“Rule, Britania! Britannia, rule the waves!”. 300 años hablando inglés (I
Escrito por Carlos Balladares C. | X: @Profeballa   
Jueves, 13 de Agosto de 2026 00:00

alt“Rule, Britannia! Britannia, rule the waves! Britons never, never, never will be slaves” (canción patriótica “Rule, Britannia!” escrita en 1740 por el poeta James Thomson y musicalizada por Thomas Arne).

“Rule, Britannia!” se puede considerar el segundo himno nacional del Reino Unido, y casualmente como el que nosotros los venezolanos también afirmamos que es nuestro segundo himno nacional, nació para una obra musical cambiando lo cambiable (el británico es para una mascarada, el “Alma llanera” es de una zarzuela). Su música transmite emoción, y describe perfectamente cómo Gran Bretaña hizo de una debilidad (su condición insular) un reto y una fortaleza, generando el medio para “gobernar las olas” (la Royal Navy) y de esta forma el mundo por casi 200 años. Paradójicamente una de sus colonias “heredaría” este poder y de esta forma el inglés se ha convertido en la lengua de todos (el cine que consume el 80% del planeta es hablado en inglés, por no hablar del resto de la industria del entretenimiento y la tecnología digital). Pero, ¿cuál es la relación con la Primera y Segunda Guerra Mundial? El Imperio Británico fue el modelo que Alemania quería imitar, en especial con el kaiser Wilhelm II (1890-1918) y luego cambiando lo cambiable con Adolf Hitler (1933-1945). El historiador Ian Kershaw afirma que Hitler veía a los británicos como “arios” y que su dominio sobre la India era la prueba de cómo una supuesta raza superior minoritaria dominaba a millones, y por ser “hermanos de raza” no los veía como enemigos tal como sí lo hizo el kaiser. En esta primera entrega analizaremos los primeros pasos del Imperio Británico, siguiendo con los antecedentes de la Segunda Guerra Mundial.

El historiador británico Paul Kennedy (1986) es una de las bases de nuestra investigación con su libro: Auge y caída de las grandes potencias, en la cual sostiene que el poder de Europa sobre el mundo estuvo íntimamente relacionada con su capacidad tecnológica armamentística naval y su creciente capacidad productiva, dichos factores le permitieron sostener ejércitos a gran escala en tiempos de paz y mantener y abastecer mayores ejércitos en tiempos de guerra. Y a su vez lo anterior dependía de la competencia comercial, financiera, tecnológica y por la búsqueda de recursos que mantenían los Estados-naciones del continente. Para lograr estas ventajas debieron primero superar guerras internas que unificaron a sus naciones en el proceso de construcción del Estado moderno. Los primeros que lo lograron fueron España y Portugal, creando y dominando las rutas comerciales globales e iniciando la creación de los imperios coloniales que buscaron emular los Estados que fueron naciendo como Inglaterra, Francia, Holanda, Dinamarca, Suecia, entre otros. Por esta razón es que el presente artículo se está escribiendo en castellano, porque la primera potencia del mundo fue España, y nosotros (Venezuela) fuimos parte de su imperio.

Después de España le siguió Francia como potencia del mundo en los siglos XVII y XVIII, hasta que se impuso Inglaterra estableciendo la llamada “Pax Britannica” durante todo el siglo XIX. ¿Qué hizo Inglaterra en estos primeros siglos del llamado “milagro europeo” (inicio del dominio del globo desde el siglo XV), para sentar las bases de su liderazgo y construcción del mayor imperio de la historia? Paul Kennedy afirma en otro de sus libros: The Rise and Fall of British Naval Mastery (1976), que la clave para comprender su ascenso como potencia es la unión entre su economía y la estrategia naval. Al terminar su guerra civil (“La guerra de las dos rosas”, 1455-67) comienza el período Tudor (1485-1603) que consolida su Estado moderno. El proceso centralizador en torno a la corona era obstaculizado por el parlamento hasta que se genera una guerra entre ambos (la Revolución inglesa: 1640-1688) de la cual resulta vencedor el segundo. De esta guerra surgirá el famoso “Bill of rights” (1689) que será protegido por un conjunto de instituciones que garantizarán la seguridad jurídica de las inversiones privadas. A este hecho hay que agregar el nacimiento en 1694 del Banco de Inglaterra que facilitó el crédito público para construir una flota.

