| Exceso de normalidad |
| Escrito por Ignacio Ávalos Gutiérrez |
| Miércoles, 29 de Febrero de 2012 04:50 |
No es sabio, entonces, fingir un exceso de normalidad, como si no estuviera pasando lo que está pasando y el país pudiera gobernarse desde una clínica cubana
I. Si uno mira, siquiera por encimita, la historia venezolana, observa que los gobiernos de naturaleza personalista, con sus diversos matices (autoritarios, caudillistas y otras yerbas similares), han sido, en dosis variables y con estilos distintos, según las épocas, una marca en la forma como se ha conducido al país. En este sentido, Hugo Chávez no ha inventado un modo político, simplemente lo ha exacerbado hasta límites desconocidos en nuestra pasado reciente. A nadie debe extrañar, entonces, el revuelo que ha causado la enfermedad que lo aqueja. Su ausencia política, un escenario que nadie descarta (ni siquiera los que declaran que lo descartan), plantea enormes y graves interrogantes, aunque en los predios gubernamentales se haya optado más bien por el disimulo: ¡Pa’ lante, comandante! II. Venceremos también en esta batalla, clama, entonces, el propio Chávez. No dejaremos que un cáncer le dé la victoria a la derecha, afirma un amigo mío, también en plan épico militar, mientras por otro lado se organizan plegarias a todos los dioses para que el máximo líder se recupere y algunos caen en el despropósito de manosear políticamente la enfermedad. Sin embargo, los hechos son tercos, como solía decir Lenin, no se pueden dejar de lado, como si fueran un dato chicloso que se toma en cuenta según encaje en los propios intereses. No se puede ignorar, por tanto, la información que se nos suministra de manera oficial y la que obtenemos por otros medios, incluso extranjeros, indicando que reapareció el cáncer del Presidente, un hecho muy grave desde el punto de vista médico y, más allá de la lamentable tragedia personal que significa, muy grave, así mismo, desde el punto de vista político, no sólo porque asoma la posibilidad de que no pueda encarar las elecciones de octubre o de que lo tenga que hacer en medio de no pocas dificultades físicas, sino porque la noticia tiene lugar en una sociedad cuya institucionalidad anda de tropiezo en tropiezo. III. No es sabio, entonces, fingir un exceso de normalidad, como si no estuviera pasando lo que está pasando y el país pudiera gobernarse desde una clínica cubana, mientras el vicepresidente Jaua se pregunta cuál diablos es su función en el organigrama de la administración pública. No conviene ignorar, así pues, que el Gobierno, cuya hoja de servicios no es muy buena que se diga, ha aumentado visiblemente sus carencias y fallas desde que le descubrieron un tumor al Presidente, el año pasado. O desconocer que no hay sucesores a la vista, a pesar de que las ambiciones no se puedan derogar, sino apenas esconder y postergar, mientras les toca el momento de manifestarse, casi siempre de mala manera y en medio de severas pugnas internas. O que el PSUV no calza los puntos de un partido político, sino que es escasamente una agencia electoral, amueblada por un presumido discurso ideológico. O, en fin, pasar por alto que el chavismo es un movimiento político demasiado surtido, casi exuberante, capaz de permitir en su seno a derechistas e izquierdistas, militares y civiles, boliburgueses y proletarios, demócratas y autoritarios, gracias a una jefatura que nadie osa contrariar. No alcanza, pues, con encender la Cruz del Ávila. A partir de la información que, en días pasados, nos transmitió el propio Presidente, no anticipar las consecuencias de su posible falta es un acto político irresponsable, no sólo de cara al chavismo, sino también frente a todo el país. Harina de otro costal En un foro, llevado a cabo recientemente en México, se señaló que, después de un siglo, la guerra contra las drogas lo que ha hecho es fortalecer el crimen organizado, desestabilizar gobiernos y acabado con vidas humanas. El narcotráfico es un asunto de oferta y demanda, se repitió por enésima vez, pero Estados Unidos, el principal mercado, junto con Europa, reiteró, igualmente, su negativa a la legalización de las drogas. Allá es un tema de salud pública, mientras que en los países latinoamericanos es, más que nada, un problema de seguridad. Nosotros ponemos los muertos y ellos ponen los consumidores, fue la lapidaria conclusión del evento. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla www.el-nacional.com / OyN |
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