| La lúdica arquetípica de Balza |
| Escrito por Dr. Abraham Gómez | X: @fabrahamgr |
| Viernes, 02 de Mayo de 2025 00:00 |
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Leer no es sólo consumir signos lingüísticos sino crear, elucidar, proponer, recomponer; y a menudo, somos los lectores quienes les revelamos a los autores qué fue lo que en realidad escribieron. Porque, aunque no toda lámpara tiene su genio, de lo que si estamos seguros es que lo que brota también depende del espíritu, la mentalidad y las sensibilidades de quien frota la lámpara; de quienes nos adentramos en los lugares recónditos y las intencionalidades que habitan en cada palabra escogida para que diga algo. Cuando nos disponemos a leer, a “frotar la lámpara” para desafiar al genio, abandonamos la multiplicidad de inquietudes de la mente y accedemos a concentrarnos, a seguir el curso de una idea, de una argumentación; a confrontarla con nuestras propias consideraciones. En el libro de mi autoría “Hombres en la historia contemporánea del Delta”, precisamente un personaje descollante – entre otros- es el escritor José Balza, de interesante proyección internacional por su densa obra. Balza nos relata que siempre ha sido muy disciplinado. Nos expresa que escribir para él es como un grado de sacerdocio con la vida y la belleza. Balza sentencia de este modo: “el lenguaje no perdona, o te hace decir tonterías o te lleva a lo más hondo de la realidad y de las personas”. Confiesa nuestro entrevistado que escribe, según nos ha dicho, en las mañanas, pero puede sentir el eco de algo; un suceso, cosas que comentan y entonces obedece de inmediato al llamado, se pone a trabajar donde quiera que se encuentre. Ha llegado a escribir –sentado en un aeropuerto en espera de un vuelo internacional - en una servilleta, un cuaderno, la tableta. Todavía dibuja y viaja con lápices, pinceles y una acuarela. Porque además vive en lo más íntimo de sus ser la pasión desbordante de un artista plástico. La verdad balziana no debemos pesquisarla en el discurso sino en la episteme que define su óntica; digamos, su modo de ser, su alforja de imaginarios y sus sensibilidades. Los ejercicios narrativos de Balza nos llevan de la mano como ductores hacia la realidad esperanzadora o hacia la proliferación de preguntas sin necesarias respuestas. Los lectores aprehendemos de Balza escurridizas lúdicas (juegos inimaginables) en cada párrafo textualizado; lo cual constituye una hermosa estrategia que impulsa a darle completitud a sus ideas apenas insinuadas. “Pude haber sido otro niño — relata Balza en una entrevista que le hicimos, recientemente— pero había una energía vital que se ubicaba en mí; yo era testigo privilegiado de aquel mundo: agua, cielo inmenso, la vasta selva, montañas, lo que me hizo atrapar la realidad y convertirla en palabras.” ¿Cuándo supiste que había llegado el momento de salir del Delta (a conquistar el mundo) para labrarte una trayectoria destinal? “A los 16 años. Sucedió por casualidad y también porque ya había leído mucho. Los libros te abren mundos distantes como si los tuvieras a la mano. Nadie se imagina cuántos lectores ha habido en el Delta en los últimos cien años” Balza aporta, aún en los intersticios de su narrativa, suficiente dialéctica, para desenhebrar historias y experiencias. Sus textos, en tanto entidades vivas, nos guían; inclusive aquellos escritos de su época juvenil que tuvo el atrevimiento de lanzarlos a las aguas de su avecindado Caño Manamo, en un acto inconsciente de metafórico esparcimiento y de exquisita proyección universal de sus letras. Los textos arquetípicos de Balza han irrumpido para provocar, para desencadenar innumerables controversias; a veces para ir contra lo establecido, para antagonizar los conceptos esclerosados por dogmatismos. A Balza le fascina dejar sentado en sus escritos pensamientos a contracorriente, en los cuales el cinismo tiene un sitio preponderante. Tuvimos la osadía de preguntarle, sin el menor reparo: ¿Confiesas, conforme a las claves narrativas de Neruda, que has vivido? “Hasta la saciedad. He visto morir políticos; y cada vez me gusta más que así ocurra. He sido amado y apreciado, y he correspondido al máximo. Nací en el Delta del Orinoco, y ese es mi supremo don. Conozco numerosas ciudades del planeta, y eso ha sido como beber un licor inagotable. También estoy preparado para la partida”.
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