| Asensio: la potencia de estar despierta |
| Escrito por Gisela Kozak Rovero |
| Martes, 15 de Julio de 2014 07:29 |
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Asensio: la potencia de estar despierta
GISELA KOZAK ROVERO
L a belleza de la modernidad está en el horizonte propicio al cambio de piel que alimenta esa ficción deslumbrante de que somos capaces de tener una vida plena vivida desde la conciencia y la autenticidad.
Pocas figuras de nuestra labor intelectual y creativa encarnan esta belleza como Michaelle Asensio, recientemente fallecida, haitiana y venezolana, antropóloga y novelista. En sus novelas como Amargo y dulzón y Mundo, demonio y carne la pasión de historia y la sabiduría antropológica impregnan cada frase pero sin notarse, dotando a estos textos de profundidad sin sustraer su ritmo narrativo, del mismo modo que su prosa antropológica tenía la precisión y transparencia de una narradora de oficio.
Además de estudiar en Colombia, Haití, Francia y Venezuela, hablaba castellano, francés y creole como quien respira a pleno pulmón y se movía con soltura en las tradiciones culturales de estas lenguas.
Era capaz de entender la entraña misma de lo popular en su observación de nuestros cultos religiosos en su hacer callejero, rural y barriobajero, fuera de casullas e incienso. Libros como De que vuelan, vuelan
y Las diosas del Caribe (ambos de Editorial Alfa), dan fe de ello.
Asensio fue ejemplo de que la labor intelectual y creativa más característica de esta época en las llamadas humanidades y ciencias sociales es indagar sobre las diferencias sin miedo a la multiforme naturaleza de lo humano individual y colectivo. Nada más reaccionario que la academia militante -tan de moda en las universidades norteamericanas y en la revolución bolivariana- que busca constituir el saber desde lo "políticamente correcto" sin entender que la historia significa diferencia y el conocimiento honradez, riesgo y autonomía. Esta docente, investigadora y novelista ironizaba sobre esa forma pretenciosa de la compasión del primer mundo que ve en los oprimidos(as) por clase social, raza, género u orientación sexual seres angélicos que hay que defender a toda costa -del conocimiento y la verdad incluso-, en lugar de sujetos históricos inmersos en contradicciones, con dificultades muy reales que resolver y enfrentar. Siendo afrodescendiente, mujer y nacida en un país tan pobre como Haití, sabía que la opresión no es destino ni resentimiento sino aire para la rebeldía. En Michaelle Asensio no hablaba solo la mujer negra, haitiana, inmigrante ni tampoco una suerte de "sujeto universal" sin anclas históricas y culturales; hablaba también el individuo despierto en su potencia plena que reivindica su singularidad nacida de todas las sangres y tradiciones que lo sustentan. En ella se mezclaron la sangre haitiana y el vivir venezolano; el castellano feliz y feroz de las tiendas de brujería con la prosa de Cervantes; el conocimiento del vodú con el psicoanálisis freudiano; y la gran tradición de la novela francesa con la etnología.
Sin duda, es imprescindible leer a Michaelle Asensio.
@giselakozak
Tal Cual
y la autenticidad. Pocas figuras de nuestra labor intelectual y creativa encarnan esta belleza como Michaelle Asensio, recientemente fallecida, haitiana y venezolana, antropóloga y novelista. En sus novelas como Amargo y dulzón y Mundo, demonio y carne la pasión de historia y la sabiduría antropológica impregnan cada frase pero sin notarse, dotando a estos textos de profundidad sin sustraer su ritmo narrativo, del mismo modo que su prosa antropológica tenía la precisión y transparencia de una narradora de oficio. Además de estudiar en Colombia, Haití, Francia y Venezuela, hablaba castellano, francés y creole como quien respira a pleno pulmón y se movía con soltura en las tradiciones culturales de estas lenguas. Era capaz de entender la entraña misma de lo popular en su observación de nuestros cultos religiosos en su hacer callejero, rural y barriobajero, fuera de casullas e incienso. Libros como De que vuelan, vuelan y Las diosas del Caribe (ambos de Editorial Alfa), dan fe de ello. Asensio fue ejemplo de que la labor intelectual y creativa más característica de esta época en las llamadas humanidades y ciencias sociales es indagar sobre las diferencias sin miedo a la multiforme naturaleza de lo humano individual y colectivo. Nada más reaccionario que la academia militante -tan de moda en las universidades norteamericanas y en la revolución bolivariana- que busca constituir el saber desde lo "políticamente correcto" sin entender que la historia significa diferencia y el conocimiento honradez, riesgo y autonomía. Esta docente, investigadora y novelista ironizaba sobre esa forma pretenciosa de la compasión del primer mundo que ve en los oprimidos(as) por clase social, raza, género u orientación sexual seres angélicos que hay que defender a toda costa -del conocimiento y la verdad incluso-, en lugar de sujetos históricos inmersos en contradicciones, con dificultades muy reales que resolver y enfrentar. Siendo afrodescendiente, mujer y nacida en un país tan pobre como Haití, sabía que la opresión no es destino ni resentimiento sino aire para la rebeldía. En Michaelle Asensio no hablaba solo la mujer negra, haitiana, inmigrante ni tampoco una suerte de "sujeto universal" sin anclas históricas y culturales; hablaba también el individuo despierto en su potencia plena que reivindica su singularidad nacida de todas las sangres y tradiciones que lo sustentan. En ella se mezclaron la sangre haitiana y el vivir venezolano; el castellano feliz y feroz de las tiendas de brujería con la prosa de Cervantes; el conocimiento del vodú con el psicoanálisis freudiano; y la gran tradición de la novela francesa con la etnología. Sin duda, es imprescindible leer a Michaelle Asensio. @giselakozak Tal Cual |
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