| Chávez y el fantasma del voto oculto |
| Escrito por Vladimir Villegas (periodista) |
| Martes, 21 de Febrero de 2012 20:48 |
El Gobierno, el partido y el líder único aún no terminan de asimilar el resultado de las primarias del pasado 12 de febrero, y por eso pasan de una estrategia a otra
para responderle a la base chavista, que todavía reclama explicaciones coherentes por lo que pasó.Este resultado ha puesto en evidencia que Gobierno, partido y, sobe todo el líder, ya comienzan a ver como una posibilidad cada vez más real la derrota en el venidero mes de octubre. Por eso a las primeras de cambio trataron de desconocer que más de 3 millones de venezolanos fueron a votar en las primarias. Luego, en vista de que ello no era posible, pasaron a la guerra sucia, al insulto contra Henrique Capriles. Y como allí tampoco estaba la clave de la respuesta que la militancia y el pueblo esperaba, entonces apelaron a lo que ya es moneda corriente durante todos estos años: la confrontación. Chávez no tuvo más remedio que admitir el hecho cierto de que más de 3 millones de personas de carne y hueso atendieron el llamado a elegir su contrincante. Y remató con algo que ni él mismo cree: "Yo esperaba que votara más gente". De ahí entonces ha pasado a potenciar el discurso confrontador que le dio buenos resultados en anteriores procesos. Y vuelve a hablar de una eventual guerra si gana la oposición. No es fácil que esta vez vuelva a funcionar ese esquema de confrontación. Y una razón es que la absoluta mayoría de los venezolanos no quiere esa agenda sino una en la cual la prioridad no sea otra que la solución a graves problemas que aún persisten en materia de salud, vivienda, seguridad, empleo, inflación y pobreza. Las constantes protestas de sectores populares identificados con el chavismo revelan decepción, inconformidad, desengaño, impaciencia y frustración. Y eso no tiene nada de contrarrevolucionario, sino por el contrario, es la fuerza que impulsa los cambios, porque de la decepción, del descontento y de la frustración hay muy poca distancia a la convicción de que hay que buscar una nueva alternativa. Así le pasó al pueblo adeco y al pueblo copeyano. Ese mismo pueblo que votó por Chávez cuando lo consideró una esperanza. El drama del Gobierno es que ya huele a pasado, es que perdió la capacidad de enamorar a nuevos sectores sociales, y cada vez es más capaz de perder adeptos. Por eso la reacción frente a las primarias, y por eso el empeño en darle a esta campaña el tono épico de siempre, para presentarla como la batalla del bien contra el mal. A Chávez le puede pasar en estas elecciones, y creo que ya comenzó a sucederle, lo que le ocurre al boxeador que tiene la pegada y expone su rostro y su cuerpo a recibir castigo con la esperanza de que con una sola mano puede acabar el combate. Esa estrategia revela desesperación frente a un adversario que no parece dispuesto a encajar en su estilo. Tal vez los números le indiquen que por esa vía puede cohesionar su piso político y su votación dura. Pero hay algo que se ha convertido en un factor que amenaza la tranquilidad tanto del candidato presidente como de sus seguidores: la posibilidad cada vez más real de que haga su aparición, como creo que ocurrió el 12 de octubre, el fenómeno del voto oculto. Es un misterio que no podrá ser resuelto el porcentaje de empleados públicos, de inscritos en el PSUV y de beneficiarios de las misiones que votaron el pasado 12 de febrero. Y eso, como dice la consigna, los tiene locos. Ese voto oculto puede aparecer con más fuerza en octubre y convertirse en el factor decisivo para que a partir de la entrega del coroto, Hugo Chávez pase a ser el jefe de la oposición. Daniel Ortega tiene un rollo de ese pabilo. Y Violeta Chamorro, quien lo derrotó cuando nadie daba medio por ella a excepción de la encuestadora Doxa, del venezolano Gustavo Méndez, tiene la otra punta. No hay nada más fuerte que la voluntad oculta de votar en contra...
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