| El final |
| Escrito por Alidha Ávila |
| Martes, 29 de Noviembre de 2011 03:19 |
Diera la impresión, Presidente, de que usted no está leyendo al país. Quizás se deba a su enfermedad, a propósito de la cual, como millones de venezolanos,
ya no sé qué pensar: un día nos anuncia que, gracias al milagro de Fidel Castro y José Gregorio Hernández en ese orden, no existe en el país nadie más sano que usted, mientras que otro, como en el acto de la Plaza O Leary, nos dice que debe cuidarse porque todavía no está del todo bien. En qué quedamos, ¿está curado o no? Lo cierto es que al margen del motivo que lo aleja del palpitar de la calle, eso de encadenarse para repetir el cansino discurso con el que nos atosiga desde hace trece años, para intentar opacar el acto histórico que todo el país estaba esperando, fue un error político colosal. Permitió comparar en tiempo real dos maneras de concebir al país: la suya, llena de odio y resentimiento, abusiva y corrupta, con la que representan los precandidatos de la Unidad, inclusiva, con ideas modernas y claras sobre cómo enrumbar al país después del diluvio que ha supuesto su régimen, radicalmente democrática y republicana.Gracias a su inútil prepotencia los ciudadanos pudimos contrastar el pasado que queremos dejar atrás con el futuro que, entre todos, queremos construir. El hecho, Presidente, es que usted está ya incapacitado, no digamos para resolver los ingentes problemas que nos acucian, sino para siquiera percibirlos. ¿Y sabe por qué? Como Fidel Castro, a fin de poderle sacar los recursos que su régimen necesita para sobrevivir, secundado por el alto mando militar y el grupito de adulantes que lo rodea, lo han convencido de que usted es poco menos que Superman, ha caído en el error que llevó a su final a todos aquellos que en la Historia devinieron en usurpadores del poder: el abyecto culto a la personalidad, cuya consecuencia más funesta para usted, claro, pero también para nosotros los ciudadanos es que sólo puede rodearse de seres mediocres, dispuestos siempre a decirle lo que usted desea escuchar, nunca la verdad de los hechos. Y por eso vamos como vamos, Presidente: el país se cae a pedazos, el pueblo protesta a lo largo y ancho de la geografía nacional, reclamando por todo lo que ha prometido y no ha cumplido, y usted ni se entera. No piense que le digo estas cosas para que reflexione y cambie su manera de entender el poder, ya es muy tarde para eso. Se las digo, para que, cuando el 7 de octubre de 2012 le lleguen a Miraflores los resultados del tsunami democrático que se va a producir, no vaya a culpar a nadie: usted y sólo usted labró su final, como lo labraron todos aquellos cuyo enfermizo narcisismo les llevó a creer que sólo ellos eran el mundo y a su alrededor sólo existían seres inferiores. Craso error, Presidente. Tarde o temprano los pueblos despiertan. Siempre. TC |
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