| Conducta mantuana |
| Escrito por Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán | @lombardiboscan |
| Miércoles, 10 de Junio de 2026 01:54 |
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que pudo viajar cuando nadie viajaba al exterior y contrajo matrimonio en Madrid con señorita de apellido y alcurnia, nunca entendió al llamado Pueblo. Sus rencillas contra Piar, Páez y Padilla no fueron casuales. Eran negros, pardos y llaneros. Era un tipo de gente ajena a su clase social. Boves tuvo arraigo popular. Páez, también. Por ello son victoriosos en una guerra sin pólvora y con alpargatas. Una guerra sin dinero ni ejércitos napoleónicos. Las ideas continentales de Bolívar producto de su cultura europea e hispánica (la Gran Colombia era la imitación de los Virreinatos) entró en conflicto con los líderes de parcelas. Gulliver vs los enanos, (Jonathan Swift, 1667-1745, escritor y clérigo anglo-irlandés, cuya consideración hacia los caballos como seres superiores a los humanos tiene muchos adeptos). Obviamente, ganaron los enanos. Aunque esos enanos representan la realidad sociológica de la mayoría de la población. Las élites, una minoría social encumbrada, nunca les representó. Ya que se representaba a sí misma y se volvía endogámica. La invivencia social condenó los imprescindibles acuerdos y concesiones. No se podía ser republicano y popular cuando tú clase social es la aristocracia terrateniente colonial. Una Revolución hecha por mantuanos, la estirpe más rica y poderosa del momento. Proclamaron la República siendo los patronos del conservadurismo más rancio. Elite colonial que procuró auto preservarse aparentando seguir las novedades doctrinales derivadas de las revoluciones inglesa (1688); estadounidense (1776) y francesa (1789). Bolívar, padre de la Revolución, renegó de ella. No había desatado el Apocalipsis para que unos negritos analfabetos y salvajes tomaran el poder. Su odio a la pardocracia quedó atestiguado en sus cartas y libelos. Las grandes constituciones fundacionales como la caraqueña de 1811, la de Angostura en 1819 que lanzó al ruedo el quimérico proyecto de la Gran Colombia (1819-1831) y la de Cúcuta en 1821: nunca se plantearon conceder a las masas “todo el poder”.
Fueron proyectos legislativos embrionarios hechos a la medida de los patricios como clase social. El mismo Bolívar los terminó de torpedear a todos. Su Constitución de Bolivia (1826), un acto de la vanidad suprema, sugería que sólo un Yo Supremo podría gobernar. Sus coqueteos, ya prisionero de la decepción y con el rechazo de sus principales lugartenientes, con la fórmula de un Protectorado británico: cuestionó en vida la incapacidad de sus propios compatriotas para evitar la anarquía. Aún hay gentes muy patriotas que justifican éste derroche de malas decisiones como el acto desesperado de un paladín enfrentado a las furias que él mismo desató. “¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!”. (1830, última proclama) Bolívar hasta el año 1819 es un perdedor. Los británicos le ayudaron a ganar la guerra. Junto a los neogranadinos. Y cuando entendió, que aliarse con Páez, era un asunto vital. El Estado Mayor de Bolívar era extranjero en su médula principal. Cuando llegó la Paz se desató la anarquía y Bolívar apostó por la dictadura, un gobierno Patricio junto a la tutela británica. La Constitución de Bolivia (1826) fue su más grande torpeza como estadista de acuerdo a la mayoría de sus biógrafos serios. Su gran temor fue la pardocracia. El mismo temor compartido con otro moderno e ilustrado como lo fue Francisco de Miranda, el coleccionista de vello púbico y libros sobre la guerra. El mantuanaje, hechura hispánica, no iba a desalojar a los peninsulares para encumbrar a los pardos. Haití (1791-1804) era visto como un mal ejemplo. Los esclavos seguían siendo útiles como carne de cañón fresca para las montoneras que eran los ejércitos. Caudillismo tramontano como sustituto silvestre de la majestad que emana de los monarcas. Los “presidentes” duraban el tiempo del tamaño de las guerritas que eran capaces de dar para triturar a sus enemigos. El caudillo vilipendiado es una de las consecuencias del “Minotauro Cristiano-Colonial” (J.M. Briceño Guerrero). La usual valoración negativa, con su contrapartida civilizada, moderna, tecnológica y capitalista, es una astucia intelectual de la confusión. Somos lo que somos. Los acuerdos estaban manchados con sangre. La dinámica social de la colonia apenas cambió con la república. Los pardos querían lo que los mantuanos tenían: poder y riqueza. “Con respecto a la conservación de la estructura colonial es satisfactorio observar que aun en los países donde los criollos de sangre fueron exterminados o sobrevivieron en número insuficiente para desempeñar su papel, su puesto y su función quedan como hueco a llenar que es ocupado por oleadas sucesivas de pardos, aspirantes a volverse criollos. Algunos lo logran y se convierten en nuevos criollos, fenómeno interesante para un sociólogo o para un novelista, si no hubieran reducido la ciencia social y la literatura a instrumentos de la lucha ideológica y nada más”. “Europa y América en el pensar mantuano”, J.M. Briceño Guerrero, 1981. Los bolivarianos son un buen ejemplo de la persistencia de éste complejo social irresuelto: la toma del poder y colonización del país en nombre de los excluidos sociales para asumir la vida de los ricos y sus privilegios. Hoy, son los pardos del siglo XXI devenidos en mantuanos. Así que ya desde la misma Independencia el clasismo colonial se mantuvo imperturbable hasta el presente. Modernos en la simbología y pre-modernos en las realidades sociales de la mayoría de la población. La empresa de desinformación, que es la Historia de Venezuela como engranaje ideológico, ha hecho el resto. Hacernos creer que los valores de patria, pueblo, nación e identidad son compartidos por todos cuando en realidad han sido apropiados por una minoría engordada de privilegios. E impunidad. @LOMBARDIBOSCAN
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