| Sobre el 24 de julio y sus variantes |
| Escrito por Javier Escala |
| Lunes, 24 de Julio de 2023 17:48 |
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Los libros escolares, los programas de televisión, los historiadores y difusores aceptan la fecha como el día en que la criolla María Concepción Palacios dio a luz al futuro Libertador de Mediodía de América, como lo catalogó Simón Rodríguez cuando ya la existencia vital de su discípulo fenecía. La certeza en la veracidad de esta efeméride se sustenta en la fe de bautismo elaborada pocos días después del evento de marras: “En la ciudad mariana de Caracas, en 30 días de julio de 1783 el Dr. D. Juan Félix Xeres de Aristigueta, presbítero, con licencia que yo el insfrainscripto teniente de esta Sta. Iglesia catedral le concedí, bautizo, le puso óleo y crisma y dio bendiciones a Simón José Antonio, de la Santísima Trinidad, párvulo que nació el 24 de julio del corriente, hijo legitimo D. Juan Vicente Bolívar y de Da. Concepción Palacios y Sojo, naturales y vecinos de esta ciudad. Fue su padrino D. Feliciano Palacios y Sojo, a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación”. No obstante, pareció que para Bolívar y sus compañeros de armas esta relación no era tan exacta. Varias afirmaciones cuestionan o al menos incentivan el gusanillo de la duda sobre la fecha natalicia de Bolívar. La primera hecha por el propio protagonista de esta polémica. El 24 de julio de 1820, escribía a Santander sobre el primer aniversario de la batalla de Pantano de Vargas (25-07-1819) lo siguiente: “Mañana es san Rondón, y cumplo años yo, y todos mis compañeros en Vargas”. No sería este el primer testimonio que tenga al 25 de julio como aniversario natal. El mariscal Sucre, el militar más querido por el Libertador en sus últimos años, manifestaría desde La Paz el 28 de julio de 1825: “Mi General. El 25 en la tarde he llegado a esta ciudad; tuve el gusto de brindar en la comida por el nacimiento de Bolívar y por el de Colombia en la batalla de Vargas. Todas las cosas de U. las recordamos con gusto y entusiasmo”. Dos años después en Chuquisaca, el 20 de julio de 1827: “Hasta el próximo correo, que tenga usted mucha salud, yo beberé por ella una copa con mis amigos el 25 de este mes”. Finalmente, el 24 de julio de 1829, el conductor de Ayacucho ya retirado en Quito volvería a congratular: “Aprovecho la ocasión para felicitarlo, mañana es su cumpleaños de Usted, y de la batalla de Vargas. Mi familia se asocia para desearle largos años de vida y más largos de gloria, de felicidad y de goces”. Editoriales de prensa de la época también reseñaron congratulaciones y festejos ese día en honor al hombre cumbre del momento. El Sol del Cuzco nº 83 insertó un poema alusivo a la efeméride. La Gaceta de Colombia nº 511 reprodujo una nota del New York Journal donde se señalaba: “Simón Bolívar nació en Caracas de Venezuela el 25 de julio de 1783”. El Censor, periódico mexicano, informó el 8 de abril de 1831: “Simón Bolívar nació en Caracas el 25 de julio de 1783 y por consiguiente murió a los 47 años, 4 meses y 22 días de su edad”. Con estos testimonios, uno de ellos provenientes del mismo Bolívar, alguna historiografía ha resuelto la cuestión, amparándose en O’Leary, de que el Libertador de América nació entre el 24 y el 25 de julio, es decir, en una hora incierta de la madrugada. La discusión y la duda no quedaron zanjadas allí. En vida Bolívar fue adorado, adulado y homenajeado en numerosas regiones y domicilios. El día de San Simón, 28 de octubre en el santoral católico, fue tomado como festivo por sus acólitos en La Paz, Quito, Lima, Bogotá, Caracas y demás latitudes de la América meridional. Él mismo solía presidir, pues gustaba ser objeto de exaltaciones, las celebraciones a su santo patrono, tal como sucedió en Popayán en 1826. Sin embargo, esta fiesta propició una confusión que durante todo el siglo XIX llevó a los venezolanos esa fecha celebrar como natalicio de Bolívar. Tal desatino puede rastrearse muy temprano, en la época del ascenso político del personaje como hombre continental. Jose Manuel Groot, por ejemplo, reseñó que para 1820: “Llegado el 28 de octubre, día de San Simón, la ciudad de Bogotá no pidió dejar pasar el cumpleaños de su Libertador sin hacer la manifestación de su agradecimiento” (Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, Vol. III p. 87). Fue así que Venezuela conmemoró desde 1849, cuando Monagas instituyó la primera efeméride bolivariana, el día de San Simón como fiesta natalicia del Libertador. Para entonces el país tenía pocas celebraciones nacionales, solo el 19 de abril y el 5 de julio, decretados con ese atributo en 1834, y mucho tiempo después, en 1909, el 24 de junio. Esto no implicó la ausencia de feriados circunstanciales afines a revoluciones armadas y golpes de mando, siendo los más notorios y fastuosos los de la Revolución de Abril (27 de abril), la Revolución Restauradora (23 de mayo) y la Rehabilitación (19 de diciembre). Pero volviendo a nuestro tema, el asunto no quedaría enmendado sino por el Congreso de la República, presidido por el controvertible historiador Laureano Vallenilla Lanz, el 19 de mayo de 1918. De esta manera, con anuencia de la clase intelectual que conocía la fecha real, la sociedad venezolana reprodujo por 68 años una fiesta nacional colombiana. Monagas fue el primero en echar mano sobre Bolívar para uso político al desempolvar una conmemoración abandonada desde 1829, exhibir a su hermano como ejecutor del ideario bolivariano con la manumisión de los esclavos y presentar ante el Congreso la anhelosa idea de revivir la gran república de Colombia. Guzmán lo tornó culto y a Gómez le vino de perlas el cambio de fiesta, pues el día coincidía con su propio nacimiento y como extraña o forzada concomitancia también lo haría su deceso el 17 de diciembre de 1935. Hasta ahora todo parece estar solventado y sustentado sobre documento eclesiástico. Es una verdad inequívoca. El historiador Manuel Landaeta Rosales fue más lejos, señalando sin soporte hora de parto en las 8 de la mañana. En la actualidad, San Simón es solo para devotos, quienes en ese día recuerdan más a San Judas Tadeo, y la Sociedad Bolivariana. El 24 de julio, como lo enseña la placa en la casa de Traposos, es la fecha universalmente aceptada aunque no sea cónsona con el sentir del propio cumpleañero.
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