Sin la Batalla de Jarkov en 1942 no habría existido la de Stalingrado
Escrito por Carlos Balladares C. | @Profeballa   

altEn este momento Rusia ataca Jarkov, ciudad que durante la Segunda Guerra Mundial (SGM) sufrió cuatro batallas

(hoy analizaremos la segunda por cumplirse el 80 aniversario). Es la segunda ciudad de Ucrania y en tiempos de la SGM era la cuarta mayor poblada de la Unión Soviética (URSS). Su situación era considerada estratégica por ser el centro de la red de ferrocarriles y la llave de las regiones del Donbas (hoy en disputa en la guerra entre Rusia y Ucrania), el Cáucaso, Crimea y la zona fronteriza ruso-ucraniana. Desde esos tiempos poseía una importante industria armamentística (aviones, tanques, morteros, ametralladoras), siendo la más famosa la que producía el tanque T-34 (diseño del ingeniero Mijal Koshkin en 1940), aunque la misma pudo ser desmantelada y enviada más allá de los Urales y después del conflicto volvió a ser reinstalada en su lugar de origen. 

No conozco ninguna película sobre la Segunda Batalla de Jarkov (del 12 al 28 de mayo de 1942) aunque sí varios documentales sobre la Tercera del año 1943, pero en cambio la historiografía es abundante y con la grata sorpresa de un reciente trabajo del historiador francés Jean Lopez (especializado en lo militar y el Frente Oriental) publicado en enero del 2022 hasta ahora solo en francés: Kharkov 1942 le dernier désastre de l’Armée rouge. Al realizar un exhaustivo análisis de la misma llega a afirmar la idea que establecimos como título; en pocas palabras, marcó lo que sería la última gran ofensiva de la Wehrmacht en la URSS: “la Operación Azul” (Fall Blau) y que llevaría a su mayor derrota: Stalingrado. 

En nuestro último artículo (primera semana de febrero) sobre la situación en el Frente más importante de la SGM, explicamos cómo la contraofensiva de invierno del Ejército Rojo (1941-42) se había detenido por agotamiento de los junto a un empeoramiento del clima. Pero especialmente por la falsa percepción de Iosif Stalin y la Stavka (Alto Mando) al considerar que el Ejército alemán se había debilitado tanto que podían hacerlo retroceder de manera ininterrumpida. Este gran mal de los dictadores (creerse invencibles) lo padecía también Adolf Hitler, y esto se observó no solo en la Invasión de la URSS en 1941 sino en los nuevos planes para el verano del 42. De esa forma podemos leer en su Directiva N° 41 del 5 de abril (“Operación Azul”): “La campaña de invierno en Rusia toca a su fin. (…) Constituye para las armas alemanas un éxito defensivo de gran significado”; para después agregar lo que entiende por tal: “El enemigo ha sufrido enormes pérdidas de material y efectivos. (…) Ha desperdiciado durante el invierno la masa de reserva que destinaba a ulteriores operaciones”. Una vez más considera que la URSS ya está derrotada y lo único que daría la estocada final sería arrebatarle el combustible de su maquinaria de guerra en los pozos petrolíferos del Cáucaso (principal objetivo de Fall Blau). 

La Segunda Batalla de Jarkov vendría a ratificar su errado diagnóstico y la del “mito del general invierno” (explicado en nuestra serie de noviembre y diciembre del 2021), es decir, la creencia que la Wehrmacht no puede ser derrotada por el Ejército Rojo cuando no cuenta con el apoyo del clima. Y ni siquiera usando ingentes cantidades de armas y soldados, porque en esta batalla bajo el comando del mariscal Simeón Timoshenko (y con el comisario político Nikita Jrushov), tendrán el doble de soldados (750 mil) que los alemanes y el triple de tanques (1200 aproximadamente). Los soviéticos intentarán aprovechar el saliente de Izium al sur de Jarkov para tomar la ofensiva y capturar la ciudad, pero no contaban que los preparativos de Fall Blau que había reunido al VI Ejército del general Friedrich Paulus muy cerca y el I Cuerpo Panzer del general Ewald von Kleist. 

Los soviéticos atacaron el 12 de mayo tratando de rodear a los alemanes y avanzaron los primeros cinco días, pero la resistencia germana fue decisiva y el dominio del aire por parte de la Luftwaffe que con sus Stukas machacaban al Ejército Rojo que no tenía donde protegerse. El día 17 comenzaría la contraofensiva con el peligro de convertir el saliente que se había extendido en una bolsa, de inmediato Timoshenko solicitó a Stalin que aprobara la retirada pero este se negó sellando el desastre. El 24 de mayo se logró el cerco y los soldados desesperados intentaban superarlo logrando escapar solo un 10 % de los mismos. Las pérdidas soviéticas fueron impresionantes (entre 200 y 240 mil soldados, con todo su equipo: más de 1000 tanques, entre otros). Los alemanes solo habían tenido 20 mil bajas con tan solo 100 tanques destruidos. Hitler y sus generales creían volver a “los tiempos de las grandes victorias” de la Operación Barbarroja pero con el agregado de obtenerlas ahora a un bajo costo humano y material. La “Operación Azul” parecía no equivocarse en su diagnóstico, pero no se observó que los rusos aunque habían sido derrotados se les habían adelantado a los planes. 

Nos falta antes de tratar el inicio formal de Fall Blau la toma de Sebastopol por parte del Tercer Reich, ambas cumplen su 80 aniversario en el próximo mes de junio. La semana que viene retomaremos el Frente del Mediterráneo con la situación del Sitio de la isla de Malta y la ofensiva del Zorro del Desierto. 

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