Gays, lesbianas y "trans" votan
Escrito por Gisela Kozak Rovero   
Martes, 10 de Abril de 2012 07:16

altRecuerdo cuando Henrique Capriles Radonski indicó ante los medios que el matrimonio homosexual no es el gran problema de los venezolanos, refiriéndose a los 28 millones de pobladores del país.

Posteriormente en una entrevista para la prensa fue más abierto con el tema, aconsejado por sus asesores y, suponemos, que por Leopoldo López, quien es el primer político venezolano en tomar como suya la bandera de los derechos civiles de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT). Por supuesto, los medios preguntan en función de que se trata de un tema incómodo y aunque me consta que hay comunicadores que lo hacen con conocimiento y buena voluntad, otros no manejan suficientemente el tema. Por demás, la palabra matrimonio está relacionada más con ritos religiosos que con el derecho civil y los derechos humanos; uniones civiles es más adecuado. Tales uniones son solo una parte de las aspiraciones de un sector de la población venezolana cuya preferencia sexual o identidad de género significa un inconveniente para su vida laboral, familiar, estudiantil, personal o pública. Pero el hecho de que se trate de las aspiraciones de un sector y no de TODA la población venezolana no puede ser un obstáculo para que sean atendidas por el futuro gobierno de la unidad nacional, sobre todo si tomamos en consideración que ese gobierno será presidido por un político que se define como admirador de Lula Da Silva, bajo cuya magistratura los sectores LGBT consiguieron importantes reivindicaciones.

Los hombres homosexuales, las mujeres lesbianas, las transgéneros femeninas (nacidas varones pero con identidad de género femenina) y los masculinos (nacidas hembras pero con identidad de género masculina) sufren discriminaciones por su orientación sexual, forma de amar y apariencia que puede traducirse incluso en asesinatos, como acaba de pasar en Chile con un desafortunado joven víctima de neonazis. El propio Capriles, que no es homosexual, ha sido víctima de infames ataques y comentarios impertinentes del oficialismo a sabiendas que la idea de un presidente "gay" no cabe en la cabeza de mucha gente. Manera más baja y sucia de desprestigiarlo no cabe, porque es equivalente a echarle en cara a alguien su condición de negro o de mujer con el fin de restarle votos.

Pero que Capriles no sea homosexual, no es el punto, porque aunque lo fuese tendría derecho a ser presidente. El punto es que es vergonzoso que tales cosas ocurran en pleno siglo XXI y, sobre todo, que los políticos venezolanos evidencien su desconocimiento de las grandes causas relativas a derechos humanos en el mundo. La unidad democrática no puede caer en el mismo error de este gobierno militarista que nos ha puesto en los últimos lugares de América del Sur en cuanto a derechos civiles de LGBT.

Además, se calcula que los sectores LGBT pueden conformar del 8 al 10% de la población adulta: alrededor de 1.500.000 votos potenciales...

¿Entonces?

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