| Brujas |
| Escrito por Mibelis Acevedo D. | X: @Mibelis |
| Martes, 07 de Abril de 2026 00:00 |
|
A la sabia, lúcida, filosa Marina Ayala, in memoriam.
De los folios con la transcripción notarial del proceso contra la “bruja” Dominga Ferrer, mejor conocida como Dominica la Coja (Archivo Provincial de Zaragoza, 1534) saltan palabras picudas, descripciones impensables, un miedo convertido en reguero de confesiones bajo la silueta implacable del inquisidor y sus secuaces. Al calor de la histeria colectiva y el tormento de la incriminada, Dominica termina citando como cómplices a María Miranda, Pascuala de Salas, La Nadala, La Piqueras, la hija de la Benedetta. "El mismo domingo a la noche vino Gracia la Nadala y (…) y que así fueron las dos juntas a casa del dicho Roiz Castellón, y les abrió la puerta el diablo…”. Por causar, supuestamente, el daño a muchas caballerías, agriar el vino de las bodegas, haber estrangulado y asado “las tripicas de recién nacidos”, enfermar al ganado, tomar al diablo como señor y tener huellas en su cuerpo de esa infame adoración, Dominga fue condenada, como tantas otras de su estirpe, a morir en la hoguera.
Había que “salvar almas” a toda costa, tal como sugería la bula del Papa Inocencio VIII en 1484, incluso si eso implicaba “extraer verdad” usando métodos nada piadosos: la garrucha, el tormento del agua, el potro. Para eso trabajaban también diligentemente los saludadores, por ejemplo, asistentes de los jueces seglares a la hora de resolver condenas rápidas. Eran hombres que afirmaban reconocer al nigromante gracias a su olfato privilegiado, “descubridores de brujas”, expertos en truncar brotes demoníacos en el seno de Aragón. Muchas mujeres fueron señaladas por ellos, perseguidas, apresadas. Muchas sucumbieron mientras las llamas las consumían vivas. “Bruja” y “mujer” acabaron fusionándose así en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, una condición sobre la que recayeron las culpas de todas las desgracias y pavores colectivos. “El abanico de mujeres que podían ser acusadas de brujería era muy amplio”, explica la escritora Mona Chollet. “Cualquier mujer que tuviera un comportamiento que molestara podía ser tachada de bruja y perseguida como tal…”
La amenaza, la disonancia, el hereje Si bien la leyenda negra apunta a España como centro de esos rituales y a Tomás Torquemada -nombrado, en 1483, Inquisidor General en terrenos de la Corona aragonesa- como arquetipo del feroz burócrata medieval, hay que decir que sólo en Alemania (entre otros países protestantes) las cazas de brujas se saldaron con al menos 20 mil muertes. Paradójicamente, la Inquisición española fue de los organismos que se mostró más escéptico ante la brujería. El inquisidor Alonso de Salazar y Frías, tras el caso de Zugarramurdi, logró imponer la tesis de que "no hubo brujas hasta que se empezó a hablar y escribir de ellas", deteniendo las ejecuciones por este cargo en España casi por completo. Pero no hay duda de que el ánimo de cancelación se replicó con similar furia en aquellos espacios a merced de la amenaza, la sospecha, la manipulación. La historia contada por vencedores, sin embargo, no logró desaparecer de la memoria local el nombre de Dominga Ferrer. La que de “partera, entretenedora, curandera, santiguadora, abortona" pasó a ser “alguacila del Diablo” en un intervalo fatídico, ejercía oficios que eran usuales en pueblos como los de Pozán de Vero, en la provincia de Huesca. Eran habilidades, de hecho, altamente valoradas y demandadas en ausencia de médicos formales. Aun así, la sabiduría, curiosidad y audacia de las curanderas en tiempos en los que la superstición aplastaba el sentido común, acabaron marcadas por la autoridad -y la turba- como rebeldía imperdonable. En giro irónico de las circunstancias, por cierto, Dominga murió por causas naturales días antes de su ejecución. Su postrera, poética rebelión, su partida abrupta y cuando quiso, no nos deja indiferentes.
¡Purificación! La muerte en la hoguera era un castigo de enorme simbolismo. Se entendía que el fuego purificaba los pecados, que la ejecutada sufría a priori la clase de suplicio que le esperaba en el infierno. Así la intolerancia frente a cualquier clase de disidencia encontraba formas de elevación y excusa, así el violento medio era ennoblecido por los fines. Una confirmación de que la historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de sus miedos y de cómo estos se proyectan sobre el otro, el distinto, el marcado como enemigo. Aunque siglos de racionalismo nos separan de aquellas piras, las estructuras psicológicas que avalaron tales persecuciones no han desaparecido. El fenómeno de la histeria colectiva, el ánimo de daño contra terceros (y terceras) encuentran hoy en el linchamiento digital, por ejemplo, un nuevo ecosistema donde el algoritmo sustituye al dogma religioso, donde la cancelación dispone tribunales y ejecuciones con estremecedora eficacia. Hoy, como entonces, comunidades sometidas por tensiones diversas siguen buscando purificación a través del chivo expiatorio, la víctima inocente para restaurar la paz. Bajo un estado de sugestión que evoca el ambiente que Arthur Miller diseccionaba en The Crucible, la persecución ya no se trata sólo del ciego apego a creencias, sino una oportunidad para ventilar resentimientos personales, purgar culpas, espantar la sensación de impotencia, y de hacerlo bajo la saya de la rectitud moral. La premisa para el linchamiento en la modernidad líquida, el “pecado”, el atrevido pacto con el diablo, remite a la transgresión de un código moral hipervolátil en redes sociales. La deshumanización del acusado no espera: una vez etiquetado, deja de ser un individuo con matices, luces y sombras, para convertirse en receptáculo de la frustración tribal.
