Transición
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 11 de Febrero de 2026 01:13

altMás que el arte de lo posible, la política es el arte de hacer posible aquello que es necesario.

Arte y no ciencia. Hay ciencia política, claro, pero es el estudio de lo político que es otra cosa, como la Biología estudia la vida pero no es la vida.

Hay experiencias que condujeron a sostenidas y hasta ahora no revertidas transiciones del autoritarismo a la democracia. Algunos las pensaron previamente, otros tenían una idea diferente de cómo serían, pero se supo que eran transiciones cuando llegaron a la otra orilla.  

Transición dice el Diccionario de nuestra lengua es “Acción o efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. Son sinónimos suyos cambio, mudanza, transformación, metamorfosis. Este último resulta particularmente interesante, pues es “Transformación de algo en otra cosa” y a su vez, un sinónimo suyo es conversión. La transición es un proceso, no necesariamente irreversible, pero puede convertirse en tal.

Una de mis lecturas favoritas acerca del tema es el libro de Bittar y Lowenthal, feliz combinación de política y academia, Transiciones Democráticas (John Hopkins University. Baltimore, 2015), cuyo subtítulo es “Llevando los principios a la práctica”.

Un rasgo clave de las transiciones es su singularidad, no existe una receta ni un modelo “talla única”. Cada caso depende de circunstancias múltiples. Sin embargo, uno puede advertir ciertos datos comunes.  Como la conciencia, en los actores fundamentales de que el status quo es insostenible. Esas transiciones no eran inevitables y en algunos casos fueron sorprendentes, normalmente con procesos que no han sido fáciles ni rápidos y que requieren, para consolidarse, muchos años de maduración e institucionalización, a prueba de decepciones que nunca faltarán.  Son procesos no eventos, aunque puede haber eventos icónicos.

Las transiciones no caen del cielo, hace falta una presión, constante e inteligente para graduarla, por parte de la oposición democrática que mientras más unida esté mejor y de la sociedad con sus aspiraciones represadas, en un cuadro general en el cual el liderazgo alternativo tiene que tomar decisiones con información limitada. El que los partidos, naturales actores políticos, lleguen debilitados o descreditados no ayuda.

Así, evitar el maximalismo que requiere más valentía que empuñar principios atractivos pero imprácticos, también organizar coaliciones y crear y proteger espacios de diálogo verdadero, genuino, sin trucos ni maniobras dilatorias, todos, desde el poder o fuera del poder.

En el qué hacer se atraviesan pasos estrechos, resbaladizos y con precipicios. Hacer justicia prometió Aylwin en Chile, “en la medida de lo posible” o posibilitar una justicia transicional. La economía política de la transición varía mucho según cada caso. Fue distinta en Europa central y oriental, en España, en Chile. El control civil de las fuerzas militares, los organismos policiales y de inteligencia suele ser un nudo, necesario de desatar. Siempre resulta recomendable no empezar por la Constitución. Hay que avanzar en otros campos antes de poder llegar a eso, si hace falta. ¿Difícil? Muy difícil, pero vale la pena. Recordemos que la política es el arte de hacer posible aquello que es necesario.

 


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