Socialfascismo antiobrero
Escrito por Jose Rafael Lopez Padrino   
Sábado, 01 de Agosto de 2009 06:06

altEl régimen socialfascista del Tte Coronel, no tan solo se niega a discutir las convenciones colectivas con los trabajadores del Estado, sino que intenta ahora destruir a los sindicatos junto a sus conquistas laborales.

El talante antiobrero, autoritario y personalista del régimen quedó evidenciado en el discurso destemplado, de dudosa varonilidad de Rafael Ramírez, en el marco del I Encuentro Nacional de Comités Socialistas de Trabajadores de la Industria Petrolera. Con su atiplada voz, afirmó que no se sentará a discutir ninguna contratación colectiva con sindicatos opuestos ideológicamente al huidizo de Miraflores. Al capataz Rafael Ramírez se le olvidó, que la contratación colectiva, no es una dadiva sujeta a la discrecionalidad de su comandante amado, sino que es un derecho de los trabajadores organizados, producto de muchos años de sacrificadas luchas. Además, con su grosera y amenazante intervención el insolente de Ramírez, violó descaradamente los acuerdos 87, 98 y 111 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), así como también varios artículos de la Ley Orgánica del Trabajo venezolana vigente.

Lo afirmado por Ramírez no es nada nuevo, el régimen ha impulsado por todos los medios un sindicalismo de Estado contrario a los intereses de los asalariados, y postergado en su gran mayoría, la discusión de los contratos colectivos vencidos con los trabajadores del Estado; los pocos que se han discutido, como por ejemplo el de los educadores, lo hicieron con lambebotas elegidos a dedo, sin ninguna representatividad laboral, que respondían a los intereses patronales del Estado, más no al de los trabajadores de la educación. El resultado fue un pírrico aumento salarial, y la pérdida de importantes conquistas laborales para los trabajadores del sector educativo.

La perversa estrategia laboral socialfascista, consiste primeramente, en reducir el papel de los sindicatos (desconociendo su legitimidad y existencia), para luego hacerlos desaparecer, y ser sustituidos por los “Consejos de Fábrica o de Empresa” (1), como se ha discutido en los conciliábulos del PSUV. Estos felones con boina roja, platean eliminar los sindicatos como forma de asociación laboral, pues consideran que los mismos “no son mecanismos de participación, sino mecanismos de lucha” (Papel de las Organizaciones de Trabajadores, Pág. 16-PSUV). A través de esta política, se aspira estatizar y castrar a estos instrumentos de lucha, transformándolos en estructuras obedientes al gobierno, a fin de lograr el sometimiento de los trabajadores a la bota militar.

La excusa esgrimida por estos sátrapas rojo-rojitos, es que si las empresas pertenecen al Patrón-Estado, y el mismo según ellos “representa los intereses de los trabajadores”, ¿para que son necesarios los sindicatos autónomos? Parten de dos falsas premisas, primero que el gobierno del tte coronel es socialista, y segundo, que las estatizaciones son medidas socialistas. Ignoran, u ocultan estos Judas de nuevo cuño, que bajo el capitalismo, los medios de producción son instrumentos de explotación, y por ende generadores de plusvalía, no importando quien o quienes sean sus dueños (Empresarios privados o el Estado). Desconocen por conveniencia política, el carácter burgués del Estado venezolano, que el mismo no ha cambiado, todo lo contrario se ha fortalecido con el surgimiento de nuevos actores representados en la boliburguesía cívico-militar del siglo XXI. Olvidan, que las estatizaciones adelantadas por el régimen, no son medidas socialistas, pues las empresas no han pasado al control de los trabajadores, sino del Estado. Además, hay que insistir que las mismas no han sido expropiaciones –donde el Estado no paga nada al poseedor de los bienes- sino más bien compras negociadas, las cuales han representado para las multinacionales (Verizon, Grupo Santander, Ternium), fabulosas operaciones financieras a través de las cuales han recibido cientos de millones de dólares de manos del Estado venezolano. Sin embargo, para los trabajadores de Sidor, CANTV, Electricidad de Caracas, operadoras de la Costa Oriental del Lago, etc. (empresas estatizadas recientemente), las cosas no han cambiado para bien, siguen siendo explotados, al igual que en el pasado, pero ahora se enfrentan a un nuevo patrón, un poderoso petroestado el cual en sus pretensiones hegemónicas utiliza la demagogia obrerista, la criminalización de la protesta social, y hasta la represión brutal (uso de las fuerzas policiales, y la FAN).

