Los desvaríos de Eduardo Fernández
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 13 de Mayo de 2022 00:00

altEl otrora candidato presidencial que no contó con el apoyo de los venezolanos en su momento, 

insiste, persiste, en continuar sus devaneos políticos. Acoplado en mantener las cosas como están, sin confrontación, sin diatriba. Una posición altamente conveniente para el poder establecido de la forma que está establecido en nuestro país: "...sustituir esa mala práctica de confrontación sistemática". O sea, nos manda a callar, a la inacción. 

Forma parte de un conjunto de "personalidades" políticas que junto a Henrique Capriles, Stalin González y algunos otros de menor rango, les ha dado por aceptar la duración infinita de esta molienda, o prestarle atención como sea al régimen para que resulte lo mas ileso posible en el devenir de la lucha por la libertad y la democracia. Muy lamentable su papel de muro de contención contra Maduro y sus secuaces. 

En recientes declaraciones a un medio digital, el exlíder político de 81 años, señala que no hace falta un caudillo como Chávez, olvidando a propósito que el caudillismo terminó sus funciones en el siglo XIX; otra cosa es el personalismo populista que ha sido tan frecuente y continuo en nuestro acontecer. Yerra continua y desproporcionadamente, queriendo aplacar la posible furia contra el "Socialismo del Siglo XXI": "Los países que tienen éxitos son los que han logrado a través del diálogo buscar acuerdos entre su gobierno y la oposición...". ¿Habrá que aclararle que este no es "nuestro" gobierno? 

Lo peor de sus declaraciones es la contrariedad que presenta el antiguo dirigente para con los partidos políticos, como si el no integrara uno, como si no hubiera integrado uno, por casi siempre. Una sistemática intención que aspira hace tiempo quebrar la significación de las agrupaciones partidistas, como repite en su tuit del 9 de mayo: "Debemos establecer una política nueva que rompa con el viejo y desacreditado sistema de partidos". Busca inventar el agua tibia en función de agruparnos alrededor de un plan de varios pocos puntos. En eso andan una serie de políticos, jugando ellos mismos a la antipolítica e insuflando empresarios y frentes cívicos, esos que le hacen el coro abiertamente al régimen. Ante ese discurso y esas macabras propuestas antipolíticas queda reforzar, apoyar e integrar más a los partidos y sí, unificar a los de verdadera oposición en pos de atacar al régimen, terminar de deslegitimarlo y arrollarlo, obligándolo a elecciones libres, a dejar el poder. 

Por otro lado, el partido del viejo Eduardo lo conforma también una señora llamada Mercedes Malavé, quien en un programa con Vladimir Villegas ha tenido los no santos bríos de pedir conversión para los seres humanos que se identifican sexualmente con las siglas LGBTI+, además de sugerir que le incluyan la inicial de los pedófilos. Ustedes dirán. ¿Fundamentalistas del siglo XXI? 

Los desvaríos tienen indudables intenciones en un zorro viejo. Pero lo importante en este caso, de alguien que fue representativo en la vida política del país, es la repetida actitud, amalgamada con otros perdedores de, primero: buscar perpetuar al régimen y, luego, acabar con los partidos, aprovechando los ataques que el régimen mismo les ha infligido. Una práctica obscena para la sobrevivencia que no es evidentemente política. Es tiempo, verdaderamente, de cambios sustantivos en la política venezolana donde algunos que se dicen opositores y le sirven al régimen, abran paso definitivo para llegar a la liberación, sobran, estorban. 


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