La tranca del cambio
Escrito por Fernando Luis Egaña   
Martes, 05 de Enero de 2016 02:29

La tranca del cambio
Fernando Luis Egaña
Hay que destrancar el cambio. Es lo que quiere la abrumadora mayoría de los venezolanos. Por eso Maduro y Cabello tienen que salir del control del poder. Y tienen que hacerlo por las vías que la Constitución dispone. Que son variadas y democráticas.  Tienen que hacerlo porque no pueden, no quieren o no saben entender la tragedia que acontece en Venezuela, de la cual son responsables en primera línea.
Para ellos, aquí no pasó nada el 6-D. Si se revisan buena parte de las declaraciones que se presentan como “autocríticas” ante los referidos resultados, uno pronto se da cuenta que de autocríticas no tienen ni la silueta. Así por ejemplo echarle la culpa a la “ineficiencia en combatir la guerra económica”, no puede ser una autocrítica, porque implica darle crédito a ese gran embuste de la supuesta guerra económica...
O alegar que falló la política comunicacional para dar a mejor conocer los logros de la “revolución”, tampoco es una autocrítica válida, porque no cuestiona el fondo del desastre en que Venezuela está sumida, precisamente, por causa de la pretendida “revolución”.
En realidad, con muy contadas excepciones, la vocería del oficialismo es incapaz de formular una autocrítica que valga la pena llamarse así. Y ello por una razón sencilla: la autocrítica es verdadera cuando conduce a la rectificación, si no, no es autocrítica sino disimulo, u oportunidad para pasar facturas internas por los incordios endógenos.
Sin autocrítica sincera y exhaustiva no hay posibilidad de rectificación. Como lo primero ni se vislumbra, lo segundo tampoco. ¿Y qué significa esto? Pues que todo ira de mal en peor. Todo lo que dependa de la acción o inacción de la hegemonía, que es casi todo. La nueva Asamblea tiene facultades constitucionales de gran importancia, pero se desenvolverá dentro de un contexto político más amplio que no se los quiere reconocer.
Confrontación aparte, la posibilidad de que se articule una rectificación gubernativa desde la Asamblea opositora, es una eventualidad que debe hacerse realidad. Es un mandato del pueblo.
Pero sin una rectificación amplia y consistente, es absolutamente imposible cambiar el rumbo trágico de la situación económico-social, de seguro la preocupación más urgente de la gran mayoría de los venezolanos. Sin esa rectificación, al país se le angostan las alternativas. Se le cierran los caminos. Se le empuja con más saña hacia el abismo de la violencia. Ojalá y nada de ello fuera así. Ojalá...
Pero todo esto de las impugnaciones, del “parlamento comunal”, del boicot a la nueva Asamblea por parte de la hegemonía, y demás maniobras, todo esto, repito, apunta en una sola dirección. Nada de rectificación. Nada de autocrítica. Pura ambición de trancar el cambio. Y al cambio hay que abrirle paso.
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altHay que destrancar el cambio. Es lo que quiere la abrumadora mayoría de los venezolanos.

Por eso Maduro y Cabello tienen que salir del control del poder. Y tienen que hacerlo por las vías que la Constitución dispone. Que son variadas y democráticas. Tienen que hacerlo porque no pueden, no quieren o no saben entender la tragedia que acontece en Venezuela, de la cual son responsables en primera línea.

Para ellos, aquí no pasó nada el 6-D. Si se revisan buena parte de las declaraciones que se presentan como “autocríticas” ante los referidos resultados, uno pronto se da cuenta que de autocríticas no tienen ni la silueta. Así por ejemplo echarle la culpa a la “ineficiencia en combatir la guerra económica”, no puede ser una autocrítica, porque implica darle crédito a ese gran embuste de la supuesta guerra económica... 

O alegar que falló la política comunicacional para dar a mejor conocer los logros de la “revolución”, tampoco es una autocrítica válida, porque no cuestiona el fondo del desastre en que Venezuela está sumida, precisamente, por causa de la pretendida “revolución”.

En realidad, con muy contadas excepciones, la vocería del oficialismo es incapaz de formular una autocrítica que valga la pena llamarse así. Y ello por una razón sencilla: la autocrítica es verdadera cuando conduce a la rectificación, si no, no es autocrítica sino disimulo, u oportunidad para pasar facturas internas por los incordios endógenos. 

Sin autocrítica sincera y exhaustiva no hay posibilidad de rectificación. Como lo primero ni se vislumbra, lo segundo tampoco. ¿Y qué significa esto? Pues que todo ira de mal en peor. Todo lo que dependa de la acción o inacción de la hegemonía, que es casi todo. La nueva Asamblea tiene facultades constitucionales de gran importancia, pero se desenvolverá dentro de un contexto político más amplio que no se los quiere reconocer. 

Confrontación aparte, la posibilidad de que se articule una rectificación gubernativa desde la Asamblea opositora, es una eventualidad que debe hacerse realidad. Es un mandato del pueblo. 

Pero sin una rectificación amplia y consistente, es absolutamente imposible cambiar el rumbo trágico de la situación económico-social, de seguro la preocupación más urgente de la gran mayoría de los venezolanos. Sin esa rectificación, al país se le angostan las alternativas. Se le cierran los caminos. Se le empuja con más saña hacia el abismo de la violencia. Ojalá y nada de ello fuera así. Ojalá...

Pero todo esto de las impugnaciones, del “parlamento comunal”, del boicot a la nueva Asamblea por parte de la hegemonía, y demás maniobras, todo esto, repito, apunta en una sola dirección. Nada de rectificación. Nada de autocrítica. Pura ambición de trancar el cambio. Y al cambio hay que abrirle paso.

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