Dos democracias
Escrito por Diego Bautista Urbaneja   
Jueves, 23 de Febrero de 2012 07:14

altAhora viene la verdadera competencia, o más exactamente un nuevo episodio de ella. Desde hace años en Venezuela han coexistido y se han enfrentado dos concepciones de la democracia, que corresponden a dos maneras de concebir el pueblo, sujeto básico de toda idea de democracia.

Una de esas concepciones, la que ha encarnado Hugo Chávez, concibe al pueblo como un todo compacto unificado en torno a la figura de un líder, quien expresa la genuina voluntad de ese sujeto monolítico y unido al nivel de los tuétanos. Llamémosla la concepción populista de la democracia.

La otra concepción entiende al pueblo como un tejido de elementos plurales cohesionados en torno a la noción de ciudadanía, en cuyo marco tiene lugar el juego y el diálogo de los distintos intereses e ideologías. La llamaremos la democracia pluralista.

Cada una de esas concepciones le niega a la otra la cualidad democrática, pero eso no obsta para que las dos estén de pie con gran vigor, aprestándose para un nuevo enfrentamiento, eventualidad sujeta ciertamente a las contingencia de la salud de Chávez.

Las sucintas definiciones arriba ofrecidas obedecen a la mejor idea que de sí mismas tienen cada una de esas formas de entender al pueblo y a la democracia. En la realidad las cosas son muchos menos atrayentes. Por el lado de la democracia populista, y si atendemos a la experiencia que de ella hemos tenido todos estos años, veremos por ejemplo que está atravesada por una intensa práctica de clientelismo y de reparto muy crudos, así como por una practica abusiva y amedrentadora del ejercicio del poder por parte de ese mismo líder que se supone encarnar la genuina voluntad popular. Por el lado de la democracia pluralista, ese tejido que se supone que la constituye está atravesado por la acción y la influencia de los grandes poderes económicos y mediáticos, lo que se ha dado en llamar los "poderes fácticos", que tienen la capacidad de desviar a favor de sus intereses la voluntad de esa sociedad democrática.

La idea populista de la democracia tiene una vulnerabilidad específica y muy grave. Su dependencia de un líder, quien es precisamente el que encarna la unidad del pueblo. Tendría todo régimen basado en esta idea de las cosas que aprovechar sus años de predominio para construir unas bases sociales y organizativas con suficiente solidez como para resistir la prueba de fuego de la desaparición de su máximo dirigente. El caso histórico que parece haber superado esa exigencia es el del peronismo, con su fuerte base obrera y su extensa red partidista, así como con esa increíble flexibilidad o ambigüedad ideológica que le permitió cobijar en su seno las más opuestas tendencias ideológicas. La experiencia chavista no ha sido al parecer capaz de dotarse de una base clasista comparable. En cuanto a las redes organizativas, partidistas o comunales, del chavismo, está la gran interrogante de si podrían subsistir sin el soporte económico que les brindan los recursos del Estado y del Gobierno. Respecto a la flexibilidad interna, lo que se oye decir es que lo que cohabita en el chavismo son rígidas tendencias sin acomodo posible.

En el caso de la democracia pluralista, los sectores políticos que la representan y su abanderado, Henrique Capriles, están a salvo de esas vulnerabilidades, y aparecen al contrario remozados por el baño lustral de las primarias y el atinado manejo que se está haciendo de sus resultados. Por su propia naturaleza, la idea pluralista, dada su porosidad, posee una capacidad de absorción y atracción múltiple, y en ese sentido cuenta con una ventaja de fondo sobre la versión populista, inclinada a la rigidez y el monolitismo que le vienen de su dependencia de un máximo líder.

La presencia del líder, mientras se mantenga, diluye y pospone todas las debilidades y pruebas que acechan a la opción populista. De hecho, a raíz de los resultados de las primarias del doce de febrero, sería de esperarse que ambas concepciones adquirieran su máxima tensión y se aprestaran a una contienda estelar. Pero eso supone que el líder populista esté en condiciones de sobrellevar una campaña electoral, aunque fuese a la manera en que ha manejado sus apariciones públicas en estos últimos meses. Al momento mismo de escribir estas líneas, circulan fuertes rumores sobre la salud de Chávez, de los que es inevitable tomar nota, que hacen pensar que no es tan probable tal escenario donde la democracia populista contaría con su máximo adalid en la justa que se avecina.

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