"Lizard", un disco para llevarse a la Luna
Escrito por Gregorio Montiel Cupello   
Martes, 10 de Agosto de 2010 09:03

altSe cumplen 40 años de la aparición del 3er. registro de King Crimson, una grabación delirante, sutil, sublime, preciosista, humorística, densa, intrincada e inteligente


En reciente consulta se me preguntó cuál disco me llevaría a la Luna... Y la decisión es "Lizard", el tercer disco de King Crimson, uno de los grupos más importantes, originales e influyentes del rock sinfónico británico de todos los tiempos.

"Lizard" (lagarto) salió en 1970. Por lo regular se habla más del primer registro de King Crimson: "In the court of the Crimson King" (1969), que tenía las famosas "Yo hablo con el viento" y "Epitafio", o de "Larks tongues in aspic" (su quinto disco, 1973).

Mientras su segundo trabajo "In the wake of Poseidon" (también de 1970) es considerado como una copia o segunda parte del primero, "Lizard" vino con algo muy distinto.

Era el rock sinfónico que marcó la primera etapa de Crimson y el lenguaje que lo definió a finales de los años
sesenta y comienzos de los setenta, pero aquí hay más desarrollo del idioma y más jazz.

De hecho, en "Lizard" tocan varios destacados músicos del jazz inglés, como el singular y creativo pianista Keith  Tippett.

El inicio del entonces LP con "Cirkus" es realmente espectacular (una de las introducciones más espectaculares de disco de rock alguno): Un delicado piano que a los pocos segundos le da paso a toda la instrumentación para irrumpir con mucha fuerza y sorprendernos más de una vez a lo largo de la pieza.

En ocasiones, como en "Happy family" (parodia de la historia de Los Beatles), cada instrumento marcha por su cuenta y cada uno puede ser escuchado como una entidad independiente (como sucede en el free-jazz).

"Lady of the dancing water" es una de las canciones más hermosas hechas por el grupo, que ya capitaneaba abiertamente el guitarrista y compositor Robert Fripp, que igualmente se encargaba de su siempre consentido melotrón, además de sintetizadores y recursos varios.

En "Prince Rupert awakes", que es la primera parte de la suite que le da nombre al disco, canta como invitado especial el cantante de Yes: Jon Anderson, con su angelical y casi femenina voz.

Es de anotar que "Lizard" es una suite que originalmente ocupó todo el lado B del disco de vinil con sus 23 minutos y
20 segundos de duración, dividiéndose en cuatro movimientos, de los cuales el tercero a su vez se subdivide en tres partes.

El bolero "The peacock´s tale" es uno de los mejores que se hizo en el rock sinfónico (o uno de los que más me gusta entre
los que he escuchado a nivel de boleros académicos), y el final con "Big top" (suerte de tiovivo) más sicodélico no puede ser, en un disco que tiene en la batería a Andy McCulloch siguiendo la línea baterística tan especial y particular de tamboreros como Michael Giles o Bill Brufford, que definieron muchas de las características del también llamado art-rock o rock
progresivo.

De resto tenemos el buen trabajo como bajista y cantante de Gordon Haskell y del saxofonista y flautista Mel Collins, que es el único que se quedó en King Crimson junto con Fripp y el letrista Peter Sinfield para el siguiente y también muy bueno "Islands" (1972).

Las letras de Sinfield igual merecen comentario y análisis aparte, apelando a imágenes bien coloridas, surrealistas, extravagantes y sugerentes descritas a veces en un inglés rebuscado y literario:

"Respeto", gritó el payaso, "soy un T.I"
Hago que los hombres de la banda vayan al revés del reloj
Observa al policía mal nacido del circo
Las damas de espalda desnuda parieron peces"


Estas letras tienen su contraparte en la cromática portada de "Lizard" (o viceversa), plena de variadas ilustraciones hechas por Gini Barris que describen escenas diversas de la Europa medieval, de los personajes e historias que uno encuentra en el disco, y en la que es posible identificar a Jimi Hendrix o a los cuatro Beatles en un dibujo que retrata con buen tino las personalidades de cada uno de los "fab four": Paul McCartney, el niño bonito; John Lennon, el bohemio; George Harrison, el místico, y Ringo Starr, el payaso.

A ratos delirante, a ratos sutil, sublime o preciosista; a ratos humorístico, denso, intrincado y barroco, pero
siempre inteligente, así (y mucho más) es "Lizard".

Este año se cumplen 40 de la aparición de este trabajo discográfico al cual creo no se le ha hecho suficiente justicia, pero
que es el disco que preservaría para mi primer viaje sin retorno a la Luna y así escucharlo con el infinito sideral frente a mí.


¿Kurt Cobain genio?

A mí no me parece. Me perdonan los fans de Nirvana, pero no es mi opinión. Alguien intervino la columna del pasado martes 27 de julio en la que lo mencionaba, e insertó ese adjetivo, quizás con sed de hacerle un reconocimiento a su ídolo, que no es el mío. También hablaba en la nota de Miles Davis, que sí me parece fue un genio, y sin embargo no le coloqué ese calificativo. Kobain fue un músico talentoso, sin lugar a dudas, pero de ahí a considerarlo un genio hay un trecho. Por lo menos es mi parecer. La manera como no supo manejar la situación de estrella que se le presentó y la forma como se quitó la vida, no fueron las de alguien inteligente. Si la columna lleva mi firma, pido que se respeten mis apreciaciones, corrigiendo lo que haya que corregir, pero sin alterar los conceptos.


El Mundo/OyN


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