Fútbol y Malvinas: Inglaterra–Argentina, la joya de la Corona en disputa
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Miércoles, 15 de Julio de 2026 14:28

altEl autor, Dr. Claudio Briceño, analiza cómo el partido Argentina-Inglaterra trasciende lo deportivo para revivir el conflicto de las Malvinas de 1982, convirtiéndose en un escenario de disputa política, memoria histórica y prestigio nacional para ambos países


“…el gol de Diego tenía una forma casi abusiva de ser el mejor de todos. El capitán argentino se singularizó de manera histórica en un Mundial, ante una escuadra de enorme jerarquía. Nunca antes ni después un jugador gravitó tanto en el ánimo de los suyos; en 1986, Maradona dejó la impresión de qué bastaba darle la pelota para que hiciera campeón a su equipo. El Negro Enrique, que le cedió el balón en medio campo, resumió la diegodependencia del equipo con picardía de barrio: ¿Viste que pasé de gol te puse? Aquella jugada de trámite en el centro de la cancha había sido, en efecto, un pase de gol para el desaforado 10 de Argentina.

Como el Fútbol perfecciona mitologías, el tanto legítimo de Maradona fue acompañado del que anotó con el puño y rebautizó como la mano de Dios. Diego selló la historia del fútbol con la dualidad o duplicidad de su talento: en 1986, durante 90 minutos de verano, fue Jekyll y Hyde ante Inglaterra.” (Villoro, 2014: p.38)

 

Iniciamos estas reflexiones evocando el extraordinario libro Balón Dividido. En el ensayo «Formas excesivas de los goles», Juan Villoro recrea el inolvidable gol de Diego Armando Maradona frente a Inglaterra en el Mundial de México 1986, hace ya cuarenta años. El autor establece una sugerente comparación entre aquella obra maestra y un gol de Lionel Messi, resaltando cómo ambos trascienden la dimensión deportiva para convertirse en símbolos de una identidad colectiva.

Nosotros extrapolamos esa reflexión al partido de esta tarde, donde el fútbol vuelve a convertirse en el escenario sobre el cual se proyectan las memorias del conflicto del Atlántico Sur, librado entre abril y junio de 1982. Los dos goles de Maradona ante Inglaterra, especialmente el denominado «Gol de la mano de Dios», transformaron para gran parte de la sociedad argentina la naturaleza de su rivalidad futbolística: Inglaterra desplazó a Brasil como el adversario histórico por excelencia, para Argentina, al incorporar a la competencia deportiva una profunda carga simbólica, política y nacional.

El encuentro de hoy revive esa rivalidad, en la que el componente nacionalista se hace presente más allá de los noventa minutos. Aunque la FIFA procura preservar el Mundial como un espacio estrictamente deportivo y considera que las disputas políticas son ajenas al juego, resulta innegable que la memoria histórica constituye un ingrediente que otorga a este enfrentamiento una intensidad propia de una final mundialista.

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En ese contexto, la FIFA prohibió el ingreso al estadio de banderas y camisetas con referencias a las Islas Malvinas. Sin embargo, para una parte importante de la afición argentina, la reivindicación de las islas continúa siendo una causa nacional irrenunciable que encuentra expresión en los cánticos de las tribunas, donde la memoria del Atlántico Sur permanece viva como un elemento inseparable de su identidad histórica y territorial:

“…las Malvinas persistieron en la memoria colectiva; así lo demuestran los miles de monumentos, placas, calles, cenotafios, murales, arte público, arte urbano, graffitis, etc. que en casi toda la ciudades argentinas y pueblos se fueron construyendo desde 1982… diversos actores sociales pugnas por afirmar la legitimidad de su visión o de su verdad y tras ellos construyen como vehículo de la memoria distintas marcas territoriales poniendo en discusión las diversas tensiones socio-políticas y socioculturales existente sobre este hecho de la historia reciente. La cristalización de la memoria despliega las más diversas tensiones, demandas y conflictos sociales en los procesos de lucha política tanto de los emprendedores de memoria como de los debates estéticos-visuales… se disputan la cuestión representacional, el debate entre lo representacional y lo performático y las expectativas de la participación de la sociedad... partimos de comprender el vínculo entre espacio y memoria al unísono con las derivas del arte, la política y la cultura. Analizar las marcas territoriales de esas luchas permite sonorizar las voces de las disyuntivas por la memoria y las diversas tramas a partir de disputas políticas, simbólicas y jurídicas, que desembocan en intenciones de las prácticas sociales y culturales de la memoria colectiva.” (Troncoso-Gomez, 2023: pp.21-22).

