| 4 bodas y un terremoto |
| Escrito por Aníbal Palacios B. |
| Viernes, 24 de Julio de 2026 00:56 |
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y una campaña publicitaria a través de Radio Industrial en la peculiar voz de Luis Reyes, fueron el marco para que la tienda Las Cuatro Esquinas anunciara un remate de mercancías que comenzaría casualmente el sábado 29 de julio, que resultó premonitorio porque justamente ese día ¡se derrumbaron las cuatro esquinas! Joseito Espinoza, dueño de la tienda Las Cuatro Esquinas, imprimió un millar de volantes en el que resaltaba la atractiva frase Atención –Se derrumban las cuatro esquinas- Atención. La promoción comenzó precisamente el sábado 29 de julio. En enero de 1967 la revista Élite publicó un artículo del periodista Luis Duque titulado “¿Un terremoto destruirá a Caracas?”, basado en las profecías de Marina Marotti. Caracas celebraba su cuatricentenario y quienes creían en cábalas anunciaban que la naturaleza preparaba para ese día, 25 de julio, una desagradable sorpresa; pero nada ocurrió... A las 8 de la noche del 29 de julio en la tienda Las 4 esquinas aún quedaban varios clientes que aprovechaban el primer día de ofertas. Mientras Joseito Espinoza se encargaba de la Caja, sus empleados, Héctor Ruiz y Josefina González, atendían a los compradores cuando repentinamente un terremoto sacudió toda la costa venezolana y causó estragos en Caracas y La Guaira, mientras que en Guatire las viejas construcciones de las calles Bolívar y Miranda fueron las más afectadas. Al grito de “salgan que está temblando” Joseito alertó a clientes y empleados, quienes emprendieron la huida sin percatarse plenamente de lo que ocurría. La tienda tenía tres amplios portones; dos hacia la calle Miranda y el otro por la Bermúdez, por allí salieron todos despavoridos. Los clientes, al estar más cerca de las puertas ganaron la calles sin percance. Hugo Ruiz tuvo lesiones leves, Joseito saltó sobre el mostrador y en segundos estaba en medio de la calle, pero Josefina González no tuvo la misma suerte. Intentó salir por la puerta que daba a la calle Bermúdez justo cuando se desprendió una cornisa sobre su cuerpo que le ocasionó fractura de cráneo, pelvis, tres vértebras y otras lesiones menores. La llevaron al Centro de Salud Dr. Eugenio P. D’Bellard (Hospitalito), desde donde la trasladaron al Pérez de León y de allí a la Clínica Ávila. Realmente fue un milagro que Josefina sobreviviera, y luego de tres meses de convalecencia regresó al trabajo. Cincuenta años después, recuerda con exactitud todo lo ocurrido hasta el momento en que en medio de la calle, impotente y con un montón de escombros sobre su cuerpo vio un carro que casi la atropella; perdió el conocimiento y cuando despertó estaba en un hospital. También a las 8 de la noche, Aurora Llaca, copropietaria de Bordados Aurora, salía de su casa, sede también de su tienda ubicada en la calle 9 de diciembre. Iba a realizar compras para la cena familiar y al salir se encontró con una dama, cliente por lo demás, quien se dirigía a la parada de autobuses, rumbo a Guarenas. Ya en la calle Bermúdez, a unos 30 metros de las 4 Esquinas, Enriqueta Villani detuvo a Aurora para pagarle una mercancía que horas antes había adquirido en la tienda, pero la dama acompañante le dice “yo sigo, estoy apurada” y continuó su marcha. Justo al llegar a la esquina se produjo el terremoto y el desprendimiento de una cornisa la mató. Pasado el susto Enriqueta y Aurora corrieron a socorrer a la dama, pero nada pudieron hacer. ¿Casualidad? ¿Destino? La repentina aparición de Enriqueta salvó una vida y pudo salvar dos, de no ser por la prisa de la desconocida mujer en tomar un autobús.