Algoritmo e indignación Como ocurrió con el Malleus Maleficarum (1486) escrito por los frailes dominicos Kramer y Sprenger y convertido en herramienta de estandarización del odio, el algoritmo de recomendación en plataformas digitales funciona para priorizar contenidos que generan mayor respuesta emocional e interacción. La indignación moral que antes atizaban los saludadores en Aragón se vuelve acá el aliño estrella. La presunción de culpabilidad imperante en las antiguas ordalías es también premisa para la inquisición en redes; allí donde el descargo suele llegar cuando la reputación de las nuevas brujas ya ha sido reducida a cenizas. El linchamiento digital hereda así la naturaleza performativa que Foucault describe en Vigilar y Castigar (1975), ese suplicio público que servía para reafirmar el poder del soberano y garantizar la cohesión social a través del espanto. El individuo que ahora participa en el espectáculo de la cancelación no siempre busca justicia, sino virtue signaling, señalización de virtud. Por si fuese poco, participar en el ritual de lapidación (como pasa con las adicciones) es fuente de gratificación inmediata. Los sujetos logran fortalecer vínculos grupales e identidades particularmente útiles en la puja política: “soy uno en el nosotros, compartimos los mismos valores, los mismos odios y ascos, la misma necesidad de purificación de nuestra comunidad”.
¿La hoguera inagotable? La persistencia de la sombra colectiva de la que habla Jung ofrece algunas explicaciones para esa conexión entre cazas de brujas de ayer y hoy. Allí, un sistema límbico que se activa ante la percepción de amenaza al orden aceptado, parece seguir reaccionando con similar ensañamiento, proyectando pulsiones inconfesables y defectos reprimidos. Pero, ¿acaso será esta una condena ineludible? No necesariamente. Con alguna esperanza, habría que decir que los tiempos también son propicios para invocar esa compasión que no se desliga de la naturaleza humana, que nos permite encontrar ternura y profundidad incluso en estos atrabiliarios espacios de intercambio virtual. Conviene recordar a René Girard cuando, en su teoría del deseo mimético, advertía que la comunidad siempre está a un sacrificio de distancia de creerse en paz; pero esa paz, construida sobre el daño a un tercero, es siempre una ilusión tan brutal como autodestructiva.
@Mibelis |
Benjamín Cohen impulsa los biomusicales en LatinoaméricaEl escritor y director venezolano Benjamín Cohen, reconocido por la creación de series televisivas como ¡Qué Clase de Amor!, |
Inter actualiza su servicio de streaming y lanza la plataforma Inter GO+La empresa de telecomunicaciones Inter presentó la plataforma Inter GO+, una versión actualizada de su servicio de televisión por streaming. |
Samsung habilitó seis centros de servicio en Caracas, Carabobo y Guárico para reparar sin costo equiA raíz de los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio en Venezuela, la filial regional de Samsung Electronics desplegó un plan de asistencia técnica para atender los daños en electrodomésticos y di... |
El arpa venezolana suena en el pop global: Alex Martínez se suma al tour de Karol G junto a Elena RoEl arpista venezolano Alex Martínez, conocido artísticamente como Arpamartínez, se integró a la agrupación de la cantautora Elena Rose, |
Moto y Pago Móvil lideran el crecimiento de Yango tras doce meses de servicio en el paísAl cumplir su primer año de operaciones en Venezuela, la plataforma tecnológica de transporte Yango presentó un balance de gestión que reporta más de 60 millones de kilómetros recorridos por sus socio... |
Enrique Márquez: Candidato de un embaucador español y el clan RodríguezLo tenían resguardado para ofrecerlo en este momento. Meses de silencio después de sus monumentales yerros declarativos que lo ubicaron en las preferencias del rechazo público. |
El INCE una creación de la democracia venezolanaSe cumplen 67 años de la creación del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), pues este acontecimiento ocurrió el 22 de agosto de 1959 |
Tiempo de vidaHomenaje a la vida y legado de José Armando Rondón Rangel, destacado escritor, artista y profesor-investigador de la Universidad de Los Andes |
Entre la velocidad y los contrastes: Radiografía de un país con 81% de penetración que apaga su pasaVenezuela navega en una encrucijada digital donde conviven el avance técnico y el desequilibrio estructural: mientras la fibra óptica tiende autopistas de alta velocidad en las principales urbes, el ... |
Ciudadanía y urbanidad anudadas por la culturaEl Dr. Abraham Gómez plantea que la ciudadanía es una práctica en constante construcción, inseparable de la cultura y la vida comunitaria. |
Siganos en