| Ni chismes, mentiras, ni calumnias |
| Escrito por Luis Fuenmayor | X: @LFuenmayorToro |
| Martes, 26 de Agosto de 2025 00:00 |
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Cuando he hablado de ladrones o de corruptos o de delincuentes en general, es porque los indicios, o los elementos de convicción, son demasiado numerosos, extendidos, importantes y sólidos. Cuando en el pasado adeco copeyano, e incluso en este siglo, se dijo que a un hijo de Caldera lo llamaban “pimentón”, porque estaba en todos los guisos, me molestaba seriamente con quienes repetían aquello, sin tener ninguna prueba y sólo por descalificar a un dirigente político que les era adverso. El mismo Chávez cayó en esa conducta deleznable. Conducta que dentro de las filas del gobierno prendió como la gasolina, con una facilidad pasmosa, y hoy lamentablemente está muy extendida. Era muy triste y lamentable ver y oír a quienes se decían revolucionarios, comportarse como vulgares calumniadores de oficio, como si las calumnias y las ofensas fueran instrumentos de redención. Cuando vemos lo que sucede en Colombia con la dirigencia uribista, de conducta claramente podrida durante décadas y capaz de cometer cualquier delito, no porque yo lo diga, sino porque lo han dicho muchas veces la realidad y sus propios órganos de justicia, pese a las presiones y amenazas que han recibido, lo menos que puedo exigir es que nuestra cúpula gobernante y nuestra oposición, incluso la más beligerante, estén muy lejos de estas prácticas pervertidas. Quizás esté cayendo en la candidez del joven que se inicia en la lucha política, y que, en mi época, tenía tendencia a comportarse rectamente, pese a saber que en la ruta había pantano y excrementos, pero esperanzado que no todo fuera pantano y excrementos. Todo líder político sabe que, para desempeñarse exitosamente en ese escenario difícil y a veces muy desagradable, tiene que hundir sus pies en el fango que le sirve de sustento a esa necesaria actividad humana. Pero una cosa es tener que ensuciarse en este recorrido y otra, muy distinta es disfrutar de ese contacto y tenerlo como fuente de enriquecimiento personal o familiar y origen del poder político. Esta realidad es mucho más grave y repulsiva cuando es ejercida por gobiernos de estados poderosos, cuyo desempeño en este sentido es muy superior al de los individuos. El enriquecimiento de EEUU, por ejemplo, mediante la apropiación delictiva de las riquezas de otros países, a través de la guerra, del secuestro y despojo bancario de sus activos, del decomiso de propiedades y cuentas bancarias de otras naciones adquiridas fraudulentamente, constituye la peor rapiña humana de que se tenga conocimiento. Venezuela ha sido víctima de esta rapacería. Pero, lo más lamentable es que exista una proporción no despreciable de nuestros supuestos compatriotas, que apoyen fervientemente esa abominable conducta. Es asqueroso que haya líderes políticos en el extranjero, dándose la gran vida, con las migajas que de esas riquezas les arroja el capital transnacional, para asegurar sus fidelidades. Es repugnante que haya venezolanos dentro y fuera de nuestro territorio que se beneficien o apoyen estas trapacerías. Pero igualmente, la inatención gubernamental de esta situación, el mantenimiento de un discurso agresivo y de una conducta soberbia disgregadora, la ausencia de una política incluyente y respetuosa, que reunifique nuestro gentilicio, la priorización de la represión y violación de DDHH contra quienes disienten y el desprecio o inatención a las condiciones miserables de vida de los venezolanos, es tan o más perjudicial que la conducta de los traidores a la patria, pues les hace totalmente el juego y le sirve a sus abominables intereses. El gobierno no tiene en este momento ningún grupo político interno que pueda enfrentársele con éxito. Los más peligrosos han sido derrotados en todos los escenarios en que se han presentado. El resto de la oposición está decidida a actuar dentro del marco constitucional. La única amenaza real existente es la representada por el gobierno de Trump, que menosprecia, insulta y calumnia impunemente a la cúpula gubernamental, calificándola de narcotraficante y delincuentes en general, a la vez que despliega en el Caribe toda una fuerza naval poderosa para atemorizar con una acción militar. No se trata de tener miedo ante esa amenaza, pero tampoco se trata de desdeñarla y no asumir la conducta adecuada. Es imprescindible la unificación de la patria venezolana para poder enfrentar estas amenazas y el reto de la crisis existente, pero para ello los venezolanos no pueden ser tratados por su gobierno como éste es tratado por el Departamento de Estado. La cordura también se requiere de parte de quienes nos gobiernan. |
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