Una lucha transparente
Escrito por Antonio Ledezma   
Lunes, 20 de Julio de 2009 16:35

altLas constantes y reiteradas injusticias que el gobierno del presidente Chávez pone de manifiesto, constituyen de por sí actos de violencia, y los enfrentamos con una acción de carácter pacífico. Al asumir mi decisión de un prolongado ayuno, no podía sustraerme de este proceso de destrucción del país. No podía ser un testigo indiferente, como también lo son quienes me acompañaron, y todas aquellas venezolanas y venezolanos que nos brindaron solidaridad y les duele en carne propia toda esta situación.

Lo que cuenta es que en la República se nos está desvaneciendo un sistema de vida que hemos asumido, no por hábito sino por profundas convicciones. Si queremos ser algo más que un emblema oposicionista es menester comprender que a través de la violencia nada se consigue, y es precisamente el odio el que nos está matando colectivamente. Nuestro pueblo está ayuno de tolerancia, de hermandad, de amor. Es hora de amarnos un poquito más para sacar de abajo a Venezuela.

Extiendo una invitación a recuperar la confianza en nosotros mismos, como ciudadanos y como pueblo que pueden hacer ciudadanía. Yo no quería matarme a mí mismo, pero sí a jugarme a vivir en paz con mi conciencia. Buscamos la defensa de un derecho, y lo hicimos con la bandera de la paz, seguros de que no nos perderíamos, porque la paz es el camino.

Fue un acto consultado con mi conciencia. No fue consultado con asesores ni leyendo encuestas. No fue una apuesta irresponsable. No fue una jugada. Se trató de una acción fincada en la ética. Y se preguntarían muchos: ¿Ese paso no conducía al abismo del fracaso político? Yo digo: siempre que se da el primer paso con fe, no veamos el final de la senda, porque la resolución de triunfar nos dará mayor seguridad hasta en los caminos más peligrosos.

Vengo a compartir una esperanza, vengo a que nos digamos, viéndonos el alma, que la confianza es vital para vencer el miedo. Hoy Venezuela necesita de mucha confianza, porque el miedo se vence con la confianza, que pongamos al servicio de esta lucha. Ése es nuestro gran escollo. El miedo es el arma que usan hoy los que nos quieren convertir en un pueblo resignado y conformista. Buscan incluso a que sintamos miedo hasta de pensar de lo que pasará cuando salgamos de esto.

Vamos a despertar el activismo para estar al lado de los que padecen el drama humano de la inseguridad, para estar al lado de los que sufren del desempleo, de la crisis hospitalaria, del alto costo de la vida. Nada de arrogancia. Es hora de convocar de nuevo al diálogo, incluso, para que nuestro mensaje llegue a los que se comportan como los sordos que se niegan a escuchar la voz del pueblo.

Un diálogo sin complejos. Señores del gobierno: no confundan diálogo con debilidad: sepan ustedes que nosotros y este pueblo quiere diálogo con la resolución de construir salidas de paz y concordia para una Venezuela dividida sentimentalmente.

Me siento con la obligación moral de renunciar a cualquier intento de buena fe, de quererme convertir en el protagonista único de esta huelga y de que olvidemos las batallas que se han venido dando en estos últimos diez años, de sacrificio sostenido.

Ésta es una lucha trascendente, porque se trata de una lucha por la libertad, y la libertad no es un capricho de las sociedades de nuestro tiempo. La libertad desarrolla a las mujeres y los hombres de nuestros pueblos, y por eso no dejaremos de luchar para hacer respetar la Constitución Nacional, y con ella nuestro derecho de propiedad, nuestro derecho a la educación con calidad para nuestros hijos, nuestro derecho a la salud, nuestro derecho a un empleo decente, digno.


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