Noche de bodas Esa noche había tres bodas programadas en Guatire, y la feligresía llenaba el templo. Novios, familiares, curiosos, chismosos; los habituales de siempre que tenían por costumbre presenciar cuanto matrimonio se realizara en la parroquia. También solían estar presentes las damas de la Alta Costura de Guatire; la Negra (Ligia) Matamoros, Leonidas Hernández y Mercedes Armas, eran las más solicitadas para el diseño y confección de trajes para vestir novias, quinceañeras y damas de honor. María Josefina Gutiérrez y Luis Felipe Ruiz, Rosaura Silva y Rafael Eduardo Fuco Acevedo, Sonia Yolanda Utrera y Juan de Jesús El Negro D’León, se disponían a contraer nupcias en la iglesia Santa Cruz de Pacairigua; mientras que en Araira lo harían Alejandrina Toro y Jesús Álvarez. En el templo guatireño se pautó el comienzo de la ceremonia a las 7 de la noche, por la cantidad de contrayentes; mientras que en la iglesia Nuestra Señora del Carmen los invitados fueron convocados para las 8 pm. En Guatire se cumplió el programa sin novedad. Pocos minutos antes de las ocho ya todo el ritual matrimonial había concluido y los contrayentes se habían marchado a las celebraciones correspondientes. A las 8:05 de la noche permanecían en la iglesia el padre Mariano Marianchic y los monaguillos, por lo que al producirse el terremoto pudieron salir sin dificultad. El nuevo templo, erigido cuatro años antes, ofrecía seguridad física y, por supuesto, también espiritual, pero (por si acaso) era mejor estar en la calle. Para ese momento las tres parejas de recién casados ya celebraban entre familiares, amigos y alguno que otro coleado, que nunca falta.
María Josefina Gutiérrez y Luis Felipe Ruiz La novia tenía 18 años y acababa de graduarse de maestra en el Colegio Santa María Goretti. El novio era Supervisor en Hilana, una empresa textil de Guarenas. La recepción fue en casa de la familia de la novia, en la calle Páez. Fueron los primeros contrayentes de la noche, por lo que la ceremonia del vals, el brindis y las fotografías de rigor ya habían concluido. Mientras que María Josefina atendía a los invitados Luis Felipe bailaba con su hermana Angélica. “Nos fuimos de un lado para otro y comenzó a caernos tierra del techo”, cuenta Luis Felipe. “Solté a mi hermana, busqué a María Josefina y corrimos a la calle”, continuó. Cuestión de prioridades, vea usted. Los invitados salieron a la calle ya atestada de asustados vecinos; pocos tenían la claridad mental suficiente para saber qué hacer, pero en medio del barullo, hubo una persona que si mantuvo la calma, la estoicidad y la imperturbable serenidad de quien nada teme. Ysaura Posteraro Gutiérrez, sobrina de la novia, fue la única persona que se quedó en casa y, créanlo o no, sin miedo alguno; a lo sumo quizá desconcertada. Pasado algunos minutos, afuera alguien gritó ¿y la niña?... y como si de una escena de Mi pobre Angelito se tratara, la madre, el abuelo y los tíos corrieron a buscar a Ysaura que, con apenas 10 meses de nacida, sonreía ante la avalancha de caricias, besos y abrazos que nunca antes había recibido tan profusamente. Años después, ya adolescente, cada vez que discutía con su madre disfrutaba sacarle en cara el abandono.. La lluvia obligó a todos a refugiarse en la casa que por lo demás era una regadera por la gotereas del fracturado techo. Domingo Gutiérrez, padre de la novia, decidió que la fiesta continuaría en la cercana hacienda El Ingenio, en una casa que tenía asignada por su rol de administrador de la Vaquera de Chuchú García. La mayoría de los invitados se fueron a sus respectivos hogares; sólo los familiares de la pareja aceptaron la invitación y se fueron con bebida, comida y música a otra parte.
