Elecciones en Colombia un diagnóstico necesario
Escrito por Alexander Cambero | X: @alexandercamber   
Domingo, 12 de Julio de 2026 11:36

altLa segunda vuelta presidencial colombiana, que terminó eligiendo al abogado Abelardo de la Espriella como nuevo primer mandatario del país, tiene una serie de variables sumamente interesantes

para comprender la naturaleza del comportamiento electoral del ciudadano.

El estrechísimo resultado refleja una nación dividida que no solo es una respuesta coyuntural de un episodio comicial marcado en un cronograma. Una diferencia de apenas doscientos cincuenta mil votos en un universo en donde sufragaron más de veintiséis millones de ciudadanos (63,59 del censo electoral) es realmente un resultado ínfimo, pero que lógicamente elige a quien dirigirá los destinos de la nación en los próximos cuatro años.

Profundizar en los hechos que construyeron la resolución de la elección es sumamente interesante. La aparición del vencedor de los comicios fue magistralmente planificada por un marketing que conocía del hartazgo de la sociedad colombiana para con la política tradicional; los viejos partidos son escenarios vacíos, tan llenos de pasado que el porvenir los indigesta al no gozar de la incidencia de otrora; son historias mustias que no cuentan con respuestas. Eso favoreció el inicio de fuego de Abelardo de la Espriella, un candidato con una gran conexión emocional que basó su discurso en aquello que el colombiano quería escuchar, toda una puesta en escena para aparecer como la opción real frente al poder encarnado en Gustavo Petro. Esa lucha de contrapuestos lo fue fortaleciendo hasta el punto de construir rápidamente una plataforma con perfiles autonómicos. Enfrentaba un modelo estático de hacer política con las recetas tradicionales, rompió con la manida conseja y avanzó sobre la novedad.

El éxito no se hizo esperar. Se almorzó a la vieja política, pulverizándola. Con mucha inteligencia logró tomar las banderas del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que, si bien contaba con la candidatura de Paloma Valencia, la misma sufrió un desfase al escoger como su fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo, tratando de captar al electorado del centro. La estrategia no funcionó debido al conservadurismo de la derecha, que tuvo reparos con las propuestas de Oviedo. La estrategia de Abelardo supo vender la idea de que para enfrentar a la criminalidad se necesitaba reciedumbre; subrepticiamente insinuaba que confrontar la violencia era algo cuesta arriba para que lo encarnara una mujer y su coequipero.

El deslizamiento electoral en las últimas semanas pasó del cuentagotas hasta llegar como manada hasta la jungla del felino. El enorme caudal electoral de Uribe acompañó al abanderado de Firmes por la Patria, sobre todo en Antioquia. Fueron novecientos diecisiete mil votos que inclinaron la balanza y más cuando Abelardo de La Espriella pudo recortar la diferencia en Bogotá, tradicional bastión del progresismo.  

¿Cómo es posible que la izquierda obtenga una votación tan amplia? El análisis no puede ser tan simplista. La votación es la vigorosa respuesta de un importantísimo segmento de la población que dejó un mensaje. Millones de adeptos a esas ideas no pueden ser producto del chantaje de los feudos violentos, tampoco de la invisible mano de la guerrilla. Es una postura firme de enérgico respaldo. Iván Cepeda logra ganar en diecinueve departamentos de los treinta y dos que componen la República. Región Caribe: Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre. Región Pacífica: Cauca, Chocó, Nariño y Valle del Cauca.  Suroriente y Amazonía: Amazonas, Caquetá, Guainía, Putumayo, Vaupés, Vichada. Otros: San Andrés y Bogotá (Distrito Capital): Un dato interesante lo refleja la estadística que indica que Abelardo de La Espriella perdió en Córdoba, en donde creció, igualmente en los otros siete que componen al Caribe colombiano, regiones donde actuó el presidente electo en diferentes escenarios. Como podemos observar, es una conducta de regiones donde destacan los sectores más empobrecidos. La gestión de Gustavo Petro enfila sus baterías en esas áreas dándoles resultados. Es la desigualdad social de departamentos olvidados por el eje capitalino, que vienen marcando una tendencia cada vez más sólida en favor del pensamiento avanzado. El giro que dieron al final aceptando el resultado electoral tiene que ver con entender que estos son procesos a cuatro años. Que tienen una sólida presencia que deben cuidar desde la coherencia política, buscarán que el gobierno se vaya desgastando paulatinamente, una estrategia que tendrá como epicentro el congreso colombiano.

Lo que se augura es una lucha ideológica para imponer un modelo político. Abelardo de la Espriella está obligado a gobernar para todos. Conoce de sobra que en los sectores más vulnerables no posee un respaldo mayoritario. Comprender que los pobres no son únicamente una simple cifra en la estadística; ellos desean tener la oportunidad de lograr un crecimiento que haga posible salir de la miseria. Que las propuestas de campaña se hagan realidad. Por otra parte, es necesario que Gustavo Petro perciba que está comprometido a dejar gobernar al nuevo presidente. Colombia necesita que las diferencias se mantengan al alcance de la paz.

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@alecambero                        

 

 

 

 

 

 

 


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