Apocalipsis
Escrito por Ángel Rafael Lombardi Boscán | X: @lombardiboscan   
Martes, 06 de Mayo de 2014 01:16

altEl Apocalipsis, paradójicamente, termina siendo un libro de utopía alrededor de una maldad que debe atajarse


“Cuando el Cordero abrió el séptimo sello

se hizo silencio en el cielo.

Como por media hora el cielo permaneció mudo”.

La Biblia, la palabra de Dios, es un tratado sobre la sabiduría humana. Sus textos inspiran a los hombres a una buena vida alrededor de muchas de sus enseñanzas y apreciaciones. A mi particularmente me impresionan mucho el Libro de Job junto al Eclesiastés, además de todo el erotismo que se hace presente en El Cantar de los Cantares. El Génesis, es valioso en suma porque representa el inicio de todo: la aparición de Dios junto a su criatura más perfecta y díscola a la vez. De igual forma los cuatro evangelios son auténticas joyas alrededor de la vida y obra de Jesús. Un hombre meridiano y único en eso de hacernos replantear todos los supuestos tradicionales en torno a la historia del hombre y sus posibilidades de salvación, no sólo en ésta vida terrenal sino de la esperanza en lo que pudiera haber después de la muerte. Ya que el alma humana arde en deseos de inmortalidad.

El cine de terror y cataclísmico ha tomado el libro del Apocalipsis como libreto esencial para señalar una ruta hacia el fin de los tiempos, y con ello, asustar. Lo mismo el arte medieval está lleno de obras y figuras que representan a la muerte como señora y reina de un mundo plagado de castigos y sufrimientos. El mal está asociado al tema del Diablo y sus aspiraciones seductoras por asaltar los bastiones de Dios y sus ángeles. En el medio de esa batalla, estamos los humanos con nuestras dobleces y miserias, con nuestra fragilidad de cristal, tratando de tomar partido hacia una u otra dirección. No han faltado tampoco los abusadores de oficio, aquellos que teniendo una posición de poder prominente han manipulado ideológicamente a sus dirigidos desde el miedo y el terror ante los misterios esenciales. Y es que el Apocalipsis, como libro lleno de alegorías y metáforas, ha dado lugar a innumerables exégesis.

El libro del Apocalipsis, con que cierra la Biblia, más que ser un tratado sobre el horror de los castigos divinos, o de la lucha entre el bien y el mal, o el anuncio de la destrucción del mundo como juicio final de la historia, también hay que verlo como un libro de la esperanza humana hacia una salvación compartida en alianza con Dios. El Apocalipsis termina refrendando un inédito pacto alrededor del “Árbol de la Vida” y una nueva “Ciudad Santa”. Todas las abominaciones y caídas, todas las inconsecuencias humanas alrededor de nuestros pecados seculares y mundanos quedan redimidos en la posibilidad de una nueva historia junto a “Dios con nosotros”.

El Apocalipsis, paradójicamente, termina siendo un libro de utopía alrededor de una maldad que debe atajarse. Es la nueva humanidad, esa que filósofos y pensadores han prefigurado en sus escritos políticos y cuya experimentación no ha terminado de salir aún bien.

El pecado original, es el leitmotiv de la historia cristiana del mundo, tal como aparece en el Génesis. Con ello se comienza el entramado de la historia y el Apocalipsis señala su estación final. Aunque ese final plantea una nueva noticia: el renacer de la vida libre de las ataduras del pecado, y en consecuencia, se derrota, nada más y nada menos, que a la misma muerte: “Y ya no habrá muerte, ni llanto, ni gemidos, ni fatigas porque el mundo viejo ha pasado. Entonces el que se sienta en el trono dijo: Mira que hago un mundo nuevo”.

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

 

 

 


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