| Diosdado al Assad |
| Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs |
| Jueves, 15 de Marzo de 2012 08:04 |
¿Debe la oposición, hoy más unida que nunca y fuerte como no lo estuviera jamás, permitirle jugar a matarife sirio?
“Fortaleza. El ejemplo de ustedes nos servirá a nosotros cuando la oposición quiera aplicar la misma receta en tierras de América. Resistiremos tal y como lo hace Siria”, expresó el presidente Diosdado Cabello al embajador Abbas. Tribuna Popular, 13 de marzo de 2012 Bien decían nuestros abuelos que “la necesidad tiene cara de hereje”. Como mordido por un mastín de aperrear indios en las nalgas, corre Diosdado Cabello para ver si termina de encaramarse en el coroto antes que sus voraces competidores. Que el sillón está vacante y desde el 6 de diciembre de 1998 ha quedado significativamente claro que sentarse en él es cosa de tener los apéndices y la caradura necesaria. Que al sillón, después de Chávez, poco le importa que el heredero se llame Diosdado, Nicolás, Elías, José Vicente o Rangel Silva. Ciertamente, nuestro teniente Al Assad es multimillonario, una de las más poderosas razones para llegar a primer mandatario del tercer milenio venezolano. Controla sectores fundamentales de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, segundo elemento significativo para aspirar a desalojar al caudillo sin despertar una rebelión castrense de vastas proporciones. Es osado, cauteloso y duro de matar, como lo ha demostrado todos estos años a la sombra de los figurones que lo desplazaran del primer plano del universo chavista. Y como todos sus congéneres del 4 de febrero, es traidor por naturaleza. ¿O alguien cree que quien conspiró, juró en vano y pretendió asesinar al presidente constitucional de la República es sujeto de fiar? Un golpista tipo Chávez, Diosdado, Arias Cárdenas o cualquier otro, es, por esencia, un traidor. Cargará con la mácula de la traición de por vida, así se devuelva a medio camino y haga prueba juramentada de su nueva lealtad a los principios democráticos. Suficientes atributos como para haber emergido súbitamente, haber desplazado de un manotazo al comandante Ramiro, alias Soto Rojas, al frente de la Asamblea y haberse apropiado ipso facto del poder del partido de gobierno, precisamente cuando la gravedad del teniente coronel hace presagiar su violento eclipse, abriendo las puertas para que se apodere de la República quien lo secunde. En esa batalla soterrada, en esa lucha a cuchillos que se libra entre los satélites del Rey Sol, Diosdado ha puesto todos sus elementos en juego: su fortuna, su osadía, su inteligencia. Y para que no quedara ninguna duda, ha comenzado a hablar como el propio, a fungir como el propio, a amenazar como el propio y a prometer tierra arrasada, campo de concentración y atentados al por mayor a su más encarnizado enemigo: Henrique Capriles Radonsky, muy posiblemente futuro presidente de la República. He allí la razón del por qué Diosdado Al Assad grita, despotrica, golpea la mesa y eleva el gaznate como nadie ha osado hacerlo sin tener el poder suficiente como para darle un palo a la lámpara o intentar, ¿quién se lo prohíbe?, un sencillo golpe de Estado. La forma escogida por nuestro Al Assad para ponerle la pata encima a Nicolás Maduro o a Adán Chávez, sus más feroces contrincantes en el interior del chavismo, ha sido jugar a ser más chavista que Chávez. Y así, mientras Nicolás Maduro vela al pie del enfermo y se acoge a la protección de los emperadores Castro, y Adán juega al mecanismo coreano castrista de esperar la herencia de la sucesión, Diosdado Al Assad despliega las velas de la campaña a campo traviesa. Como lo demostrara con sendo acto proselitista en la isla de Margarita, con movilización y toda la parafernalia de un candidato – capacidad de convocatoria y mucho poder de fuego financiero. Para culminar tronando como prospecto jupiterino y declarándose, vaya sorpresa, admirador del carnicero de Bagdad. Pues para imponerse en ese nido de alacranes – Müller Rojas dixit – hay que romper los récords de los matarifes. Y estar dispuesto a amenazar con sable, lanza y machete. ¿Debe la oposición, hoy más unida que nunca y fuerte como no lo estuviera jamás, permitirle jugar a matarife sirio? ¿Debe trancar sus puertas ante el resoplido del cochinito del Furrial? ¿O debe pararlo en seco y dictarle las reglas de la convivencia política a quien pretenda asumir el fardo del chavismo en retirada y sobrevivir a la debacle del paciente de los Hermanos Castro? Si Diosdado pretende librar con suerte del tsunami que se aproxima deberá jugar con otras cartas. Y no olvidar jamás dos consejos: el pescuezo no retoña y al enemigo que se retira, puente de plata. |
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