| La geografía perdida de Venezuela: una reflexión sobre su conciencia espacial |
| Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio |
| Viernes, 25 de Abril de 2025 06:50 |
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continentales y marítimos, variados climas tropicales, con grandes potencialidades naturales de energía solar renovable, expresada en exuberante vegetación en ambientes cálidos y húmedos. La zona calidad tropical venezolana se presenta como altamente esperanzadora en lo referente al mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes y prometedora como base del desarrollo de sus recursos naturales para el desenvolvimiento regional y nacional.” (Cunill, 1990,9)
La falta de conciencia geopolítica ha sido una constante en Venezuela desde mediados del siglo XX, reflejada en una deficiente comprensión y aprovechamiento del espacio. A diferencia de la noción alemana de Raumgefühl, o sentido del espacio, la planificación territorial venezolana ha carecido de una visión estratégica integral. Esta ausencia se manifiesta en la ineficaz gestión del territorio, desde la distribución de recursos hasta la planificación urbana, resultando en un desarrollo desigual e ineficiente. La falta de una visión espacial estratégica ha limitado el potencial del país y ha contribuido a los problemas actuales de desarrollo. Se podría argumentar que esta carencia de Raumgefühl ha tenido consecuencias de gran alcance, impactando negativamente en la economía, la sociedad y la política del país. La falta de una planificación territorial efectiva ha obstaculizado el desarrollo económico, generando desigualdades regionales y limitando el crecimiento sostenible. Además, la falta de una visión estratégica del espacio ha afectado la cohesión social, creando divisiones geográficas y exacerbando las tensiones entre diferentes regiones del país. La ausencia de una verdadera conciencia geopolítica y del Raumgefühl ha sido un factor determinante en el subdesarrollo y la inestabilidad del país. En Venezuela, la noción del espacio ha permanecido, durante décadas, como una asignatura pendiente. Desde mediados del siglo XX, la mayoría de los gobiernos han navegado a ciegas, carentes de una verdadera conciencia geopolítica, esa comprensión intuitiva del espacio, ese Raumgefühl. Imaginemos un país con un territorio vasto y diverso, una geografía que se extiende desde los Andes hasta el Orinoco, desde las selvas amazónicas hasta las costas caribeñas, sin embargo, gobernado por una visión miope, incapaz de comprender la complejidad y el potencial de su propia extensión territorial. Es como un lienzo inmenso, lleno de colores vibrantes y texturas ricas, pero que se mantiene en blanco, sin la pincelada maestra que le dé vida y significado. Esta falta de visión espacial ha moldeado el desarrollo del país, dejando a su paso un rastro de oportunidades perdidas, de recursos mal aprovechados, de un potencial geográfico que permanece inexplorado, un tesoro oculto a la espera de ser descubierto por una visión que trascienda las fronteras del presente y abrace la grandeza del espacio venezolano. Recordaba la belleza salvaje de la Orinoquia, convertida en un escenario de explotación indiscriminada; la costa caribeña, amenazada por la contaminación; la Amazonía venezolana, herida por la deforestación. Cada kilómetro de autopista atascada, cada edificio mal planificado, cada recurso malgastado, era una cicatriz en el cuerpo de la patria. El sentido del espacio no era solo una cuestión de ingeniería o de urbanismo, sino de conciencia, de visión de futuro, de respeto por el entorno y por las generaciones futuras. Era una cuestión de identidad nacional. Era una cuestión de amor por la tierra. La falta de Raumgefühl, de sentido del espacio, no es solo un problema técnico, sino una dificultad cultural y político. Recuperar ese sentido perdido es fundamental para construir un futuro sostenible y próspero para Venezuela. Solo comprendiendo y respetando el espacio que habitamos, podremos construir un país mejor.
Referencia CUNILL GRAU, Pedro. Venezuela: opciones geográficas (1990). Caracas: Fundación Eugenio Mendoza| |:|: El autor es Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el estado Mérida. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador de Doctorado en Estudios Políticos ULA.
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