El Prócer Convit
Escrito por Macky Arenas   
Miércoles, 07 de Julio de 2010 07:20

altEl Instituto de Biomedicina del Hospital Vargas es uno de los lugares públicos en este país donde se trabaja. Y no sólo se trabaja, sino que se hace con mística, entregados al servicio público y demostrando que existen recursos humanos con la pericia y dedicación suficientes como para rescatar nuestro puesto internacional como nación solidaria y llena de potencialidades.

Hemos perdido ese puesto. Teníamos una empresa que figuraba entre las cinco primeras del mundo, Pdvsa. Teníamos unas instituciones que garantizaban los derechos humanos a todo el que, perseguido por la intolerancia en sus países de origen, venían al nuestro buscando refugio y afecto. Teníamos una de las policías más eficientes del orbe, la PTJ. Teníamos un ejército que contribuyó a restaurar la democracia en 1958 y a mantenerla por medio siglo, contra los ataques viles de cuanto dictadorzuelo pululaba por el mapa de América Latina. Teníamos una economía que atraía inversiones y permitía emprender. Teníamos partidos que parían líderes a quienes se adversaba pero también se les respetada y llegada la hora del cambio entregaban al que la voluntad popular señalaba como alternativa. Teníamos un país, más allá de los errores, de las carencias y de cuanto pesar pudiéramos lamentar, que progresaba, que ensayaba y corregía, que caía y se levantaba, donde era posible esperar y soñar, emprender y despegar.

Saber que todo ello se esfuma es sin duda muy inquietante, muy degradante y muy frustrante. Es desesperanzador ir constatando cómo el deterioro sustituye al empeño en hacer las cosas bien y cómo la corrupción ya no es un tumor encapsulado que se puede detectar y extirpar, sino una metástasis en el organismo colectivo. Genera mucha angustia pasar por otro 5 de julio donde debíamos, como cualquier país, celebrar Independencia y en lugar de eso tenemos que reconocer que la libertad es ahora un territorio por reconquistar porque el caos es indispensable al proyecto de dominación que ensombrece a esta nación.

Pero los pueblos, las sociedades, siempre buscan referencias que orienten y motiven.

Cuando sabemos que en ese humilde edificio de San José un sabio casi centenario investiga, con el mismo ardor con que lo hacía de recién graduado para encontrar una cura contra el cáncer, no hay que discernir mucho para identificar al héroe civil, al moderno prócer, al combatiente de la constancia, cuyo ejemplo nos está señalando la ruta de la entrega individual a través de la cual sumaremos el esfuerzo colectivo que nos permitirá recuperar al país libre de resentimientos y de mediocridades, que fuimos y añoramos, pero queremos volver a ser.

Si han regalado los recuerdos de los libertadores, si han profanado sus recuerdos, si han irrespetado su mensaje bautizando el paquete de odio con sus nombres, si su epopeya se ha visto distorsionada para dividir a los venezolanos, hoy, conmemorando la Independencia, aún respira un país honrado y laborioso, solidario y amoroso que se resume en un nombre: Jacinto Convit. Aunque sólo fuera por su testimonio de vida, vale la pena lo pasado y podemos esperar en el futuro.


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