea. Subidas, bajadas, rectas, y escaleras las recorre con una fuerza y decisión  impresionante. Aunque en oportunidades es díscolo en su actitud pues le gusta zigzaguear,  va normalmente erguido por las aceras, siempre como contento y con alta autoestima.

Hemos desarrollado un idioma de entendimiento entre los dos basado en gestos y palabras. En códigos concretos le digo: alto, quédate, vamos. Los que saben de psicología canina lo llaman comandos precisos. A veces me voy de reflexión, haciéndole saber los enredos de mi propia existencia y las dificultades de la complejidad social,  parece que comprendiera el problema explicado,  e insiste en caminar más y más. Creo que descarga de esta manera el impacto de la información recibida.

Se ha transformado en una amistad. Si no estoy en la casa, pienso sobre las cosas que estará haciendo mientras me espera. Subo las escaleras del edificio como rutina diaria, mucho antes de llegar al apartamento, cuando siente los pasos en la distancia, empieza a ladrar con una potencia que no cesa hasta recibir un auténtico abrazo. No se trata de un saludo sencillo, tiene que ser sobre todo afectuoso en demasía. De no ser así, la insistencia es suprema hasta que cumpla con su exigente requerimiento. Pareciera existir una pregunta de fondo, ¿dónde estuviste que no me llevaste? Oliéndome escudriña los lugares que visité. Creo que es algo posesivo el  “personaje”.

Me he hecho experto en alimentos. He aprendido sobre galletas especiales de diferentes sabores, huesos de carnaza, comida y ubicación de tiendas en la ciudad. Otro conocimiento que he desarrollado en este ámbito perruno son los juegos. Jalar una media o trapo le es apasionante,  hasta jadea intensamente de placer.

Veo con  preocupación mucha información sobre perritos perdidos. Hay letreros en los postes, internet y prensa buscándolos. La gente sufre por esa situación y el animalito desaparecido también. Eso ha hecho que esté sumamente pendiente de su seguridad, a tal punto que nunca sale sin correa, se ha acostumbrado tanto a ella que cuando intento soltarlo en algún parque, salta para que se la ponga de nuevo.  Ni un minuto lo dejo solo.

Lázaro tiene una hermana llamada Tata,  quien llegó sorpresivamente, alguien no la pudo tener y la puso en mis manos. Está en la casa como una verdadera matrona. No camina tanto porque le encanta más bien detenerse y oler. Tiene una “personalidad” distinta. Su llegada ayudó a que un familiar superara un cáncer muy avanzado. En esencia es una perrita sanadora, pero eso pertenece a una historia para contar en otro momento.


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