La furia del sargento
Escrito por Cayetano Llobet T. (La Prensa)   
Martes, 04 de Agosto de 2009 07:58

altLa lógica de Hugo Chávez es sencilla e impecable: “si lo hago yo, está bien; si lo hacen otros, está mal”. Si yo golpeo, el golpe es bueno. Si lo hacen otros, son unos reaccionarios. Si yo hago alianzas militares y traigo a la flota rusa a pasear por mares cercanos, estoy fortaleciendo a América Latina.

Si alguien trae a militares norteamericanos, pone al continente al borde de la guerra. Si alguien compra armas para sus ejércitos, es un belicista peligroso. Si yo entrego armas a las FARC, soy un luchador por la liberación de los pueblos. Si alguien habla de Venezuela, es un desvergonzado intervencionista: si yo me meto donde me da la gana y dicto las políticas de otros gobiernos, soy el nuevo líder continental y constructor del socialismo del siglo XXI. 


Pero las cosas no le están saliendo bien. O, más bien, ¡están saliendo muchas cosas!  Y la primera es la conciencia creciente de que él es el jefe de un proyecto internacional diseñado para instaurar regímenes de corte dictatorial en el conjunto de la región, y que cuenta para ello con organización política, con estructura militar y con un soporte económico que viene de esa mezcla sensacional de petróleo y narcotráfico. La fórmula es muy clara y es la que debe aplicarse en todos los casos: de las elecciones democráticas a las presidencias vitalicias. Le ha resultado a él, le está resultando a Evo Morales, en menos tiempo, y le va bien a Correa en tiempo record... ¡los alumnos son buenos! 


La segunda, es que también hay discípulos torpes. Los Kirchner, en Argentina, a pesar de los apoyos chavistas en maletines de dólares electorales, han tenido que tragarse una derrota formidable. Correa, en Ecuador, no puede desmentir los aportes de las FARC a su campaña.

Los fabricantes de armas en Suecia le publican la lista y números de serie de los lanzacohetes vendidos a Venezuela y encontrados en uso de los terroristas colombianos. El golpe en Honduras  -a pesar de su ingrediente gorilista primario-, no puede ser revertido fácilmente. 


La tercera, muy grave, es que el modelo a vender, la referencia histórica, la revolución cubana, acaba de ser puesta en evidencia por el mismísimo Castro, como un fracaso rotundo. ¡Ha terminado pidiendo a los cubanos, en plena celebración del 26 de julio, que aprendan a trabajar como lo hacían sus abuelos!  Cincuenta años de construcción del socialismo, para terminar reconociendo que tienen que importar el ochenta por ciento de los alimentos para que su población pueda comer, que no tienen energía suficiente, que tienen que recortar las tarjetas de racionamiento... ¡el modelo a seguir, según la doctrina del caudillo bolivariano!


Es lógico que Chávez, “Mussolini tropical” al fin, esté furioso. Pero no es tanta la furia del sargento, como su necesidad de ayuda. Y aquí aparece Lula que, en realidad, es una suerte de padrino. Es el artista que gobierna en su país con la ortodoxia del neoliberalismo  -con gran presencia de Brasil en el plano internacional-, y se viste de rojo en el exterior. El diseño brasileño también es impecable: mientras menos Estados Unidos haya en la región,  hay más Brasil. Hay que discutir las bases americanas, fortalecer a Unasur, apoyar incondicionalmente al incompetente Insulza, presionar a los hondureños. Hay que ayudar al sargento furioso porque es su instrumento.


Ese es el contexto latinoamericano. Bolivia es parte del éxito o del fracaso de Chávez. Los aspirantes a Presidente que no vean este contexto, están ladrando a la luna o instalados en el ejercicio pleno de la masturbación política. 

(*): Analista político boliviano.

Fuente: La Prensa


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