Rosaura Silva y Rafael Eduardo Fuco Acevedo Fue la segunda boda de la noche. La pareja de 22 años celebraba en el barrio 23 de enero, en una casa ubicada justo enfrente del colegio Dr. Ramón Alfonzo Blanco. Estaban todos en el patio de la casa dispuestos a brindar por la felicidad de la pareja, cuando sintieron una especie de ola que provocó que un tanque de agua se volcara sobre las mesas. No se habían repuesto del asombro cuando un fuerte ruido y un temblor violento asustó a los invitados, quienes entre gritos y llantos salieron a la calle, aunque la lluvia les obligó a regresar a la casa, cuya estructura de bloque resistió la sacudida.
Alguien de la familia se acordó de las botellas de whisky abiertas que habían caído al suelo y corrió a recogerlas para no perderlo todo. Al escampar, se unieron a la poblada en la calle. Césareo Calveiro y su esposa Maruja, dueños de un abasto cercano sacaron dos cajas de velas que obsequiaron a los vecinos puesto que no había suministro eléctrico. Poco a poco la gente se retiró a sus casas para evaluar daños, mientras los recién casados, una vez restituida la electricidad, optaron por continuar la rumba con los pocos valientes que decidieron desafiar sus propios temores.
Yolanda Utrera y Juan de Jesús El Negro D’León Fue la última boda de la noche; la pareja y sus invitados se dirigieron a la calle El Rosario; Santiago Mendoza les había prestado su vivienda para la recepción. Comenzaron a bailar el Danubio azul cuando de repente la aguja del tocadiscos de deslizó por toda la superficie del disco en señal de que algo andaba mal. Un invitado gritó “¡Un terremoto!” y todos corrieron a la calle. Los invitados se fueron a sus hogares y los familiares regresaron a la casa cuya estructura no sufrió daños; vasos, platos, botellas, todo cayó al piso, excepto la torta que en el centro de la mesa solo se inclinó, como una torre de Pisa.
Alejandrina Toro y Jesús Álvarez Camila León, esposa de Joseito Espinoza, era la madrina y a las 8 de la noche debía estar en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en Araira, pero a esa hora apenas salía de Guatire. Fue un hecho providencial, su puntualidad tal vez habría producido una tragedia porque el templo estaría lleno de feligreses que podían reaccionar con pánico. Por su parte, Alejandrina había decidido no ir a la iglesia hasta que llegara la madrina. Ya lucía su ajuar completo: vestido, zapatos, tocado, ropa interior, accesorios, algo nuevo, algo viejo, algo prestado, algo azul; sólo faltaba el bouquet de novia porque lo traería Camila. En la habitación le dio un último toque al maquillaje cuando de repente sintió una fuerte sacudida, un ensordecedor ruido y un fuerte movimiento de tierra que obligó a la novia, pajes y damas de honor a correr a la calle. Casi de inmediato se presentó el párroco, Juan Assenmacher, y le preguntó a la novia ¿Te quieres casar aquí?, pero Alejandrina había decidido casarse en la iglesia y nada ni nadie podía impedírselo. Por lo demás, la estructura del templo no sufrió daños severos. A las 8:10 llegó Camila y el séquito se dirigió a la iglesia. Como no había electricidad los carros enfocaron sus faros hacia la nave del recinto y el párroco pudo finalmente bendecir el matrimonio de Alejandrina y Jesús. Con el festejo no hubo problemas, una vez restituido el servicio eléctrico no había razones para suspenderlo; no hubo víctimas en Araira. En Guatire, terminada la ceremonia, no fueron pocos quienes se quedaron en el altozano de la iglesia y los alrededores de la plaza 24 de julio para comentar el evento; era sábado y no había prisa en retornar a casa. Solo que la naturaleza alteró los planes; pasado el susto quedó la angustia por conocer qué había ocurrido en sus viviendas. Así, apuraron el paso por las oscuras calles para llegar a sus hogares. |*|: Lee también: El terremoto olvidado de 1900: Cuando Guarenas y Guatire temblaron con fuerza, por Dr. José Alberto Olivar |
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