La guerra sucia
Escrito por Enrique Ochoa Antich   
Lunes, 14 de Noviembre de 2011 04:35

altChapoteando en el estercolero de su propia indigencia intelectual, el tiranuelo maquina. ¡Cómo de lacerantes serán sus temores! Una nueva oposición acosa sus baluartes. El tiranuelo ve a millones de demócratas libertarios acercándose a palacio. Se lleva las manos a su cabeza rapada. Gime un lamento de bestia herida. Y se enclaustra en sus aposentos.

Sabe ­porque se lo dicen las encuestas­ que la oposición democrática elegirá a su candidato en unas clamorosas elecciones primarias que ni sueña en organizar su patético y clientelar PSUV (¿el PUS, era llamado?). Zapatea decepcionado de los suyos sin percatarse de que de sus equivocaciones y carencias él solo, el autócrata todopoderoso, es el único y exclusivo culpable. Intuye que esa elección popular (¿2.500.000 como es esperable, 3.600.000 como dicen IVAD y Datanálisis?) ha de ser el punto de inflexión en el que una nueva mayoría obtendrá su carta de ciudadanía. Y un miedo pánico le muerde las enfermas vísceras.

Entonces, su zurda trémula tienta el aparato telefónico.

Convoca a sus consejeros. Una nueva batalla se anuncia en el horizonte. Los enemigos no son el imperio estadounidense ni la burguesía expoliadora. Los enemigos son estos jóvenes líderes, los premajunches que atormentan sus noches de pesadilla: Pérez, Capriles, López. Las armas no son los tanques ni los fusiles sino la calumnia.

A Luisa Estella, el más obsecuente de sus peones, la instruye para que ­de hinojos, claro­ diga una de esas babiecadas según las cuales alguien puede estar inhabilitado pero al mismo tiempo ejercer su derecho a postularse a un cargo público pero no a ganar las elecciones pero eso sí, el CNE ha de revisar sus credenciales a ver qué demonios ocurrirá en definitiva, pero...

En particular, Pérez le es motivo de honda angustia. En él ha encontrado un adversario formidable: joven, buen orador, vigoroso, popular, esclarecido respecto de las correctas estrategias para ganar las elecciones de octubre (la inclusión, por ejemplo). Lo sabe el tiranuelo.

Y sabe que Pérez (y a decir verdad Capriles y López también) es diez veces superior a aquel afantasmado que, trajeado de liqui-liqui verde, se convirtió de la noche a la mañana en un fenómeno popular. Y es que cada uno de los tres principales precandidatos de la oposición tiene más liderazgo, más organización atrás, más pueblo, más experiencia de gobierno que los que tenía el aventurero golpista de finales de siglo. ¡Qué no decir de su sumatoria! Entonces convoca a su despacho a uno de sus semejantes, al canalla que conduce ­o dice conducir­ el programa "La Hojilla" y cuyo sólo nombre mancillaría esta cuartilla. Y a Roberto Malaver, uno de esos seres que en las fiestas cuentan chistes y, ante la mirada perpleja de la audiencia, sólo ellos se ríen.

Ambos le dicen al caudillo: "Ordene usted, Comandante". Y, prestas sus lenguas, caen hasta sus botas lustrosas y corruptas. Y, como los tinterillos generosamente pagados por el poder que son, escriben y pregonan los infundios que los laboratorios de guerra sucia les presentan como guión.

Todo parece estar en orden. Pero esa noche, moscas y cucarachas se ciernen sobre los sueños del tirano.

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@EOchoaAntich

TC


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