La nueva mayoría
Escrito por Simón García   
Sábado, 08 de Agosto de 2009 06:42

altLa situación, analizada esquemáticamente, puede pintarse negro contra blanco. El dibujo, además de perder los variados colores que tiñen aquella, unas veces fugazmente y otras con más permanencia, también dejará de mostrar la gama de matices entre el blanco y el negro.
La desventaja de este esquema es que, al congelar las posiciones, genera trabas a los normales cambios de opinión. Pareciera que quienes aplican esta clase de juicio desean que la gente no pueda mantener racionalmente posiciones distintas frente a hechos diferentes. Reforzar este muro de incomunicación trae como consecuencia actitudes rígidas, inflexibles e inmodificables. Posturas que oxigenan el fanatismo.

Probablemente la dinámica actualmente más resaltante sea la ruptura del patrón polarizador. La gente está confrontando sus expectativas con el rumbo real que está tomando el país. Los desajustes entre esperanzas y realidades están abriendo paso a una conciencia más independiente de los dos polos a los cuales se quiere reducir la sociedad. Está emergiendo un tercer sector, entre el chavismo y la oposición, que no está alineado mecánicamente con ninguno de los dos.

Las encuestas han comenzado a detectarlo. También es visible en protestas en las que aparecen juntos quienes antes se descalificaban desde trincheras opuestas. Brota en la vida cotidiana donde se abre paso un barajo de las rivales ficticias. El fenómeno comienza a insinuar un efecto de bola de nieve.

Tanto el poder autoritario como la oposición tradicional han desacreditado a la franja de la población que no se ha montado en el tren de la división y el enfrentamiento excluyente. En vez de apreciarla como una corriente positiva, la acusan de conciliadora. Desestiman el puente que ofrecen hacia la reunificación y la reconstrucción del país. Se aplican conceptos de la vieja política.

Ser autónomos respecto al esquema de confrontación que el poder ha impuesto no significa ni ser indiferentes ni ser oportunistas. Más bien se trata de practicar una cultura política tan justificable como la que ejercen quienes defienden al gobierno autoritario o a la oposición convencional, pero muy orientada al aporte constructivo, a la convivencia y a la aspiración a ser distintos. A hacer la política de otro modo.

Aquí hay gente que sólo oye una radio, ve un solo canal de TV, dejó de tener amigos que tuvieran posiciones distintas a la de ellos y que a la vez proclaman que están contra el pensamiento único. La piedrita no está solamente dentro del zapato rojo, también hay que examinar nuestros propios pasos.

Hay una cosa cierta, el acelerador está deslizando porque hay un pueblo que lo está frenando. Un pueblo que va más allá de la oposición, aunque la contenga, y que reivindica la socialización del bienestar junto a la defensa de la libertad. Ya no se definen por estar a favor o en contra de Chávez, aunque lo respalden o lo rechacen, si no por los temas del país que unen a la nueva mayoría.

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