| Embadurnado hasta la médula |
| Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas |
| Domingo, 04 de Diciembre de 2011 09:03 |
El país está estremecido. El nombre de la revolución ha servido para revolver la institucionalidad del sistema político que le permitió
anidar sentimientos y expectativas democráticas durante buena parte de su historia contemporánea. El gobierno se ha valido del poder político para retorcer esfuerzos de construcción de valores y principios de libertad y soberanía. Por consiguiente, los resultados reflejan una administración pública pervertida por efecto de la pasmosa corrupción que ha venido ocurriendo bajo la mirada complaciente de los mayores niveles de autoridad judicial y legislativa que tan escabrosa situación ha permitido.Con el melodramático cuento de los serios daños generados por deslaves, derrumbes, lluvias e inundaciones, ha aprobado millonarios recursos sin que los mismos se correspondan con los menguados resultados que a todas luces muestra tan penosa situación. Los funcionarios que intervienen el proceso de elaboración y toma de altas decisiones, son siempre los mismos por lo que a decir de los resultados de la gestión acometida, la incompetencia los insume. La ineficiencia y la ineficacia priman toda situación que sirve de razón para que el poder de intromisión de tan conspicuos personajes, evidencie su grado de incapacidad y de precariedad en toda su expresión. El acoso de los organismos oficiales, como el caso de Consejo Nacional Electoral o de la Instituto Nacional de Estadística, o del Indepabis o el Inti, por mencionar algunos entre las decenas de organizaciones de las que se vale el gobierno para enredar y obstruir la institucionalidad democrática y libertades económicas, políticas y sociales, resulta inusitado. Aunque las medidas adoptadas sobre la repatriación del oro o de la movilización de las reservas internacionales, son demostrativas de la desesperación del alto gobierno por terminar de desmontar el ordenamiento jurídico que refiere la propia Constitución de la República. O dicho con palabras del vulgo: “de raspar la olla”. Por esto y muchas otras razones, el gobierno no informa sobre las decisiones tomadas. Pero ¿qué podría informar? De hacerlo pondría al descubierto sus entuertos lo cual reventaría sus propósitos de seguir arruinando al país en nombre de su nefasta revolución bolivariana. De ahí que el gobierno venezolano seguirá empeñado en obtener el más grueso usufructo por cuanto sus días comenzaron a contarse regresivamente. Es decir que en el fragor de sus ejecutorias, sólo da “patadas de ahogado” toda vez que sabe bien que las tiene perdida. No tiene de otra pues este gobierno sabe que está embadurnado hasta la médula. Incluso, más allá del abuso y la vulgaridad. |
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