Magistrada peligrosa
Escrito por Milagros Socorro (periodista)   
Lunes, 13 de Julio de 2009 19:00

altEl martes de esta semana se produjo, en la escuela de Derecho de la UCV, un conversatorio para revisar una década de vigencia de la Constitución. Tal como suelen hacer en el aula, los juristas y académicos coincidieron en que la Constitución es violada de manera sistemática por su máximo intérprete, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.
Al día siguiente, la periodista Vanessa Gómez Quiroz, de El Nacional, acudió a la sede de la Fiscalía para dar cobertura a una rueda de prensa del Consejo Superior Penitenciario. Y, dado que entre los voceros se encontraba Luisa Estella Morales, presidente del TSJ, Vanessa Gómez sondeó su reacción ante las afirmaciones vertidas en el foro universitario. Dirigiéndose a la magistrada Morales, la reportera de este diario aludió a la intervención del jurista Carlos Ayala Corao, quien había señalado que el TSJ ha puesto el concepto de soberanía de Estado por encima del respeto a los tratados internacionales y que las sentencias de la Sala Constitucional han derivado en la restricción de varios derechos, especialmente los relacionados con la libertad de expresión.


Al escuchar la pregunta, la magistrada, en lugar de salir al paso a tan graves señalamientos, optó por el tono tabernario. "Vanessa”, le espetó, “tal vez si me conocieras, como otros que sí me conocen, ¿verdad, Eligio (Rojas)? Es peligroso meterse conmigo porque yo soy como el espinito, que en la sabana florea".


¿A qué se refería la magistrada? Eligio Rojas es periodista de Últimas Noticias, para la fuente de Sucesos… tras ser sacado de la cobertura del poder judicial por presiones de Luisa Morales. ¿Y qué hizo Eligio Rojas para que lo expulsaron de esa fuente? Como reportero emplazado en el TSJ, Eligio Rojas hizo una serie de reportajes sobre las “ciudades judiciales” proyectadas por Luis Velásquez Alvaray. En su indagación topó con el hecho de que la compra del terreno donde se levantaría la ciudad judicial de San Felipe, Yaracuy, había encontrado un diligente gestor en el yerno de la magistrada. En abril de 2007, dos meses después de su ascenso a la presidencia del TSJ, Morales mandó a distribuir un memorándum que establecía la prohibición de admitir, en las instalaciones del Tribunal, los periódicos Reporte, La Razón y la revista Zeta. Eligio Rojas publicó una nota sobre esta arbitrariedad. E inmediatamente fue removido de la fuente.


Dos años después, el miércoles de esta semana, Morales y Rojas volvieron a encontrarse, esta vez en la Fiscalía. Y fue entonces cuando Morales lo exhibió como trofeo de guerra, restregándole su prerrogativa para poner y quitar periodistas; amenazando a Vanessa Gómez con ejercer su arbitrio contra ella; y, desde luego, jactándose de su poder de intimidación sobre propietarios y directores de medios. Desde luego, los modales barriobajeros fueron desplegados ante la mirada cómplice de la fiscal y del ministro de Interior y Justicia.


Una vez concluido su numerito, calcado de Carmen, la de Merimé, Morales desafió a quienes la acusan de pervertir la sala constitucional a que demuestren cómo el TSJ ha violado la carta magna; un reto innecesario, puesto que en el encuentro de la UCV se había expuesto la ristra de abusos, entre los que se cuentan la inobservancia al Art. 23 de la Constitución, que consagra la jerarquía constitucional de los tratados sobre derechos humanos; y al Art. 31, que garantiza el derecho a acudir a organismos internacionales sobre DDHH y a que lo decidido por esos organismos sea ejecutado. Y resulta que el 18 de diciembre de 2008, con sentencia publicada el 12 de enero de este año, la sala constitucional declaró que la sentencia de la Corte Interamericana, en el caso de los magistrados de la Corte Primera, es inejecutable en Venezuela “porque viola la Constitución, en cuando a la autonomía e independencia del poder judicial”. Lo irónico es que la Constitución sí consagra esa autonomía e independencia anuladas; y lo que hace la Corte Interamericana es reforzar y restablecer la Constitución
Finalmente, en su desbocada ansia de adular a Chávez, citando versos de Alberto Arvelo Torrealba, la magistrada olvida que, en respuesta a la fatuidad de Florentino, el Diablo le replica: “No le envidio al espinito / las galas de que alardea: / cuando la candela pasa / la pata se le negrea”.







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