Al buscar documentales y películas sobre esta primera etapa del Imperio Británico (siglos XVI al XVIII) observamos que la mayoría se centra en el siglo XIX, es decir en su mejor momento. Hay dos que nos han parecido bastante completas y centradas en debates historiográficos: Empire: How Britain Made the Modern World (basado en el libro homónimo del historiador Nial Ferguson, 2003, y en el cual nos apoyamos para esta serie junto a otros textos) y The British Empire in colour (2002). La BBC ha producido varias series documentales que son recomendables. Sobre la creación del Imperio en sus tres primeros siglos hay pocas películas salvo las dedicadas a norteamérica las cuales giran por lo general en torno al mito fundacional de los padres peregrinos (“pilgrims”), las brujas de Salem y especialmente las aproximadamente 15 adaptaciones de la novela La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne (1850). Aunque se sigue exaltando el mito, este ha tendido en el cine a valorar poco a poco a los aborígenes. Sobre la obra de Hawthorne está la de Roland Joffé (1995), y sobre el primer tema:The new world (Terrence Malick, 2005).

En estos dos primeros siglos, Inglaterra no tenía la capacidad para expandirse como España y Portugal (aunque dan los primeros pasos de exploración en norteamérica con el genovés Giovanni Caboto). Ante el viejo temor defensivo que generaba el ser una isla y por las amenazas de la España católica contra el naciente protestantismo de Enrique VIII, se crea en 1546 el “Navy Board” (junta que ejercía la administración civil, logística y financiera de la Royal Navy). Elizabeth I estableció la construcción y mantenimiento permanente de barcos con artillería pesada. Pero a pesar de ello nada podían contra la poderosa flota de la primera potencia del mundo: España. Las pocas colonias que pudieron establecer no tenían el potencial en metales preciosos que tenían las posesiones hispanas, de modo que optaron por la piratería contra los mercantes españoles. A los malandros del mar les ofrecían protección en sus puertos, comprarles lo que robaban y las llamadas “patentes de corso”. A finales del siglo XVII el patriota escocés Andrew Fletcher de Saltoun ante la incapacidad de Inglaterra para tener un imperio dijo: “El mar es el único imperio que puede pertenecernos por naturaleza”.

Durante los siglos XVII y XVIII no todo se redujo a la piratería, Inglaterra se dedicó a una lenta expansión imperial estableciendo colonias de poblamiento en norteamérica (las famosas 13 colonias e incluso los inicios de Canadá), plantaciones de azúcar en el Caribe (Barbados, Jamaica que se la arrebató a España, Belice, etc), algunas factorías comerciales en la India y de esclavos en Gambia y Sierra Leona. El parlamento británico en 1651 estableció por ley el monopolio del transporte de mercancías con sus colonias. Esta acción creó una gran flota mercante que servía de apoyo logístico a la Royal Navy la cual no había dejado de crecer y perfeccionarse tecnológicamente (siendo su nacimiento oficial en 1660). Al mismo tiempo en las islas británicas se iniciaba una revolución agrícola con la privatización y cercado de la tierra que entre otros aspectos incrementó la productividad, también hubo mejoras en la manufactura ¡siempre me ha impresionado el hecho que España y Francia aunque tuvieron como enemigo a Inglaterra en diferentes momentos de estos siglos, le compraban herramientas y telas! Por no hablar que en el imperio español de América el contrabando con Gran Bretaña no podía ser controlado.

La Royal Navy tenía el respaldo de una economía, una sociedad y un Estado que le permitieron acceder a los recursos materiales, tributarios, financieros y tecnológicos que facilitaron su expansión y perfeccionamiento militar. A diferencia de España y Francia que se desangraron al financiar grandes ejércitos terrestres, Inglaterra asumió la estrategia de concentrarse militarmente en su flota. Su condición insular que era una desventaja en este caso se convirtió en una oportunidad que fue aprovechada sabiamente. Poco a poco hacía realidad la famosa frase de su segundo himno, hecho que se consolidará entre el período de la Guerra de los siete años (1756-1763) y las guerras napoleónicas (1799-1815) al cual dedicaremos nuestra próxima entrega

Nota de actualidad: sobre las noticias en torno a la Segunda Guerra Mundial, queremos recordar el fallecimiento de la última mujer (Jeanne Gibson, que era ya centenaria) en la cual se basó el famoso ícono de propaganda de guerra de Estados Unidos: “Rosie, la remachadora”. El mismo tenía el eslogan: “We can do it!”, el cual tuvo el fin de animar el trabajo de las mujeres en la industria armamentística. Dicha imagen nació el mismo año que se fundó “El Nacional”: 1943, y sin duda su lema nos recuerda que podemos cambiar la historia.

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