¡Exprópiese!
Escrito por Pedro Vivas Berthier   
Viernes, 19 de Febrero de 2010 08:12

altMe acabo de enterar, que ayer expropiaron el teatro Principal, en la esquina del mismo nombre frente a la plaza Bolívar, por Decreto Presidencial según aparece en la Gaceta Oficial. El teatro fue construido por el arquitecto, Gustavo Wallis Legorburu, en 1932 entre los primeros edificios, con estructura metálica y tratamiento acústico en la ciudad. Todos los caraqueños de antaño, fuimos a sus salas, a disfrutar de los estrenos, de la bella Marilyn Monroe, en las películas de moda de la semana, o las de Cantinflas, Charles Chaplin, Laurel y Hardy, Casa Blanca o Lo que el Viento se Llevo; un hermoso manantial del celuloide, que no se olvida. También se expropia por decreto, un edificio en la esquina de las gradillas, perteneciente a la Arquidiócesis de Caracas y el Edificio La Francia. Nos preocupa en fin, el afán expropiatorio, que ha de incrementar seguramente los gastos del mismo gobierno nacionalizador y también, lo más grave, el desempleo. Mañana pudieran ser los viejos cines, El Rialto, El Coliseo, a los que, los caraqueños les damos vida, o la cuadra de San Jacinto, el Mercado, La Atarraya y hasta el mismo Reloj de Piedra, recién inaugurado por mi amigo el general Joaquín Crespo al final de su gobierno. ¡Exprópiese pues! ¡Qué! Lo que oye. Pero mi general, perdón mi coronel, esa es propiedad de los caraqueños, sus antiguas joyerías, El Edificio La Francia, El Gallo de Oro, la Casa Gattman, ¿pero serán solo recuerdos? Ayer nada más, llegó procedente de El Tocuyo, Don Diego de Lozada, el 25 de Julio, levantó su espada (reglamento de las leyes de indias) y la clavó en la tierra, en lo que más tarde se convirtió en Plaza Mayor y bautizada para la historia, con la sangre de los patriotas, José Leonardo Chirinos y José María España. Don Joaquín Núñez, la llenó de árboles, y el general Guzmán Blanco, más tarde, erigió la estatua de Bolívar. La belleza de nuestra plaza y sus alrededores, merece la titulación de patrimonio histórico, y obliga, eso sí, a sus usuarios, a la conservación y uso, sin alteraciones físicas, bajo la supervisión de un equipo de patrimonio histórico, que debe existir. Pero lo que no se puede, es confundir, la arbitrariedad con la obligación de resguardo patrimonial.

Los centros comerciales, ya existían en la época del Libertador, como la casa de Las Gradillas, donada por Juan Pérez Aristigueta a Simón Bolívar, y este de su venta, lo invirtió en la guerra de independencia. También el edificio de la Torre, antiguo monumento, que sucumbió al terremoto de 1812 pero que hoy se mantiene erguida, y es costumbre de los caraqueños, persignarse cuando pasan a su lado. La esquina de Principal, y diagonal, la Casa Amarilla y por supuesto, la esquina de La Bolsa. ¡Exprópiese¡ pues ellas pertenecen al Barón de Córvola, ensañado contra la actual revolución “bolivariana”. No podemos olvidar, la bella Plaza, iluminada para entonces (1883) por una pequeña planta eléctrica a vapor, desde el mercado de San Pablo. El 7 de noviembre de 1874, se iluminó por primera vez la plaza y sus alrededores, el Teatro Municipal, y el bulevar de Capitolio. ¿Se imaginan ustedes, a los caraqueños de entonces, camino de tarde hacia la plaza y nuestras bellas mujeres, de traje largo, sonreídas y con su rostro iluminado entre ardillas sorprendidas y las notas marciales del maestro Pedro Elías Gutiérrez.

El río Guaire, siempre tímido y retraído, por recoger tanta basura entre sus aguas, y que nadie le agradece, es represado en 1895, para la primera planta de electricidad de Caracas, (patrimonio histórico) en su curso hacia el Tuy. Cabe recordar, aquellos emprendedores de entonces, Los Zuloaga, los Smith, los Mosquera y Eduardo Montauban.

Pero en fin, es un decreto antojadizo y sin pedales ¡Qué no pasen, los quintines de la leche! Ni los fruteros, ni los burritos de la esquina de Santa Bárbara! Hoy florecen los comercios como siempre, son miles de pequeños comerciantes, de locales alquilados, de trabajadores que amanecen en la calle hacia sus puestos de trabajo Son ventas de ropa y de zapatos que no ofenden a nadie, y sirven a los usuarios a su paso. Sólo pedimos, que cuiden los ornatos de los viejos teatros, y edificios, los zaguanes, de cerámica irrepetible y la alegría de la Atarraya, para que vendan mucho hasta la próxima Navidad. Lo que debe hacer este y cualquier gobierno, es ofrecer calidad y eficiencia de los servicios, a punto de colapsar. Ya nos alertaba el poeta Aquiles Nazoa, con los problemas eléctricos, que sufriera, Doña Paquita de la Masa, elevando sus quejas al Bazar Americano. (Nacionalícese) por una nevera recién comprada, que lucía pretenciosa, en la sala de su casa.

Son gente apurada, que compra sus mercancías, al paso de la hermosa plaza, camino del trolibus, ¡perdón! del Metro de Caracas, que no necesitan de ser nacionalizados. Son los chicheros de la antigua Caracas, que los versos de Aquiles recordaba, “He aquí, una noticia, que presumo,/ ha de entristecer en grado sumo/ hasta los caraqueños mas austeros/muy pronto de Caracas como el humo,/tendrán que evaporarse los chicheros. …Pero que se resignen sus dolientes. Que aunque el (Ministerio del Poder Popular Para la Salud) nunca hubiese intervenido, / con lo cara que están los ingredientes, ¡También se hubieran ido!”


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