Pero además, este perverso petroestado sueña con eliminar o suspender derechos laborales vigentes en las contrataciones colectivas, así según el documento titulado “Políticas laborales y Negociación Colectiva”, publicado por el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (2009), se establece que la “progresividad de los derechos laborales en el capitalismo rentista, acentúa y enmascara las irregularidades y privilegios, protegiéndolos como si fuesen derechos adquiridos, siempre bajo el manto de que deben ser mejorados, y por eso la transición hacia el socialismo debe partir de la identificación y eliminación de estos privilegios”. Este es un régimen antisindical y antiobrero, que tiene una política dirigida a conculcar los derechos de los trabajadores y aplastar las organizaciones sindicales. Eso es lo que viven hoy por hoy los trabajadores petroleros, los del aluminio, los siderúrgicos, los del sector eléctrico, en fin todos los trabajadores venezolanos.

El Bonaparte tropical avanza en su proyecto antiobrero, reprimiendo los reclamos de los trabajadores, atacando la independencia sindical, penalizando el derecho a la protesta y a la huelga como instrumentos de lucha (Art. 283 y 506 del reformado Código Penal). Más de 60 dirigentes sindicales venezolanos han sido llevados ante los tribunales en los últimos dos años por haber participado en manifestaciones de carácter reivindicativo. Además, ha impartido órdenes a los borregos de la Asamblea Nacional, para que aprueben en forma expedita las Leyes de la Propiedad Social y la Orgánica del Trabajo, las cuales reviven el espíritu de la “Carta del Lavoro” (1927) instrumento jurídico que le permitió al Duce Mussolini la eliminación de los sindicatos y su sustitución por corporaciones al servicio de su proyecto de dominación fascista. Todas estas barbaridades en contra de los trabajadores organizados ocurren con la complicidad criminal de los jerarcas sindicales del PSUV, PCV y PPT, vasallos idiotizados postrados ante la bota pestilente del inquilino de Miraflores. Dirigentes que por décadas lucharon en contra de los atropellos a la clase trabajadora y hoy “sorpresivamente” los apoyan. ¿Qué dirían Rodolfo Quintero, Jesús Faria, Cruz Villegas, Ojeda Olaechea, Eloy Torres, entre otros, sobre un tal “socialismo del siglo XXI” que intimida, calumnia y reprime a los trabajadores, y que atenta en contra los sindicatos? Con sobrada razón el camarada Jerónimo Carrera recientemente señalaba que “con la revolución bolivariana se puede decir que nuestra clase obrera ha quedado ahora sin sindicatos” (Tribuna Popular 24-4-09) y en un posterior trabajo se preguntaba ¿Revolución sin sindicatos? (Tribuna Popular 2-5-09).

(1) Vale acotar que el concepto gramsciano sobre los sindicatos y los “Consejos de Fábrica”, no tiene nada en común con las pretensiones de los renegados socialfascistas. Primeramente Gramsci se opuso tenazmente a la creación de los sindicatos rojos (Tesis de Roma, 1922, Tesis de Lyon 1926). En las mismas planteaba la necesidad de unidad de todos los trabajadores, y la conveniencia de realizar un trabajo de masas amplio, no excluyente. Gramsci, buscaba en los Consejos de Fábrica de aquel Turín Rojo de 1919, los elementos del poder obrero, del nuevo poder democrático. Además, los Consejos y los sindicatos aparecen en Gramsci, no como instancias contrapuestas, sino como expresiones fundamentales de los trabajadores en la construcción del nuevo poder (L’Ordine Nuovo, 1921). Finalmente, el Turín Rojo insurgente del cual nos habla Gramsci, no es la Venezuela sujeta a un proyecto cuartelario antisindical y antiobrero.

¡No al socialfascismo!


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