La fortaleza no está en el nombre
Escrito por Gustavo Roosen (abogado)   
Lunes, 19 de Septiembre de 2011 07:57

altEl  insistente mensaje oficial promoviendo el "sucre" (Sistema Único de Compensación Regional) como instrumento para el intercambio comercial entre los países del Alba

o de Mercosur haría pensar en la intención de avanzar hacia una unidad monetaria subcontinental.

El tono entusiasta parecería sugerir la inminencia de un logro. Daría la impresión de que los planificadores ven en el nuevo signo la clave para la estabilidad y una forma de liberación que garantice, por fin, un crecimiento independiente. Se vende el sucre como ese esperado signo de independencia económica, fortaleza y estabilidad, panacea que permitiría prescindir del dólar en las transacciones, ahorrar divisas, disminuir las desigualdades de intercambio y reducir los riesgos cambiarios.

El entusiasmo de esta campaña y las declaraciones marcadas de triunfalismo que anuncian el regreso al país de las reservas en oro contrastan con los signos de debilidad que muestra el bolívar y con la situación real de las reservas operativas, reducidas hasta límites preocupantes, escasas incluso para atender el nivel normal de importaciones. La promoción del sucre con la promesa de estabilidad, fortaleza e independencia parece haber reemplazado una preocupación real por el establecimiento de acuerdos macroeconómicos y la toma de medidas efectivas para estabilizar la moneda, corregir los efectos de su sobrevaloración, mantener y fortalecer las reservas internacionales.

Se piensa en el sucre como punto de partida de una política subcontinental de unidad económica cuando no debería ser vista sino como punto de llegada. En Europa se tardó poco más de 12 años para la activación integral del euro. A pesar del largo proceso de creación de una unidad económica observamos ahora los graves problemas que afectan a Europa, resultado de la asimetría de las economías que la integran, del tratamiento desigual del tema endeudamiento y del gasto público, de las debilidades en el mantenimiento de una estricta disciplina fiscal, de las divergencias en términos de crecimiento, de inflación, de desempleo. El euro, que debería haber sido un factor de protección contra la crisis financiera mundial, no lo ha sido en la medida esperada.

Europa sigue preguntándose por las diferencias entre los integrantes de la comunidad en términos de gasto y prodigalidad, de responsabilidad compartida y de responsabilidad de cada uno de los integrantes, de alcances y límites de la solidaridad. Pensar en la imposición de una nueva unidad monetaria como punto de partida para la unidad económica no deja, por lo mismo, de ser una ficción y demuestra poca comprensión de la historia económica y de su dinámica.

Las lecciones del pasado dicen que la fortaleza de una economía pasa por el orden en el gasto público y la aplicación ortodoxa de las reglas económicas. Así están demostrando los países que han salido mejor salvados de la crisis financiera global. Sus estrategias no han sido otras que prudencia para evitar la inflación y firmeza para mantener el superávit comercial y fiscal.

Mantener la competividad de la moneda ha sido parte de una política, pero además el resultado de un sano equilibrio de aliento a la producción y control del gasto.

Los movimientos sociales en buena parte de Europa se comprenden mejor cuando se analizan los problemas que la ilusión de unidad no ha logrado superar. La sola unidad monetaria, está visto, no garantiza fortaleza ni estabilidad. Hace falta más que aspiraciones de unidad y de independencia. La debilidad del bolívar no puede ser suplida por la promesa de un sucre fuerte, ni de una unidad subcontinental en ciernes. La fortaleza regional sólo puede construirse sobre la fortaleza de cada uno de los países, no sobre sus debilidades. La economía como base para el bienestar de la sociedad exige mucho más que declaraciones. Quien aspire a liderar el país con estatura de estadista debe ser capaz de transmitir esta verdad de manera simple y de entusiasmar en torno a ellas y a un proyecto ambicioso pero posible.

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EN/OyN


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