Corresponsabilidad valiente
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 17 de Junio de 2026 00:43

altNo me preocupa la inteligencia artificial sino lo que la brutalidad natural puede hacer con ella.

Leyendo Magnifica Humanitas me doy cuenta que esa misma preocupación es la de León XIV y por eso nos llama a la acción para comprender los cambios. Al constatar grandes tendencias en la historia humana que el catolicismo ve con su humanismo trascendente y caritativo, la doctrina nos ofrece una interpretación, útil para dar respuesta.

Los cambios son constantes y hay hitos que traspasan lo coyuntural. Como la revolución industrial y el “problema obrero” cuando León XIII escribió Rerum Novarum. La amenaza de la guerra nuclear y Juan XXIII en Pacem in Terrris mostró los caminos de la paz. La creciente conciencia de la humanidad ante los riesgos para el medio ambiente exigía el “cuidado de la casa común” como en Laudato Sí planteó Francisco. Ahora en Magnifica Humanitas, León XIV nos llama a comprender los avances de la ciencia y de la técnica. “Nunca tuvo la humanidad tanto poder sobre sí misma”. No se trata una “emergencia a gestionar” es una transformación que interpela.

¿Cuál es el paradigma que guiará a la humanidad del futuro? ¿Será el tecnocrático o el humano? ¿Estamos ante un dilema inescapable o es posible conciliar? León XIV no ignora lo exigente del desafío, pero cree que es posible la convergencia, propone un camino.

A la ciencia y la tecnología veámoslas con gratitud por todo lo que nos ofrecen y con un realismo sano que no es idealista ni cínico. La inteligencia creativa ha de ser para un progreso que sirva no que doblegue, su sentido, como el de toda la empresa humana es el bien común. Mirémosla, nos da un consejo de amplitud y profundidad, con claridad que ilumina. “No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles”. ¿Será – se pregunta uno desde nuestro pedacito- que lo escribió pensando en nosotros?

La doctrina no es crítica sino caridad, la previsión no es temor, sino prudencia diligente promotora de una “corresponsabilidad valiente” para con la familia humana. Los criterios para el discernimiento están en los principios: dignidad de la persona, primacía del bien común, destino universal de los bienes, subsidiaridad, solidaridad.

Hay muchos aspectos jugosos en esta encíclica que resume en claves de actualidad el recorrido de la Doctrina Social de la Iglesia. Ideas que son bastante más que felices frases sueltas. Como que la igual dignidad de las personas es un valor superior a las cosas o que los límites y la fragilidad humanas no son errores a corregir. Un sano realismo nos defiende de la tentación del superhombre transhumanista, así como nos pone a salvo de la falsa promesa posthumanista.

Un código ético para la era digital es indispensable. El paradigma tecnocrático trae consigo un poder gigantesco que en nombre de la libertad puede ser liberticida. Que las soluciones tecnológicas sean cada vez más sostenibles. Que seamos capaces de organizar una gran alianza para educar, de modo que estos avances lo sean también para la promoción de la persona. “No hay máquina perfecta que haga inútil el pensamiento humano”

La alternativa es la responsabilidad compartida, dice León XIV, gestionando los procesos con visión de futuro “por instituciones capaces de regular sin asfixiar y proteger sin suplantar; por empresas que reconozcan en el trabajo y en la dignidad un criterio de éxito; por organismos intermedios y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y los vínculos; por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la sobriedad, el discernimiento y el sentido de la verdad”.

 


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