 

Para los ingleses, la cuestión de las Islas Malvinas no posee la misma trascendencia histórica, política y emocional que representa para los argentinos. Mientras que, para el Reino Unido, el archipiélago constituye un territorio de ultramar cuya importancia se inscribe en su tradición geoestratégica, para Argentina las Malvinas forman parte de una causa nacional profundamente arraigada en su memoria histórica y en la reivindicación permanente de su soberanía. Esta diferencia de percepciones explica por qué el reclamo argentino ha permanecido vigente a lo largo de generaciones y ha trascendido los cambios de gobierno y las coyunturas políticas. Como acertadamente señalaba Juan Carlos Puig en 1983, poco después de concluida la Guerra de las Malvinas:

“El tema Malvinas merece una profunda reflexión, no sólo para efectuar una crítica de lo acaecido, sino, sobre todo, para comprender las tendencias profundas que pueden indicar el camino por seguir en el futuro. Porque mucha sangre ha corrido en este conflicto para que una situación colonial se mantenga, y éste es el triste epílogo: en el fondo, lo cual constituye un agravio monumental a la justicia, en pleno siglo [XXI], una potencia colonial mantiene, por el mero recurso de la fuerza, un enclave ilegalmente adquirido, situado a miles de millas de su territorio.” (Puig, 1983: pp. X-XI)

 

Ahora bien, para los aficionados ingleses, el encuentro de esta tarde trasciende la importancia de una simple semifinal mundialista. En términos simbólicos, podría compararse con la joya de la Corona, expresión que alude al conjunto de piedras preciosas, insignias y ornamentos que integran el patrimonio ceremonial de la monarquía británica. Más allá de su extraordinario valor material, estas joyas representan la continuidad histórica del Estado, la legitimidad de la Corona y la autoridad política de la institución monárquica. No constituyen un patrimonio personal del rey o de la reina, sino que pertenecen a la propia Corona como expresión de la permanencia del Estado británico.

Desde esta perspectiva, la metáfora adquiere una dimensión geopolítica y cultural: derrotar a Argentina en un Mundial, especialmente cuando la memoria de las Malvinas sigue proyectándose sobre la rivalidad entre ambas naciones, puede ser percibido por numerosos aficionados ingleses como la preservación de un símbolo de prestigio nacional. Así, el fútbol deja de ser únicamente una competencia deportiva para convertirse en un espacio donde convergen la historia, la identidad y la memoria colectiva de dos países cuya rivalidad continúa trascendiendo el terreno de juego.

La aspiración argentina de alcanzar el tetracampeonato mundial constituye un sentimiento profundamente arraigado en su imaginario nacional. En ese contexto, Lionel Messi 10 tiene la posibilidad de reavivar, desde otra generación, la dimensión mítica del héroe encarnado por Diego Armando Maradona 10, cuya figura trascendió el ámbito deportivo para convertirse en un símbolo de identidad, orgullo y memoria colectiva.

Desde una perspectiva histórica y geopolítica, la expresión la joya de la Corona también se emplea para designar un territorio o un recurso considerado esencial para la proyección del poder de un Estado. El Imperio británico utilizó esta metáfora para referirse a la India, a la que consideraba su posesión colonial más valiosa, no solo por su extraordinaria riqueza económica, sino también por su importancia geoestratégica en el sostenimiento de su hegemonía mundial.

En consecuencia, la joya de la corona representa aquello que concentra el mayor valor estratégico, político y simbólico dentro de un conjunto. Su significado trasciende lo material para abarcar el prestigio, la identidad, el poder y la capacidad de preservar aquello que constituye el núcleo esencial de una institución, una nación o un proyecto histórico.

Bajo esta óptica, para amplios sectores de la sociedad argentina, cada enfrentamiento futbolístico contra Inglaterra desborda el ámbito estrictamente deportivo y adquiere una dimensión histórica y emocional vinculada con la memoria de la Guerra de las Malvinas. En esa narrativa colectiva, una victoria sobre el conjunto inglés puede interpretarse como una forma de reivindicación simbólica frente a la derrota militar de 1982. De este modo, el fútbol, convertido en una de las expresiones más profundas de la identidad nacional argentina, actúa como un poderoso mecanismo de cohesión social, fortaleciendo un sentimiento patriótico y un nacionalismo futbolero que difícilmente encuentra un paralelo de igual intensidad en otras latitudes.

 

Referencias:

Juan Villoro. Balón Dividido. México: Editorial Planeta, 2014.

Marcelo J. Troncoso y Federico M. Gomez. Marcas territoriales de la cuestión Malvinas. Buenos Aires: Dunken, 2023.

Juan Carlos Puig. Malvinas y el Régimen Internacional. Buenos Aires: Ediciones Depalma, 1983.

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[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.

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