Ogros degenerados
Escrito por Ramón Hernández   
Sábado, 18 de Febrero de 2012 10:57

altEntraron a aterrorizar. Disparaban las armas mientras aceleraban las motocicletas para que el ruido multiplicara los miedos. Una pandilla con permiso para aterrorizar y un poco más si lo exigieran las circunstancias. Malhechores con impunidad. Usan cascos de la Gobernación del estado Aragua y han sido adiestrados, y pagados, con tal fin. Son las unidades de acción rápida que como en Cuba impiden que las protestas, fuesen instigadas o espontáneas, incendien la pradera o la chamusquen en sus partes más blandas. Ay.

El temor a la revuelta, a la que tanto alababan en las canciones de protesta, el miedo a la insurrección popular, a la que tanto se referían en manifiestos, documentos, trabajos de investigación, congresos, asambleas populares, panfletos y demás, los mantiene a punta de valeriana y con la pistola al cinto.

El desbordamiento de la protesta popular, de la crítica de las masas, que desobedece a la dirección política, militar y económica porque se ha demostrado inepta e incapaz, pretenden contenerlo con la chatarra que adquirieron para una guerra de cuarta generación.

Apuntan sus fusiles, sus pistolas automáticas y también sus cañones contra el pueblo, contra quienes señalaban como los beneficiarios de sus presuntos y cacareados sacrificios. Cuando el pueblo se vuelve arisco y retrechero, cuando se torna incrédulo y comienza a sospechar de la buena fe de quienes se han apropiado de los hilos del poder, obviamente lo acusan de haber perdido su nobleza intrínseca, su condición revolucionaria, y de sufrir de una disociación psicótica existencial que lo convierte en peligroso enemigo, al cual hay que volver polvo cósmico.

Los precavidos saben que cuando proclaman a través del sistema de comunicación pública que "amor con amor se paga", lo contrario del amor recibirá la misma moneda, que no hay tonalidades ni la opción de pensar libremente. Puesto en palabras del boticario decrépito: "Todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución". Una consigna que implica la segregación más contumaz de la historia. Se condena a la desaparición física y virtual a todo aquel que no comulgue con las ideas gobernantes. Fascismo crudo. Es la continuación de la guerra a muerte decretada en 1814, pero ahora con camisas coloradas, armas rusas y un ejemplar sin leer de El capital. No se han enterado de que Marx era un fervoroso partidario de la desaparición del Estado, incluidos sus jefes y los subalternos. Presto frase del siglo XIX: "Más quiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila".

@ramonhernandezg

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