| El dilema de la vida (en tiempos de tiranía) |
| Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas |
| Domingo, 20 de Marzo de 2022 07:41 |
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le proporcione la perspectiva suficiente para así analizar cada circunstancia que configura el camino que deberá recorrer a lo largo del tiempo. Es quizás, lo que intentó ensalzar el notable canta-autor español Joan Manuel Serrat cuando escribió su famosa canción Cantares: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar”. Y aunque la vida pudiera ser un misterio, no hay duda de que es lo que va sucediendo. Especialmente, mientras se tenga el empeño de completar el itinerario calculado y advertido a la distancia. Vale comenzar esta disertación, refiriendo la vida como el dilema que pone a prueba la entereza y resiliencia del ser humano. Tanto para sopesar sus fortalezas, como sus debilidades. De manera especial, frente a las amenazas y oportunidades que suelen discurrir bajo el sol, a medida que va haciendo “camino al andar”. Aún cuando de la anterior consideración podría deducirse que la vida es semejante al trazado de una línea sin mayor complicación en su desarrollo, la vida es más imbricada que lo que cabe en el pensamiento más benévolo. Particularmente, si acaso vivir ocurre entre los avatares que disponen realidades políticas cerradas y oscuras. Es el caso que infunde tristezas, tormentos y contradicciones. También, desengaños, incertidumbres y confusiones. Cuando el hombre se afianza en lo que reproduce su imaginación en contraste con la realidad percibida, entra en consideración el dilema de la vida. Un dilema que lleva a enfrentar las coyunturas que cada situación vivida ofrece. Escribía el filósofo y economista del siglo XIX, Antoine Francois Rondelet, “en la vida sólo hay dos partidos entre los que es preciso escoger: venderse o entregarse”. Pero en las realidades de un mundo tiranizado, como el que acosa a Venezuela, habría que elegir entre correr, asomarse o esconderse. Es decir, entre aliarse al enemigo, o combatirlo con la contundencia de una estrategia convincente y decidida. Y aunque la vida puede tolerarse, aún en medio de problemas harto insidiosos, no deja de ser una ventana que permite distinguir por dónde es posible escapar de los zarpazos y trancazos que rasgan la piel. Y hasta el alma. Tanto que agrietan al pensamiento. Justo ahí, se hace posible construir el lugar y justificar el momento para sembrar esperanzas. A sabiendas que los tiempos son profundamente difusos o inciertos. Aunque no es de dudar que en tiempos de tiranía “la vida es un pánico en un teatro en llamas” como lo profirió Jean Paul Sartre cuando su discurso se debatía entre la nada y la existencia. Pero cuán difícil se tornan las decisiones que conducen a objetivos preclaros, si la vida se ve ante el influjo de un régimen que confunde el ejercicio de la política con la imposición de arbitrariedades. Solamente, para saciar las avaricias y codicias de sus gobernantes. Es lo que pasa en el socialismo. Un sistema político que hace imposible conciliar las verdades con las necesidades. La teoría con las realidades. El socialismo, en su concepción politiquera y vulgarizada, es un estado policial que alcahuetea el ejercicio del poder en manos de depredadores y rufianes de toda calaña. En el centro de tan crítica situación, no resulta fácil reflexionar la vida. Más aún, cuando las circunstancias dominantes hacen verla como una pelea o forcejeo contra el tiempo. Sobre todo, en un mundo política, social y económicamente tan discordante que hace ver la vida como apenas un instante. Al final, la fuerza de una tiranía hegemónica deviene en continuos actos de irrespeto hacia la dignidad de la persona. Y además, incita la ejecución de medidas de desprecio a la prosperidad y bienestar de la gente. Precisamente, es el punto en el que aterriza el problema cuando de seleccionar el camino de vida se trata. Cada ser humano deberá elegir o decidir, lo que será en cada momento de su vida. Pero en medio de la represión bajo la cual se sirve de poder un régimen político sellado, podría entenderse, resolverse y analizarse el dilema de la vida (en tiempos de tiranía). |
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