Del olvido que seremos
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj   
Lunes, 15 de Junio de 2026 00:00

altMediados del bachillerato en el país que prosiguió con la intensa discusión de la nacionalización petrolera, habituado a la dura competencia de los programas de opinión a primera hora de la mañana en la radio y la televisión.

Pacientemente habíamos leído “Venezuela, política y petróleo” de Betancourt gracias al préstamo de la biblioteca del liceo, aunque no lo entendíamos a cabalidad, y adquiríamos, cuando se podía, las revistas SIC y Resumen seguramente de más difícil entendimiento.

Hubo gran alboroto por la incineración del libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” y todavía está en nuestra memoria la condena que hizo Héctor Mujica del hecho por mucho desacuerdo que tuviera con la tesis, siendo entrevistado por Carlos y Sofía Rangel. Y, después, la ultraizquierda propagandizaba su rechazo agregando otro título como “Proceso a la izquierda”

Nos pusimos a ahorrar para comprar los ejemplares de autores de nombres ya familiares para el muchacho que fuimos, como Carlos Rangel y Teodoro Petkoff. Todavía los conservamos en casa adquiridos entre abril y mayo de 1976, completado el pago de uno de los dos por un préstamo oportuno del hermano menor.

Nos metimos en camisa de once varas para leer con absoluta calma, retrocediendo muchas veces las páginas, los planteamientos de ambos actores de la vida política y opinática de una Venezuela que ya comenzaba tímidamente a tener a Miami por capital.  Tardamos en entenderlos ciertamente y, aunque ya cursábamos derecho en la Católica, tuvimos la certeza total cuando nos tocó auxiliar a una querida amiga que hacía estudios políticos y administrativos en la Ucevé con la tarea de hacer precisamente un trabajo alusivo a ambas obras: obtuvo la máxima nota de un exigente profesor que les aseguró a sus alumnos que la polémica tardaría en disiparse como, en efecto, ocurrió.

Así sería el impacto de los dos ensayos que permeó hasta un modesto estudiante de secundaria admirado por la polvareda levantada, esforzándose en saber por su cuenta de los asuntos que se debatían por entonces. Habría que preguntarse sobre las condiciones por entonces imperantes en Venezuela para que se produjera ese fenómeno irrepetible que sepamos, aun cuando supusimos ingenuamente en esta centuria que la sola declaración marxista de Hugo Chávez encendería los motores de la discusión generalizada, por lo menos, entre los sectores de la oposición.

Por cierto, valga el detalle, en esa lejana época se creía que forrar los libros con el llamado papel contac transparente tan en boga como costoso, los preservaría en buen estado. Después de 50 años, nuestros ejemplares han estado propensos a ataques continuos de hongos por el pegamento, el calor poco a poco ha contraído el forraje tendiendo a deshojarlos, intentando conservarlos con el encapsulamiento en bolsas de plástico.

Finalmente, pocos recuerdan aquellos encuentros y desencuentros públicos con Rangel y Petkoff y nos percatamos que menos interesará el testimonio de alguien que los invoca con un dejo de nostalgia. En definitiva, se trata del olvido que seremos como estupendamente intituló Héctor Abad una de sus novelas. 

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