| El terremoto olvidado de 1900: Cuando Guarenas y Guatire temblaron con fuerza |
| Escrito por Dr. José Alberto Olivar | @JAOlivarp |
| Domingo, 19 de Julio de 2026 00:00 |
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Hoy el país está de duelo, en medio del estupor generado por el saldo trágico de víctimas y de familias desconsoladas por las pérdidas humanas y materiales. Si bien los grandes movimientos telúricos del pasado 24 de junio se hicieron sentir en las poblaciones de Guatire y Guarenas, su impacto no es comparable, de modo alguno con la devastación sufrida en la Guaira. En los últimos días se ha vuelto moneda corriente, hacer remembranza de sismos ocurridos en el pasado, sobre todo el que afectó a Caracas en 1967. Pero poco se dice del llamado terremoto de San Narciso registrado el lunes 29 de octubre de 1900. Aquella violenta sacudida cuya magnitud ha sido estimada por algunos entre 7.6 y 8.4, tuvo su origen en la falla de San Sebastián, frente a las costas de Cabo Codera. La onda sísmica se propagó hacia el centro-occidente y nororiente venezolano, causando alarma y daños en diversas localidades, entre ellas, Guatire y Guarenas. De acuerdo con testimonios parroquianos de la época, unos dijeron haber visto momentos antes del suceso natural, una claridad azulada que iluminó extrañamente el cielo. Otros llegaron a atribuir el temblor, a la caída de un meteorito en las cercanías de Guatire, produciendo un efecto formidable en la tierra y en el aire. Y los más avezados en el arte de la hablilla, desempolvaban el viejo mito sobre la existencia de un supuesto volcán apagado en la silla del Avila. Lo cierto es que nada hizo presagiar la catástrofe que se avecinaba. Los lugareños dormían desprevenidos cuando de pronto, a las 4:42 de la madrugada, sobrevino un terrible traqueteo que duró apenas unos segundos, pero que parecieron una eternidad. La penumbra habitual, apenas rasgada por la tenue luz de las velas, hizo aún más sombría la escena de terror de quienes despertaron de súbito, intentando escapar de sus endebles aposentos construidos de tapia y bahareque. Un vecino de Guarenas llegó a relatar días después cómo el estruendo lo arrojó a la calle desde la planta alta de su casa. Aunque cayó envuelto entre los escombros del techo y las paredes, milagrosamente solo sufrió la fractura de una de sus piernas. Otros no tuvieron tanta suerte; en Guatire, a una familia le colapsó el techo del cuarto donde dormía, falleciendo en el acto.
Y en efecto, mientras en Caracas sus habitantes apenas asimilaban su propio drama, ya en las primeras horas de la mañana, por vía del intermitente servicio cablegráfico, llegaron las primeras informaciones que daban cuenta de las lamentables perdidas ocurridas en Guarenas, Guatire y Macuto. El Boletín de la Agencia Pumar de Caracas fue el primero en publicar la infausta noticia: “Guarenas, 9 hs. 15 ms-a.m. Catástrofe horrorosa aquí. Casi todo el pueblo en el suelo. Muchos muertos y heridos. Igual suerte ha corrido Guatire”. De hecho, el símbolo de tal catástrofe en Guatire fue la destrucción casi total de la Iglesia parroquial de Santa Cruz de Pacairigua. Sus imponentes torres y parte de la nave central se vinieron abajo, sepultando siglos de historia colonial. Las principales calles quedaron intransitables por los montones de escombros de las fachadas caídas. Quienes lograron salir a tiempo de sus casas pasaron los días siguientes acampando en las plazas o en el patio de sus malogrados hogares por temor a las réplicas. En Guarenas se reportaron grandes grietas en el suelo y graves daños en las haciendas de caña de azúcar de la zona. Varias personas con nexos de parentesco o amistad en Caracas emigraron a la también castigada capital, intentando escapar del pánico profundo. Ante la aflicción de los sobrevivientes —entre ellos numerosos heridos—, el Ejecutivo Federal ordenó el envío inmediato de un cuerpo médico integrado por un médico director, un cirujano mayor y tres practicantes. El equipo fue trasladado en una supuesta “ambulancia” que, en realidad, no era más que una rudimentaria carreta tirada por mulas. Entre tanto, los sobrevivientes organizaron cuadrillas vecinales para remover escombros con sus manos y rescatar a los atrapados. Dos Juntas de Socorro fueron establecidas en Guatire y Guarenas. La primera integrada por el Pbro. J.M. Isturiz y los señores Antonio García Guerra, Leopoldo Beltrán, Sandalio Berroterán y Manuel Oramas. La segunda por el Pbro. José Meleán, los señores Nemecio Ramírez, José de la Cruz Jaspe, Francisco Ascanio y Francisco R. García. Al paso de los días, una ola de solidaridad local se despertó en gran parte del país. Se organizaron Juntas de Auxilio en Cumaná, Puerto Cabello, La Victoria, para reunir fondos destinados a socorrer a las víctimas. El diario El Tiempo en su edición del 16 de noviembre de 1900, publicó un resumen de las pérdidas ocasionadas por el terremoto en Petare, Guarenas y Guatire, indicando un total de 41 muertos, 269 heridos, 358 casas caídas y 91 haciendas en ruinas. Así, bajo el pavor inducido por las constantes réplicas que mantuvieron en vilo a la población, poco a poco se fue restableciendo la normalidad y los habitantes comenzaron a reconstruir sus hogares y propiedades destruidas.
Fuentes: Caricatura “Gratitud latente”, publicada en La Linterna Mágica, Caracas, 14 de diciembre de 1900. Imagen: “Guatire. Plaza de la Iglesia”. Fotografía de Antonio Gil García. El Cojo Ilustrado, n° 215,1° de diciembre de 1900.
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