| La prueba de una nación |
| Escrito por Freddy Marcano | X: @freddyamarcano |
| Miércoles, 15 de Julio de 2026 00:00 |
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Los acontecimientos vividos en Venezuela desde el pasado 24 de junio no solo dejaron una profunda huella de dolor en cientos de familias, sino que también pusieron a prueba nuestra capacidad de solidaridad, la carencia de nuestras instituciones y el compromiso ciudadano. En medio de la incertidumbre surgieron gestos de inmensa generosidad, pero también afloraron conductas que evidencian el deterioro ético e institucional que durante años se ha instalado en el país. Esta experiencia debe servirnos para reflexionar sobre el tipo de nación que somos y, sobre todo, hacia la que aspiramos construir. El comportamiento de millones de venezolanos, dentro y fuera del país, merece un reconocimiento especial. La movilización espontánea de ciudadanos, organizaciones civiles, iglesias, empresas y la valiosa ayuda internacional —proveniente de distintos países del continente y del resto del mundo— proveniente de distintos países del continente y de otras regiones del mundo demostraron que la solidaridad continúa siendo uno de los mayores patrimonios de nuestra sociedad. Esa respuesta evoca la idea del sociólogo alemán Ulrich Beck, quien sostenía que los riesgos modernos solo pueden enfrentarse mediante la cooperación colectiva y una ciudadanía activa, ya que ningún Estado posee la capacidad suficiente para responder por sí solo a escenarios de alta complejidad. Sin embargo, no todo ha sido motivo de esperanza. También quedó al descubierto una realidad que no puede ignorarse: la presencia de antivalores que encuentran en el sufrimiento ajeno una oportunidad para obtener beneficios económicos, políticos o personales. Resulta preocupante observar cómo algunos sectores utilizan la tragedia para especular, manipular emociones o convertir el dolor colectivo en una plataforma de protagonismo. Cuando una sociedad normaliza estas conductas, deja de percibir que la pérdida más grave no es necesariamente material, sino moral. La reconstrucción de un país pasa por recuperar la ética pública y el sentido de responsabilidad frente al prójimo. Las redes sociales también reflejaron esa doble realidad. Por una parte, fueron un instrumento indispensable para localizar personas, organizar ayuda, informar sobre necesidades urgentes y conectar a miles de voluntarios. Pero, al mismo tiempo, se transformaron en un espacio donde la desinformación, la manipulación de imágenes, los rumores y la confrontación encontraron terreno fértil. Esto ocurre porque, en las sociedades contemporáneas, la información puede convertirse en un mecanismo de influencia cuando pierde su compromiso con la verdad y se orienta a moldear emociones antes que a exponer los hechos. Venezuela necesita comprender que comunicar implica una responsabilidad ética, especialmente cuando la vida de las personas está en juego. Del mismo modo, la emergencia volvió a poner de manifiesto las profundas debilidades del aparato institucional venezolano. Las dificultades observadas durante las primeras horas de la respuesta oficial dejaron en evidencia problemas de coordinación, planificación y capacidad operativa que no surgieron con esta tragedia, sino que son consecuencia de años de deterioro estructural. institucional. Ningún país puede enfrentar eficazmente una catástrofe cuando sus sistemas de prevención, sus servicios públicos y sus mecanismos de respuesta han sido debilitados de manera progresiva. La verdadera política pública no consiste en reaccionar cuando ocurre el desastre, sino en construir instituciones capaces de anticiparlo, minimizar sus efectos y proteger a los ciudadanos con eficiencia y profesionalismo. Toda crisis deja una lección, y esta no debe ser la excepción. Venezuela tiene la oportunidad de convertir el dolor en un punto de partida para reconstruir la confianza, fortalecer sus instituciones y recuperar una cultura de solidaridad que trascienda cualquier diferencia política. El centro de toda política pública debe ser la persona, especialmente aquella que hoy sufre, espera ayuda o intenta reconstruir su vida. El país merece dejar de vivir bajo la permanente incertidumbre de las emergencias naturales, de los servicios precarios y de una economía que limita las posibilidades de millones de familias. Recuperar el camino democrático, fortalecer el Estado de derecho y promover organismos al servicio del ciudadano no constituye únicamente una aspiración política; representa la condición indispensable para que tragedias como la vivida encuentren una nación mejor preparada, más unida y profundamente comprometida con la dignidad de su gente. IG, X: @freddyamarcano
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