La risa y el olvido
Escrito por Juan Carlos Apitz   
Lunes, 23 de Enero de 2012 08:48

altRecientemente, durante la Memoria y Cuenta del 2011 en el Palacio Federal Legislativo, el Jefe de Estado respondió airado a una increpación que le hiciera María Corina Machado

así: "Águila no caza moscas. Ya que usted me llamó ladrón delante del país...", y, "...le sugiero que gane las primarias, diputada, es lo primero que tiene que hacer porque está fuera de ranking para debatir conmigo". Ello evidencia la inmensa vanidad de este "Libertador de los nuevos tiempos", ante eso propongo la risa. En principio, la vanidad es el defecto cómico por excelencia, dice Henri Bergson (1849-1941).

En efecto, la risa se produce cuando percibimos la mecanización de la vida. La rigidez en cualquier proceder humano resulta hilarante porque da testimonio de un intelecto engreído del que bien vale la pena mofarse.

Nuestro Rafael Cadenas, al componer sobre la vanidad, nos advierte: El insignificante emperador de Liliput / se consideraba a sí mismo, / sin mostrar ninguna prueba, "terror y delicia del Universo", / aunque había conocido / a un destacado agente /del entonces mayor Imperio, /que decía llamarse Gulliver.

Así, en el personaje cómico debe resaltar algún defecto.

Este último se presenta no tanto en su inmoralidad sino en su insociabilidad. Son las torpezas a las que se entrega el personaje las que entibian la simpatía del lector y le dan la distancia suficiente para reír. Nuestro Comandante-Presidente-Libertador sería uno de los grandes ejemplos: el personaje vive un olvido de sí que le impide darse cuenta que la realidad no se corresponde con su Revolución Bolivariana y él no es un Libertador de América. Sin embargo, lo que está de fondo en su locura es una soberbia demasiado humana.

Sólo la vanidad puede darnos el toque de una preparación idealmente risible. En este caso, el personaje presenta una indulgencia para consigo mismo casi sin escrúpulos: los ideales bolivarianos llevaran al vanidoso presidente a poner en riesgo la majestad de su cargo en situaciones completamente absurdas. Su presunción de Neo-Libertador no tiene asidero más que en su cabeza y, sin embargo, a ella se le debe la pasión de estos catorce años de gobierno. En el desenlace de su historia personal, su melancolía nos dejará ver un orgullo con heridas casi imposibles de sanar debido a su grado de irrealidad. En el fondo, la vanidad del Comandante-Presidente-Charlatán consiste en pretender amoldar los objetos a las ideas. Lo cómico reside en la mecanización de la vida porque cualquier automatismo supone una actitud de dominio sobre la realidad que conlleva una ceguera ante el azar, las contingencias del tiempo y sus procesos concretos.

La risa tiene, entonces, la función de corregir la inflexibilidad de los marcos sociales en que nacemos. Nos permite experimentar a diario con nuestras conductas a sabiendas de que una sutil forma de crueldad puede hacernos ver nuestro propio absurdo. Así una risotada no es un remedio para la estupidez sino una herramienta para moderarla y de vez en cuando burlarla. Seguramente, será por eso que Milan Kundera, en El libro de la risa y el olvido, sentenció: "La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido".

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@justicapitz


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